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sábado, 27 de junio de 2020

POST-COVID 19: ¿qué virtudes asumir? (IV), por Leonardo Boff

Este modo de vida sostenible se traduce en prácticas virtuosas que hacen real el modo sostenible de vivir. Son muchas las virtudes para otro mundo posible. Seré breve, ya que publiqué tres volúmenes con este mismo título "Virtudes para otro mundo posible" (Sal Terrae 2005-2006). Enumero 10 sin detallar su contenido, lo que nos llevaría lejos.

La primera es el cuidado esencial. Lo llamo esencial porque, según una tradición filosófica que proviene de los romanos, cruzó los siglos y adquirió su mejor forma con varios autores, especialmente en el núcleo central de Ser y Tiempo de Heidegger. En él se considera el cuidado como la esencia del ser humano. Es la condición previa para el conjunto de factores que permiten el surgimiento de la Vida. Sin cuidado, la Vida nunca irrumpiría ni podría sobrevivir. Algunos cosmólogos como Brian Swimme y Stephan Hawking vieron el cuidado como la dinámica misma del universo. Si las cuatro energías fundamentales no tuvieran el cuidado sutil de actuar sinérgicamente, no tendríamos el mundo que tenemos. Todo ser vivo depende del cuidado. Si no hubiésemos tenido el cuidado infinito de nuestras madres, no sabríamos cómo salir de la cuna y buscar nuestro alimento, ya que somos seres biológicamente carentes, sin ningún órgano especializado, necesitamos el cuidado de otros. Todo lo que amamos también lo cuidamos, y todo lo que cuidamos, lo amamos. Con respecto a la naturaleza significa una relación amistosa, no agresiva y respetuosa de sus límites.

La segunda virtud es el sentimiento de pertenencia a la Naturaleza, a la Tierra y al Universo. Somos parte de un gran Todo que nos desborda por todos los lados. Somos la parte consciente e inteligente de la naturaleza. Somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama y venera. Este sentimiento de pertenencia nos llena de respeto, de asombro maravillado y de acogida.

La tercera virtud es la solidaridad y la cooperación. Somos seres sociales que no sólo viven, sino que conviven con otros. Sabemos por la bioantropología que fue la solidaridad y la cooperación de nuestros antepasados antropoides la que, al buscar alimentos y traerlos para el consumo colectivo, les permitió dejar atrás la animalidad e inaugurar el mundo humano. Hoy, en el caso del coronavirus, lo que nos está salvando es la solidaridad y la cooperación de todos con todos. Esta solidaridad debe comenzar por los últimos e invisibles, sin los cuales deja de ser inclusiva de todos.

La cuarta virtud es la responsabilidad colectiva. Ya hemos expuesto su significado más arriba. Es el momento de la conciencia en el que cada uno y toda la sociedad se dan cuenta de los efectos buenos o malos de sus decisiones y actos. Sería absolutamente irresponsable la deforestación descontrolada de la Amazonia porque desequilibraría el régimen de lluvias de vastas regiones y eliminaría la biodiversidad indispensable para el futuro de la vida. No necesitamos referirnos a una guerra nuclear cuya letalidad eliminaría toda la vida, especialmente la humana.

La quinta virtud es la hospitalidad como deber y como derecho. El primero en presentar la hospitalidad como un deber y un derecho fue Immanuel Kant en su famoso texto "En vista de la paz perpetua" (1795). Entendía que la Tierra es de todos, porque Dios no entregó propiedad de ninguna parte de ella a nadie. Pertenece a todos sus habitantes, que pueden caminar por todas partes. Cuando se encuentra a alguien, es el deber de todos ofrecer hospitalidad, como signo de pertenencia común a la Tierra, y todos tenemos derecho a ser acogidos, sin distinción alguna. Para Kant, la hospitalidad junto con el respeto de los derechos humanos constituirían los pilares de una república mundial (Weltrepublik). Este tema es de mucha actualidad, dado el número de refugiados y las muchas discriminaciones de diferentes clases. Tal vez sea una de las virtudes más urgentes en el proceso de planetización, aunque una de las menos vividas.

La sexta virtud es la convivencia de todos con todos. La convivencia es un hecho primario porque todos venimos de la convivencia que tuvieron nuestros padres. Somos seres de relación, que es lo mismo que decir que no vivimos, simplemente, sino que convivimos a lo largo del tiempo. Participamos de la vida de los demás, de sus alegrías y angustias. Sin embargo es difícil para muchos convivir con aquellos que son diferentes, ya sea de etnia, de religión, de partido político. Lo importante es estar abiertos al intercambio. Lo diferente siempre nos trae algo nuevo que nos enriquece o nos desafía. Lo que nunca podemos hacer es convertir la diferencia en desigualdad. Podemos ser humanos de muchas maneras diferentes, a la manera brasileña, italiana, japonesa, yanomami. Cada manera es humana y tiene su dignidad. Hoy, a través de los medios de comunicación cibernéticos, abrimos ventanas a todos los pueblos y culturas. Saber convivir con estas diferencias abre nuevos horizontes y entramos en una especie de comunión con todos. Esta convivencia implica también a la naturaleza, convivir con los paisajes, con los bosques, con los pájaros y los animales. No sólo para mirar el cielo estrellado, sino para entrar en comunión con las estrellas, porque de ellas venimos, y formamos un gran Todo. En definitiva, formamos una comunidad de destino común con toda la creación.

La séptima virtud es el respeto incondicional. Cada ser, por pequeño que sea, tiene valor en sí mismo, independientemente del uso humano. Albert Schweitzer, gran médico suizo que fue a Gabón, África, para atender a los hansenianos, desarrolló el tema en profundidad. Para él el respeto es la base más importante de la ética, porque incluye la acogida, la solidaridad y el amor. Debemos empezar por el respeto a nosotros mismos, manteniendo actitudes dignas y formas que despierten el respeto de los demás. Es importante respetar a todos los seres de la creación, porque ellos valen por sí mismos; existen o viven y merecen existir o vivir. Es especialmente valioso el respeto ante toda persona humana, pues es portadora de dignidad, de sacralidad y de derechos inalienables, sin importar de dónde provenga. Debemos un respeto supremo a lo sagrado y a Dios, el misterio íntimo de todas las cosas. Sólo ante Él podemos arrodillarnos y venerar, pues sólo ante Ella cabe esta actitud.

La octava virtud es la justicia social y la igualdad fundamental de todos. Justicia es más que dar a cada uno lo que es suyo: entre los humanos, la justicia es el amor y el mínimo respeto que debemos dedicar a los demás. La justicia social es garantizar lo mínimo a todas las personas, no crear privilegios, y respetar sus derechos en pie de igualdad, porque todos somos humanos y merecemos ser tratados humanamente. La desigualdad social significa injusticia social y, teológicamente, es una ofensa al Creador y a sus hijos e hijas. Tal vez la mayor perversidad que existe hoy en día sea la que deja a millones de personas en la miseria, condenadas a morir antes de tiempo. En este tiempo de coronavirus, se ha demostrado la violencia de la desigualdad social y la injusticia. Mientras algunos pueden vivir en cuarentena en casas o apartamentos adecuados, la gran mayoría de los pobres están expuestos a la contaminación y a menudo a la muerte.

La novena virtud es la búsqueda incansable de la paz. La paz es uno de los bienes más ansiados, porque, por el tipo de sociedad que construimos, vivimos en permanente competencia, con llamadas al consumo y a la exaltación de la productividad. La paz no existe en sí misma; es la consecuencia de valores que deben ser vividos previamente, los que dan como resultado esa paz. Una de las formas más acertadas de comprender la paz nos viene de la Carta de la Tierra, donde se dice: «La paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas con uno mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Gran Todo del cual somos parte» (nº 16f). Como se puede ver, la paz es la consecuencia de relaciones adecuadas y el fruto de la justicia social. Sin estas relaciones y esta justicia sólo conoceremos una tregua, nunca una paz permanente.

La décima virtud es el cultivo del sentido espiritual de la vida. El ser humano tiene una exterioridad corporal mediante la cual nos relacionamos con el mundo y con las personas y tenemos también una interioridad psíquica donde se anidan, en la estructura del deseo, nuestras pasiones, los grandes sueños, y nuestros ángeles y demonios. Debemos controlar estos últimos y cultivar amorosamente los primeros. Sólo así podremos disfrutar del equilibrio necesario para la vida.

Pero también poseemos una profundidad, esa dimensión en la que residen los grandes interrogantes de la vida: ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué podemos esperar después de esta vida terrenal? ¿Cuál es la Energía Suprema que sostiene el firmamento y mantiene nuestra Casa Común alrededor del Sol y la mantiene siempre viva para permitirnos vivir? Es la dimensión espiritual del ser humano, hecha de valores intangibles como el amor incondicional, la confianza en la vida, el coraje para enfrentar las inevitables dificultades. Nos damos cuenta de que el mundo está lleno de sentidos, que las cosas son más que cosas, son mensajes, y tienen otro lado invisible. Intuimos que hay una Presencia misteriosa que impregna todas las cosas. Las tradiciones religiosas y espirituales han llamado a esta Presencia con mil nombres, sin poder sin embargo descifrarla totalmente. Es el misterio del mundo que se remite al Misterio Abisal que hace que sea todo lo que es. Cultivar este espacio nos humaniza, nos hace más humildes y nos arraiga en una realidad trascendente, adecuada a nuestro deseo infinito.


Conclusión: ser simplemente humanos

La conclusión que sacamos de estas largas reflexiones sobre el coronavirus 19 es: debemos ser simplemente humanos, vulnerables, humildes, conectados entre sí, parte de la naturaleza y la porción consciente y espiritual de la Tierra con la misión de cuidar la herencia sagrada que hemos recibido, la Madre Tierra, para nosotros y para las generaciones futuras.

Son inspiradoras las últimas frases de la Carta de la Tierra: «Que nuestro tiempo sea recordado por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por el firme compromiso de alcanzar la sostenibilidad e intensificar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».




sábado, 20 de junio de 2020

POST-COVID19:¿un modo sostenible de vida bajo el reino del cuidado? (III), por Leonardo Boff

Completemos el comentario del sugerente texto de la Carta de la Tierra que afirma que tenemos que buscar un nuevo comienzo para forjar un modo sostenible de vivir en el planeta Tierra.

Para eso “se requiere un nuevo sentido de interdependencia global”. La relación de todos con todos, y por lo tanto la interdependencia global, representa una constante cosmológica. Todo en el universo es relación. Nada ni nadie está fuera de la relación. Es también un axioma de la física cuántica según el cual todos los seres están inter-retro-relacionados. Nosotros mismos, los seres humanos, somos un «rizoma», un bulbo de raíces, de relaciones dirigidas en todas las direcciones. Esto implica entender que todos los problemas ecológicos, económicos, políticos y espirituales tienen que ver unos con otros. Sólo salvaremos la Vida si nos alineamos con esta lógica universal que es la lógica del Universo y de la Naturaleza. Continúa el texto de la Carta de la Tierra: se requiere una responsabilidad universal. Responsabilidad significa darse cuenta de las consecuencias de nuestras acciones, si son beneficiosas o perjudiciales para todos los seres. Hans Jonas escribió un libro clásico sobre el Principio de Responsabilidad, que incluye el principio de prevención y el de precaución. Mediante la prevención podemos calcular los efectos cuando intervenimos en la naturaleza. El principio de precaución nos dice que si no podemos medir las consecuencias, no debemos correr riesgos con ciertas acciones e intervenciones porque pueden producir efectos altamente perjudiciales para la Vida.

Esta falta de responsabilidad colectiva la constatamos en la presente pandemia, que exige un aislamiento social estricto, para evitar la contaminación, y la gran mayoría no lo asume. Debe ser para todos.

La Carta de la Tierra dice además: desarrollar y aplicar con invención la visión (de un modo de vida sostenible). Nada grande en este mundo se hace sin la invención del imaginario que proyecta nuevos mundos y nuevas formas de ser. Éste es el lugar de las utopías viables. Toda utopía amplía el horizonte y nos hace inventivos. La utopía nos lleva de horizonte en horizonte, haciéndonos siempre caminar, en la feliz expresión de Eduardo Galeano.

Para superar la forma habitual de habitar la Casa Común, una relación utlitaria, tenemos que soñar con el planeta como la Gran Madre, la “Tierra de la Buena Esperanza” (Ignace Sachs Dowbor). Esta utopía puede ser realizada por la humanidad cuando despierte para la urgencia de otro mundo necesario.


Un modo de vida sostenible

La Carta de la Tierra afirma también: una visión de un modo de vida sostenible. Estamos acostumbrados a la expresión “desarrollo sostenible”, que está en todos los documentos oficiales y en la boca de la ecología dominante. Todos los análisis serios han demostrado que nuestra forma de producir, distribuir y consumir es insostenible. Es necesario decir que no puede mantenerse el equilibrio entre lo que tomamos de la naturaleza y lo que le dejamos para que se reproduzca y co-evolucione siempre. Nuestra voracidad ha hecho insostenible el planeta, porque si los países ricos quisieran universalizar su bienestar a toda la humanidad, necesitaríamos al menos tres Tierras como ésta, lo cual es absolutamente imposible. El desarrollo actual que significa crecimiento económico medido por el Producto Interior Bruto (PIB) revela desigualdades asombrosas hasta el punto de que la ONG Oxfam, en su informe de 2019, revela que el 1% de la humanidad posee la mitad de la riqueza mundial y que el 20% controla el 95% de esta riqueza, mientras que el 80% restante tiene que conformarse con sólo el 5% de la riqueza. Estos datos revelan la completa insostenibilidad del mundo en el que vivimos.

La Carta de la Tierra no se rige por el lucro sino por la vida. De ahí que el gran reto sea crear un modo de vida sostenible en todos los ámbitos, personal, familiar, social, nacional e internacional.


La importancia del biorregionalismo

Por último, este modo de vida sostenible debe realizarse a nivel local, nacional, regional y mundial. Por supuesto, se trata de un proyecto mundial que ha de realizarse procesulamente. Hoy en día, el punto más avanzado de esta búsqueda tiene lugar a nivel local y regional. Se habla entonces de «biorregionalismo», como la forma verdaderamente viable de concretar la sostenibilidad. Tomando como referencia la región, no según las divisiones arbitrarias que aún persisten, sino las que la propia naturaleza ha hecho con los ríos, montañas, selvas, bosques y otras, que configuran lo que es un ecosistema regional. En este marco se puede lograr una auténtica sostenibilidad, incluyendo los bienes naturales, la cultura y las tradiciones locales, las personalidades que han marcado esa historia, favoreciendo a las pequeñas empresas y a la agricultura orgánica, con la mayor participación posible, en un espíritu democrático. De esta manera se proporcionará un “buen vivir y convivir” (el ideal ecológico andino) suficiente, decente y sostenible con la disminución de las desigualdades.

Esta visión formulada por la Carta de la Tierra es grandiosa y factible. Lo que más necesitamos es buena voluntad, la única virtud que para Kant no tiene defectos ni limitaciones, porque si los tuviera, ya no sería buena. Esta buena voluntad impulsaría a las comunidades y, en el límite, a toda la Humanidad, a lograr realmente “un nuevo comienzo”.






sábado, 30 de mayo de 2020

POST-COVID 19: ¿ qué cosmología y qué ética incorporar?, por Leonardo Boff


El ataque sistémico que la naturaleza está realizando contra la humanidad con un virus diminuto e invisible está causando una grave preocupación y llevando a muchos miles de personas a la muerte. Sin embargo, nuestra reacción a la pandemia es también fundamental. ¿Qué lección nos enseña? ¿Qué visión de mundo y qué tipo de valores nos lleva a desarrollar? Seguramente deberemos aprender todo lo que deberíamos haber aprendido y no aprendimos. Deberíamos haber aprendido que somos parte de la naturaleza y no sus “señores y dueños” (Descartes). Hay una conexión umbilical entre el ser humano y la naturaleza. Venimos del mismo polvo cósmico como todos los demás seres y somos el eslabón consciente de la cadena de la vida.

Erosión de la imagen del “pequeño dios en la tierra”

El mito moderno de que somos “el pequeño dios” en la Tierra y que podemos disponer de ella a nuestro antojo porque es inerte y sin propósito, ha sido destruido. Uno de los padres del método científico moderno, Francis Bacon, dijo que deberíamos tratar a la naturaleza como los esbirros de la inquisición trataban a sus víctimas, torturándolas hasta que entreguen todos sus secretos.

A través de la tecnociencia hemos llevado este método al extremo, llegando al corazón de la materia y la vida. Esto se ha llevado a cabo con un furor sin precedentes hasta el punto de haber destruido la sostenibilidad de la naturaleza y por lo tanto del planeta y de la vida. De esta manera hemos roto el pacto natural que tenemos con la Tierra viva: ella nos da todo lo que necesitamos para vivir y en contrapartida debemos cuidarla, preservar sus bienes y servicios y darle descanso para restaurar todo lo que tomamos de ella para nuestra vida y progreso. No hemos hecho nada de eso.

Por no haber observado el precepto bíblico de “proteger y cuidar el Jardín del Edén (de la Tierra: Gn 2,15)” y por amenazar las bases ecológicas que sostienen toda la vida, ella nos ha contraatacado con un arma poderosa, el coronavirus, que causa la Covid-19. Para enfrentarlo, hemos vuelto al método de la Edad Media, que superó sus pandemias a través del estricto aislamiento social. Para que el pueblo, asustado, saliera a la calle, en el ayuntamiento de Múnich (Marienplatz) se construyó un ingenioso reloj con bailarines y cucos para que todos acudieran a apreciarlo, lo que se viene haciendo hasta hoy.

La pandemia, que más que una crisis es la exigencia de un cambio en la visión del mundo y de la incorporación de nuevos valores, nos plantea esta pregunta: ¿realmente queremos evitar que la naturaleza nos envíe virus aún más letales, que puedan diezmar incluso la especie humana? Ésta sería una de las diez que desaparecen definitivamente cada día. ¿Queremos correr ese riesgo?


Inconsciencia generalizada del factor ecológico

Ya en 1962, la bióloga y escritora estadounidense Rachel Carson, autora de Primavera Silenciosa, advirtió: “Es poco probable que las generaciones futuras toleren nuestra falta de preocupación prudente por la integridad del mundo natural que sustenta toda la vida... La pregunta es si alguna civilización puede continuar una guerra sin tregua contra la vida sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a ser llamada civilización”.

Parece que fue una profecía de la situación que estamos viviendo a nivel planetario. Tenemos la impresión de que la mayoría de la humanidad e incluso los líderes políticos no demuestran una conciencia suficiente de los peligros que enfrentamos con el calentamiento global, con la excesiva proximidad de nuestras ciudades y especialmente del agronegocio masivo a la naturaleza virgen y a los bosques que están deforestando. De esta manera destruimos los hábitats de millones de virus y bacterias que terminan siendo transferidos a los seres humanos. Según científicos serios, el coronavirus no habría venido a través de un murciélago del mercado de China, sino simplemente de la natureza.

El coronavirus nos obligará a reinventarnos como humanidad y a remodelar de forma sostenible e inclusiva la única Casa Común que tenemos. Si prevaleciera lo que dominaba antes, exacerbado hasta el extremo, entonces podemos prepararnos para lo peor. Sin embargo, cabe recordar que el sistema-vida ha pasado por varias extinciones importantes (estamos dentro de la sexta) pero siempre ha sobrevivido.

La vida parecería –me permito una metáfora singular–, una “plaga” que nadie hasta hoy ha logrado exterminar. Porque es una “plaga” bendita, ligada al misterio de la cosmogénesis y a aquella Energía de Fondo, misteriosa y amorosa que preside todos los procesos cósmicos y también los nuestros.

Es imperativo que abandonemos el viejo paradigma de la voluntad de poder y dominación sobre todo (el puño cerrado), hacia un paradigma de cuidado de todo lo que existe y vive (la mano extendida), y de la corresponsabilidad colectiva.

En el último párrafo de su libro La era de los extremos (1995) escribió Eric Hobsbawn: Una cosa está clara. Si la humanidad quiere tener un futuro reconocible, no puede ser prolongando el pasado o el presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, fracasaremos. El precio del fracaso, es decir, la alternativa al cambio de la sociedad es la oscuridad (p. 506).

Esto significa que no podemos simplemente volver a la situación anterior al coronavirus, ni siquiera podemos pensar en un regreso al pasado pre-iluminista, como quiere el actual gobierno brasileño y otros de extrema derecha.





miércoles, 11 de diciembre de 2019

DESPUÉS DE LAS NACIONES, CONSTRUIR LA TIERRA, Por Leonardo Boff



Un anuncio-propaganda de un canal de televisión muestra a un grupo interétnico cantando: “Mi patria es la Tierra”. Aquí se revela un estado de conciencia que deja atrás la idea convencional de patria y de nación. En efecto, vivimos todavía bajo el signo de las naciones, cada cual autoafirmándose, cerrando o abriendo sus fronteras y luchando por su identidad. Esa fase, todavía vigente, pertenece a otra época de la historia y de la conciencia. La globalización no es sólo un fenómeno económico. Representa un dato político, cultural, ético y espiritual: un nuevo paso en la historia del planeta Tierra y de la Humanidad.

Hace algunos miles de años la especie humana salió de África, de donde surgimos en el proceso evolutivo (somos todos africanos), y conquistó todo el espacio terrestre formando pueblos, ciudades y civilizaciones. Fernando de Magallanes hizo en tres años (1519-1522) la circunnavegación de la Tierra y comprobó empíricamente que es efectivamente redonda (no plana como una obtusa visión sostiene todavía). Después de la expansión, llegó el tiempo de la concentración, del retorno del gran exilio. Todos los pueblos se están encontrando en un único lugar: en el planeta Tierra. Descubrimos, más allá de las nacionalidades y de las diferentes etnias, que formamos una única especie, la humana, al lado de otras especies de la gran comunidad de vida.

Con esfuerzo estamos todavía aprendiendo a convivir acogiendo las diferencias sin dejar que se transformen en desigualdades. Respetando la riqueza acumulada por las naciones y etnias, que revelan los distintos modos de ser humanos, nos enfrentamos a un desafío nuevo, que nunca había existido antes: construir la Tierra como Casa Común. Crece la conciencia de que Tierra y Humanidad tienen un destino común. Xi Jinping, jefe de Estado de China, lo formuló muy bien: tenemos el deber de construir la “Comunidad de Destino compartido para la humanidad”.

El éxito de esta construcción nos traerá un mundo de paz, uno de los bienes más ansiados por todos. Vivir en paz, ¡oh que felicidad! Esa paz es lo que nos falta en la actualidad. Por el contrario, vivimos en guerras regionales letales y una guerra total movida contra Gaia, la Tierra viva, nuestra Madre Tierra, atacada en todos los frentes, hasta el punto de que muestra su indignación a través del calentamiento global y del agotamiento de sus bienes y servicios, sin los cuales la vida corre peligro.

En este contexto vale la pena revisitar a un filósofo, Immanuel Kant (+1804), uno de los primeros en pensar una República Mundial (Weltrepublik), aunque nunca había salido de su pequeña ciudad de Königsberg en Alemania. Aquella solo se consolida si consigue instaurar una “paz perenne”. Su famoso texto de 1795 se llama exactamente “Para una paz perenne” (Zum ewigen Frieden).

La paz perenne se sustenta, según él, sobre dos pilares: la ciudadanía universal y el respeto a los derechos humanos.

Esta ciudadanía se ejerce en primer lugar por la “hospitalidad general”. Precisamente porque, dice él, todos los humanos tienen el derecho de estar en ella y de visitar sus lugares y los pueblos que la habitan. La Tierra pertenece comunitariamente a todos.

Frente a los pragmáticos de la política, por lo general poco sensibles al sentido ético en las relaciones sociales, enfatiza: ”La ciudadanía mundial no es una visión de fantasía sino una necesidad impuesta por la paz duradera”. Si queremos una paz perenne y no solo una tregua o una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad y respetar los derechos.

El otro pilar son los derechos universales. Estos, en una bella expresión de Kant, son “la niña de los ojos de Dios” o “lo más sagrado que Dios puso en la tierra”. Su respeto hace nacer una comunidad de paz y de seguridad que pone un fin definitivo “al infame beligerar”.

El imperio del derecho y la difusión de la ciudadanía planetaria expresada por la hospitalidad deben crear una cultura de los derechos, generando de hecho la “comunidad de los pueblos”. Esta comunidad de los pueblos, enfatiza Kant, puede crecer tanto en su conciencia, que la violación de un derecho en un sitio se siente en todos los sitios, cosa que más tarde repetirá por su cuenta Ernesto Che Guevara.

Esta visión ético-política de Kant fundó un paradigma inédito de globalización y de paz. La paz resulta de la vigencia del derecho y de la cooperación jurídicamente ordenada e institucionalizada entre todos los Estados y pueblos.

Diferente es la visión de otro teórico del Estado y de la globalización, Thomas Hobbes (+1679). Para este, la paz es un concepto negativo, significa ausencia de la guerra y el equilibrio de la intimidación entre los estados y pueblos. Esta visión funda el paradigma de la paz y de la globalización en el poder del más fuerte que se impone a los demás. Esta visión predominó durante siglos y hoy ha vuelto poderosamente a través del singular presidente de USA, Trump, que sueña todavía con un solo mundo y un solo imperio, el norteamericano. Los Estados Unidos decidieron combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado. Es la vuelta amenazadora del Estado-Leviatán, enemigo visceral de cualquier estrategia de paz. En esta lógica no hay futuro para la paz ni para la humanidad.

Hoy nos enfrentamos a este escenario: si por la locura de un gobernante o por la Inteligencia Artificial Autónoma se activaran los arsenales de armas nucleares podría ser el fin de nuestra especie. Et tunc erat finis. ¿Tendremos tiempo y sabiduría suficientes para cambiar la lógica del sistema implantado hace siglos que ama más la acumulación de bienes materiales que la vida? Eso dependerá de nosotros.


lunes, 7 de octubre de 2019

LA AMAZONIA, EL ROSTRO ECOLÓGICO DE DIOS, Por Frei Betto

   

El Sínodo de la Amazonia, convocado por el papa Francisco para octubre, tendrá lugar en Roma, una decisión equivocada del Vaticano, porque fue convocado inicialmente para celebrarse en el corazón de la selva. Allí se debatirá de más asuntos que de la presencia de la Iglesia Católica en esa región interconectada y cada vez más violenta y desigual.

El bioma amazónico abarca nueve países y ocupa más de 7 mil millones de kilómetros cuadrados habitados por 34 millones de personas, de las cuales 3 millones son indígenas que hablan 340 idiomas diferentes. Allí, cada metro cuadrado tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. El bioma posee tres tipos de ríos: los de superficie; el subterráneo, conocido como “alter do chao”; y los “ríos voladores”, así llamados porque acumulan vapor en la atmósfera y lo distribuyen en forma de lluvia por toda la América del Sur.

La Amazonia tiene una gran relevancia en el ciclo del carbono, ya que lo absorben sus miles de millones de árboles e impiden su liberación en la atmósfera en forma de gas. Reduce así el calentamiento de la Tierra.

Las cuatro dádivas de la región son: pueblos que saben vivir de la selva y en la selva sin amenazarla, el ciclo de las aguas y del carbono, la biodiversidad y la regulación del clima.

Según el papa Francisco, “los pueblos amazónicos originarios nunca han estado tan amenazados en sus territorios como en la actualidad”. Con su sabiduría ancestral, ellos nos enseñan a relacionarnos con la naturaleza, los demás seres humanos y Dios. No obstante, ahora son víctimas de asesinatos, expulsiones de sus tierras, la actividad de los acaparadores de tierra y las mineras, la deforestación y la prohibición de reunirse y organizarse.

La Iglesia está consciente de que si ahora defiende la causa indígena, que tiene tantos mártires, por otro lado aún no se ha liberado de la influencia del proyecto colonizador que imperó en el pasado. El Sínodo busca justamente implantar una Iglesia poscolonial y solidaria, con rostro amazónico e indígena. Para la Iglesia, la región es mucho más que un lugar geográfico; es también un lugar teológico, en el que se transparenta la faz del Dios creador.

No hay modo de mantener la floresta en pie sin la sabiduría de los pueblos que la habitan. El “capitalismo verde” no sirve, porque se rige por las leyes del mercado y busca patentar principios y esencias, privatizar el agua y promover la piratería de los saberes populares.

Los pueblos indígenas conservan una sintonía holística con el Cosmos. Sus sentidos aguzados mantienen un diálogo permanente con la naturaleza. Conocen cada ruido, predicen la llegada de la lluvia o la seca, identifican los recursos medicinales de las plantas. El indio no es un individuo en la naturaleza. Su cuerpo, el territorio que habita y la naturaleza forman una unidad.

Los indígenas respiran una cultura que se traduce, de hecho, en una espiritualidad de la reciprocidad. Con ritos y fiestas, celebran la exuberancia de la naturaleza y exorcizan los espíritus malignos. Sin recurrir a la escritura, transmiten de generación en generación la cultura del cuidado de la floresta y del respeto a todos los seres vivos.

Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino un don gratuito de Dios en el que descansan sus antepasados, y un espacio sagrado con el que interactúan para preservar su identidad y sus valores.

Pero se ven sometidos a serias amenazas debido a una concepción equivocada del desarrollo y la riqueza, que les codicia las tierras para implantar proyectos extractivos y agropecuarios, indiferente a la degradación de la naturaleza y a la destrucción de sus culturas.

En la Amazonia se manifiestan cinco grandes síntomas de la crisis planetaria: a) el cambio climático; 2) el envenenamiento del agua; 3) la pérdida de la biodiversidad; 4) la degradación de la calidad de la vida humana y de la naturaleza; 5) los conflictos sociales marcados por la violencia y los asesinatos.

La convocatoria del Sínodo Panamazónico por el papa Francisco es una buena nueva para toda la humanidad.


Frei Betto es autor, entre otros libros, de A obra do artista – uma visão holística do Universo (José Olympio).



Traducción de Esther Perez

Copyright 2019 – Frei Betto - 


QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 

Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.




viernes, 13 de septiembre de 2019

LA AMAZONIA: BIEN COMÚN DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD, Por Leonardo Boff


Los recientes incendios de la Amazonía brasileña y boliviana pusieron de manifiesto la importancia del bioma amazónico para el equilibrio y para el futuro de la vida. El descuido con el que el presidente de Brasil trató la cuestión ambiental, negando los datos científicos más serios y las amenazas a las reservas indígenas, aumentándolo además con el desmantelamiento realizado por el ministro del Medio Ambiente de los principales organismos de protección de la selva y de las tierras indígenas, y de la vigilancia del avance descontrolado del agronegocio sobre la selva virgen, mostraron la gravedad de la situación.

Según algunos especialistas internacionales, la Amazonía es la segunda área más vulnerable del planeta en relación al cambio climático provocado por los seres humanos. El propio Papa Francisco advirtió «que el futuro de la humanidad y de la Tierra está vinculado al futuro de la Amazonia; por primera vez, se manifiesta con tanta claridad que desafíos, conflictos y oportunidades emergentes en un territorio, son la expresión dramática del momento que atraviesa la supervivencia del planeta Tierra y la convivencia de toda la humanidad». Son palabras graves, menospreciadas por las grandes corporaciones depredadoras, porque se dan cuenta de que deberían cambiar de modo de producción, de consumo y de descarte. Pero prefieren el lucro al cuidado de la vida humana y terrenal.

No sin razón, el Papa Francisco ha convocado un Sínodo Panamazónico para octubre del presente año cuyo tema es: Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Se trata de la aplicación de su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” para evitar una catástrofe socioecológica mundial. No se trata de una ecología ambiental y verde, sino de una ecología integral, que involucra el ambiente, la sociedad, la política, la economía, lo cotidiano y la dimensión espiritual.

Veamos algunos datos generales sobre el bioma amazónico: Cubre una extensión de 8.129.057 Km2 en nueve países: Brasil (67%), Perú (13%), Bolivia (11%), Colombia (6%), Ecuador (2%), Venezuela (1%), Surinam, Guyana y Guyana francesa (0,15). Viven allí 37.731.569 habitantes, 2,8 millones de los cuales son indígenas de 390 pueblos diferentes, que hablan 240 idiomas, de la rica matriz de 49 ramas lingüísticas, un fenómeno inigualable en la historia de la lingüística mundial.

Existen tres ríos amazónicos: el visible de la superficie; el aéreo, los llamados “ríos volantes” (cada copa de árbol con 20 metros de extensión produce 1000 litros de humedad que va a traer lluvias para el [bioma llamado] «cerrado», hacia el sur hasta el norte de Argentina); el tercero, invisible, es el río “rez do chão” (no confundir con el sitio turístico Rez do Chão), un río subterráneo que corre debajo del actual Amazonas.

Todo el bioma amazónico es un Bien Común de la Tierra y de la humanidad. En la visión de los astronautas eso es evidente: desde la Luna o desde sus naves espaciales, Tierra y Humanidad forman una única entidad. El ser humano es aquella porción de la Tierra que comenzó a sentir, a pensar, a amar y a cuidar. Somos Tierra, como enfatiza el Papa y la propia Biblia.

Ahora, en la fase planetaria, todos nos encontramos en una misma y única Casa Común. El tiempo de las naciones está pasando; ahora es el tiempo de la Tierra y tenemos que organizarnos para garantizar los medios que sustentarán nuestra vida y la de la naturaleza. Nadie es dueño de la Tierra. Ella es nuestro mayor Bien Común. Todos tienen derecho a estar en ella. Como la Amazonia es parte de la Tierra, nadie puede considerar sólo suyo lo que es un Bien de todos y para todos. Brasil, a lo máximo, posee la administración de la parte brasilera (67%) y lo está haciendo de forma irresponsable. De ahí la preocupación general.

Actualmente el bioma amazónico es objeto de la codicia mundial por causa de sus riquezas. Se está usando mucha violencia. Desde mediados de los años 1980 ha habido en la Amazonia brasilera más de 12 mártires, indígenas, laicos y religiosos; en Ecuador 6, en Perú 2 y en Colombia innumerables.

Los G 7 reunidos en agosto en Biarritz, se dieron cuenta de la importancia del bioma amazónico para el equilibrio de los climas y de la propia Tierra. Sospecho que la ven convencionalmente todavía, como un baúl de recursos para sus proyectos económicos. Sospecho que no han incorporado la visión de la nueva ecología que entiende la Tierra como un superorganismo vivo, y nosotros como parte de él y no como sus señores. Si la Amazonia fuese completamente abatida, todo el sur de Brasil hasta el norte de Argentina y de Uruguay se transformaría en un desierto. De ahí la importancia vital de ese bioma multinacional.

La irresponsabilidad de Bolsonaro es de tal magnitud, que juristas mundiales planean acusarlo de ecocidio, crimen reconocido por la ONU en 2006, y llevarlo al tribunal de los «crímenes contra la Humanidad». Termino con palabras de un indígena yanomami Miguel Xapuri Ianomâmi:

“Ustedes tienen Dios, nosotros tenemos Omama. Ella creó la vida, creó a los yanomamis, permite todo lo que sucede. Nosotros nos comunicamos con ella permanentemente”. ¿Quién en el mundo secularizado hablaría de corazón de esta forma?






miércoles, 30 de mayo de 2018

ERA DE INCERTIDUMBRES, Por Frei Betto

Vivimos en la era de la incertidumbre. Hay más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas. Navegamos a la deriva en la tercera margen del río. Abandonamos la primera, la modernidad, con sus sólidos paradigmas filosóficos y religiosos, y todavía no sabemos cómo se configurará la segunda, la posmodernidad.

Están en crisis las grandes instituciones que fueron pilares de la modernidad: el Estado, la Familia, la Escuela y la Religión. Se hacen valer modelos y propuestas para todos los gustos.

En medio de la turbulencia, emerge con nitidez el mundo hegemonizado por el capitalismo neoliberal. La financiarización de la economía supera la productividad. La regulación de la sociedad pasa de las manos del Estado a las del mercado.

Si en el siglo pasado Europa hizo concesiones a la socialdemocracia como antídoto frente a la amenaza socialista, ahora los derechos sociales retroceden y nuevas tecnologías tornan obsoleto el trabajo humano.

Como todo lo sólido se desvanece en el aire, es necesario crear reglas y darle consistencia al sistema globocolonizado de consumismo y hedonismo. Así, se difunde la ideología de la privatización concomitante con el deterioro de las instituciones. Se privatiza la política. Ya que los políticos fracasaron, se entrega la administración pública a empresarios exitosos. Ya que los partidos se desmoralizaron, que cada uno eche mano a su celular y haga de él su tribuna de odio o aplauso.

Para sustentar esa democracia virtual sobre una abisal desigualdad social, se crea la cultura de la segregación. Unidades de Policía Pacificadora (UPP), no para combatir el crimen organizado, sino para garantizar que la turba ignara no descienda de los morros presa de furia ciega. Si se derrumba un edificio ocupado por personas sin techo, la culpa es de las víctimas. El discurso del odio es legitimado hasta por el Tribunal Supremo Federal, al confundir graves ofensas a la honra ajena con la libertad de expresión.

Pasamos de la era analógica a la digital. Cambian también los patrones de relacionamiento. El valor del otro depende de su posición en el mercado. Y fuera del mercado no hay salvación.

Sin embargo, no todo se ajusta a la mercantilización del planeta en detrimento de los derechos humanos. Y el mayor desajuste reside en nuestra relación con la naturaleza. Se agotó el tiempo. El ansia de lucro contaminó el aire, el mar y la tierra. O cambiamos nuestros paradigmas socioambientales o la Tierra volverá a vivir, como a lo largo de milenios, sin nuestra incómoda presencia.

Hay que adoptar un desarrollo sustentable en el que estén incluidos lo ecológico, lo social y lo cultural. A fines de la década de 1940, Japón, arruinado por la guerra, era más pobre que Brasil. Y cuarenta años después, cuando nuestro país alcanzó la posición de octava economía del mundo, Japón figuraba ya entre las cinco primeras. Había promovido una revolución educacional, cosa que nunca hicimos.

Nuestro modelo de desarrollo sigue siendo depredador, y son tímidas las iniciativas para que, en este país pleno de sol, las energías eólica y solar prevalezcan sobre las fósiles, tan contaminadoras del medio ambiente. Es preciso cambiar los paradigmas de lo que entendemos por progreso y avance civilizatorio. Los países europeos y los Estados Unidos demuestran que el crecimiento del PIB no significa una reducción de la desigualdad social. Como ha señalado el papa Francisco, un desarrollo que no está centrado en el ser humano, sino en la acumulación de capital privado, es contrario a la ética.

Quizás los indígenas andinos tengan algo que enseñarnos cuando subrayan la diferencia entre “vivir bien” y “buen vivir”.



Frei Betto es autor, entre otros libros, de la novela Hotel Brasil (Rocco).

Traducción de Esther Perez

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Copyright 2018 – Frei Betto - 

QUIÉN ES FREI BETTO



El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos ocasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 



Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.

miércoles, 7 de marzo de 2018

EL AGUA ES UN DERECHO (PARA POCOS). Testimonio y denuncia, Por Pbro. Néstor Raúl Juárez, para Vagos y Derecho.


Desde mitad de Julio del 2017, por razones pastorales me trasladé a colaborar por un tiempo a la Catedral de Concepción, en la ciudad homónima distante a unos 75 km aproximadamente de San Miguel de Tucumán. 

Al estar en la ciudad cabecera de la Diócesis, y también la ciudad principal a nivel civil, es común que se encuentren concentrados varios servicios. Es por eso que de varios pueblos aledaños la población trae sus seres queridos fallecidos a las casas mortuorias de la ciudad. También se concentran los principales hospitales, sanatorios y servicios médicos en la ciudad. Siendo el cura que colabora en la Catedral uno sabe que va a tener muchas demandas para rezar responsos, más todas las exequias rituales correspondientes. Siempre antes de comenzar y de manera sutil, pregunto en qué circunstancias fue el deceso del difunto para no decir algo que no corresponda cuando al hablar intente llevar consuelo a los deudos del difunto. Noté enseguida que lo más común era por cáncer. Con cierta insistencia en el tipo intestinal. En ocasiones hasta tres exequias por semana por cáncer. Hasta una vez, el día que enterraban a un señor fallecido por cáncer su hija de menos de 35 años caía enferma también de cáncer de otro tipo y moría al mes de las exequias de su padre. 

Estas son estadísticas de sacerdote. Por ejemplo, si uno ve que aumentan los toques de timbre para pedir comida en casa, si aumenta la cantidad de jóvenes que vienen a pedirte, y si estos son jóvenes en buenas condiciones de higiene y manera correcta al dirigirse, la cosa está que arde. La economía no funciona, por más que me digan lo que digan. 

En este caso, pasa por el mismo sentido, por percibir ciertos patrones que se mantienen en la realidad. Así llegué a preocuparme por el tema del agua. 

Me dirigí al hospital del lugar, que es regional, y el jefe de oncología me negó toda información. Cuando le expliqué, no me dejó terminar y me dijo, “Y Ud. y yo, qué podemos hacer”. Esto en realidad me hizo sospechar con firmeza que no estaba tan equivocado en mi percepción. 

Frente a esto, me dediqué a buscar información publicada por los medios de comunicación en la web. O sea, ya es información sesgada, y por lo tanto es necesaria encontrar información de primera mano y mejor fundamentada. 

Pero es un comienzo, por eso comparto someramente lo que encontré. 

Proyecto minero de Bajo La Alumbrera 

La ciudad de Concepción está al lado del río Gastona, y constituye una cadena de ciudades y poblados que han ido creciendo a la vera de la ruta nacional 38 hacia el sur de la provincia de Tucumán impulsadas sobre todo por la industria azucarera. Prácticamente cada ciudad tiene o tenía un ingenio azucarero. 

Esta ciudad está a los pies de los nevados del Aconquija, la mayor cumbre de Tucumán. Y toda la región es punto de accedo desde el Norte hacia la provincia de Catamarca. 

La región montañosa catamarqueña está siendo y ha sido explotada por minería intensiva. Este extractivismo minero contempla sacar toda la mayor cantidad de producto, en menos tiempo y a muy bajo costo. 

Sin ninguna explicación cierta, la empresa determinó refinar los diversos minerales fuera del país. Es por eso que desde el punto de extracción en el emprendimiento minero de Bajo de la Alumbrera (la primera explotación minera a cielo abierto en la Argentina) se construyó un ducto por el cual se bombea el bruto de los minerales extraídos mezclados con agua y otros productos. Este mineraloducto tiene una longitud de aproximadamente 320 km que desciende desde los cerros de Catamarca y Tucumán, hasta el punto de ferrocarril conocido como Cruz del Norte, cercano a la ciudad de Ranchillos, en el este tucumano. Allí hay una planta de “secado”, donde este barro con casi 20 diferentes minerales, es secado, decantado y prensado, y montado en trenes que los llevan hasta puertos del rio Paraná (ciudad de San Lorenzo, Santa Fe), donde es llevado al extranjero para ser refinado fuera de nuestras fronteras. No hay ciencia cierta de lo que realmente se extrae. 

Consecuencias: 

· Se han realizado estudios diversos y por ejemplo, una vez que la empresa agotó la capacidad de extracción en el 2016 como estaba calculado, ha quedado un cráter enorme que contiene unos 4 billones de agua dulce contaminada, y todo indica que al día de hoy los diques de contención están mostrando ya filtraciones serias, por agotamiento del material y la insuficiente manutención. SI hubiese un sismo las consecuencias podrían ser catastróficas (recordar el desastre de la ciudad de Mariana, patrimonio de la Humanidad, en el estado de Minas Geráis, Brasil). Un estudio serio llevado a cabo por el Ing. Nieva ha demostrado fallas estructurales en el dique de colas. 

· El mineraloducto ha sufrido sucesivas roturas en su extensión, produciendo el derramamiento de la pulpa de mineral con líquidos nocivos para la salud. En su recorrido, el ducto pasa por arroyos y ríos, y sobre todo en época de lluvias, por derrumbes y otros percances en varias partes de su tramo tuvo roturas o simplemente filtraciones que no fueron descubiertas. Hay que entender que las cuencas hídricas se comunican (al igual que el entramado subterráneo de napas, lo que hoy podemos ver es sobre las aguas superficiales). Hubo varios derramamientos sobre el rio Vis-Vis el cual se comunica con los siguientes ríos tucumanos: r. Chico, r. Medinas, r. Gastona y r. Pueblo Viejo. Todos ellos tributarios de la Cuenca del Salí-Dulce, la cual desagua en el dique el Frontal, afectando no solamente la fauna ictícola sino también a la población de Termas de Río Hondo y Santiago del Estero (la población de Termas del Río Hondo y aledaños vive en gran medida de la pesca, como fuente de alimentación importante y para la venta), pues de allí se toma el agua para ser potabilizada para la red pública. La cuenca del Salí-Dulce finalmente acaba su recorrido en Córdoba, desembocando en la Laguna de Mar Chiquita adonde también se ha sentido el efecto nocivo de lo que venimos describiendo. Es conocido el fallo de la corte favorable a los hermanos Aranda (de la Ciudad de Concepción) contra la Minera La Alumbrera, siendo sentenciados los CEOs de la empresa tanto a nivel nacional como internacional. 

· En la Estación de Secado en Cruz del Norte, Cevil Pozo, Tucumán, la empresa minera obtuvo permiso para verter los líquidos residuales luego de la separación de la masa de mineral del líquido para poder ser bombeada en un canal pluvial, el conocido como DP-2 que pasa por la localidad de Ranchillos y desagua en el Río Sali (perjudicando nuevamente a toda la cuenca y las vecinas provincias de Santiago del Estero y Córdoba). Estudios técnicos que han progresado hasta una demanda judicial que obtuvo fallo en contra de la Minera La Alumbrera, descubrieron exceso de cobre y otros metales (selenio y mercurio entre otros), que por acumulación producen problemas gastrointestinales serios tanto para humanos como para animales (sean de granja como a la población ictícola). Por esto también fueron procesados los CEOs de la empresa minera (causa González, Juan Antonio s/infracción a la ley 24051. Expte. 47.958). 

· Hablando con maestros y trabajadores de la salud, ellos notan un gran número de muertes por cáncer, especialmente en pequeños poblados más al sur de Concepción, más hacia al límite con la provincia de Catamarca. 


La falta de cuidado del agua por parte de las empresas situadas en Tucumán 


El vertido de líquidos residuales de la industria tucumana se realiza en el río Sali. Además de la ya histórica mala práctica de la industria azucarera, ahora se suman otras empresas, como ser el tratamiento de limón. Esto ha sido demandado judicialmente en varias ocasiones por parte de las provincias de Santiago del Estero y Córdoba. 

Con razón estas provincias se quejan, si agregamos a lo anterior la realidad de que las aguas cloacales de las ciudades de San Miguel de Tucumán y el Gran San Miguel son vertidas en la cuenca del Salí-Dulce. 

Hasta el momento no hubo cambios sustanciales en el control debido a las empresas tucumanas. Al menos algo que sea verdaderamente efectivo. 


Arsenicidad crónica en el Este Tucumano: insuficiente tratamiento de agua para el servicio doméstico 


En la región Este de Tucumán, en lo que comprende el gran conglomerado de ciudades y poblados de Alderetes, Los Gutiérrez, ciudad Banda del Río Salí, Lastenia, Pacará, y otros, la cantidad de arsénico presente en las napas subterráneas de agua está entre las cuatro mayores del país. 

Dado la gran cantidad de enfermedades que han ido en aumento, como por ejemplo de casos de diabetes y enfermedades de hígado que en las últimas dos décadas fueron creciendo, la población sospecha que el tratamiento de las aguas realizado por la empresa prestataria del servicio de provisión de agua potable doméstico es, o no suficiente, o es directamente nulo. Desde la privatización del servicio, el modo de provisión de agua ha cambiado. Antiguamente se hacían grandes tanques de agua a altura al que se elevaba el agua desde el pozo por bombeo. Ahora ya no se hacen más esas construcciones, sino que se bombea directamente el agua desde los pozos de agua. No se sabe si verdaderamente se está liberando el agua para consumo del arsénico que trae del subsuelo. 

En 2008 fue publicado por los medios la acusación de que la SAT, que es la empresa proveedora, no estaba potabilizando el agua para consumo domiciliario con cloro apto para ese fin, porque contenía un concentrado no apto de mercurio. Y fue justamente en la ciudad de Concepción, cuando la rotura del caño del mineraloducto que organizaciones ambientalistas junto a vecinos por medio de estudios descubrieron presencia de cobalto, estroncio, uranio, aluminio en diversas cantidades en el agua de Concepción, y se adjudicaba todo a que en la zona cercana al dique La Lola (distante a 13 km de la ciudad), la minera intentó ocultar el barro que se derramó del ducto. Pero además había mercurio, cosa que no podía ser responsabilidad de la minera. 

Es por eso que la SAT fue descubierta como la responsable de la presencia de mercurio en grado nocivo para la salud de la población. 

Por lo tanto, es muy comprensible la desconfianza de la población. 

Conclusión parcial: 


El sistema de tratamiento del agua para proveer al sistema domiciliario, parece estar desfasado, obsoleto. Tal vez continúa siendo suficientemente eficiente en el control de agentes patógenos. 

Metales pesados o semipesados provenientes de aguas cloacales, de la industria, de la agroindustria, más otros factores (por ej. polución de aire con plomo, lluvia ácida o el cambio climático) ha hecho necesario otro tipo de tratamiento del agua para el consumo humano. 

Esto significa un incumplimiento por parte de las autoridades a sus obligaciones constitucionales. De las empresas prestatarias de sus obligaciones contractuales. De los organismos fiscalizadores y los diversos agentes gubernamentales. 

Tampoco se hizo ni se está haciendo suficiente fiscalización o control sobre los vertidos industriales en el sistema de agua. Mucho peor es el caso de agrotóxicos en la producción agropecuaria, que afecta necesariamente a las capas subterráneas de agua. Esto afecta no solo lo inmediato actual, sino que, dado el alto poder residual de los agrotóxicos, esto va a vertir sobre todo sobre las generaciones venideras. 

La población ha tenido que comprar agua envasada para beber porque el sistema público se ha ausentado en el cumplimiento de este derecho. Por el alto costo de vida, y que va en aumento, la población pobre que es la mayoría en nuestra región, ha dejado de comprar agua envasada. También es sabido que las empresas que venden este producto procesan el agua tomándola del servicio público, y que a su vez tampoco tratan esta agua qe venden contra la presencia de agrotóxicos ni metales pesados.