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viernes, 28 de febrero de 2020

Politizar las TIC: de California Dream a las GAFAM, Por Alfredo Moreno






La WWW evolucionó en un motor de inequidad y división que está manejado por corporaciones y gobiernos para sus propios intereses.

Luego de crear en 1990 la World Wide Web, Tim Berners-Lee, anunció en octubre de 2018 el despliegue de Solidi, una plataforma de código (software) abierto bajo licencia del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y licencia Creative Commons Attribution 4.0 International, cuyo objetivo es refundar su sueño noventista “un acceso compartido a los contenidos de la red”, que garantice la privacidad de los datos de los usuarios.

El volumen de los datos, el big data, y la producción de información logrados en los primeros 30 años de la Web, muestra un nivel de concentración corporativa alarmante, muy distante de aquellos sueños cooperativos sobre el gobierno de la red y el acceso a sus contenidos. Lo único permanente es el modelo ARPANET, una red de computadoras que anticipó internet, creado por el departamento de defensa de los EEUU.

Con Solid, el creador de la web busca volver a descentralizar internet para dar mayor control a los usuarios y garantizar una red más segura, privada y neutral; mediante aplicaciones de uso social y comercial (como Facebook, Driver, One, Dropbox, Twitter, Spoty, etc.).

Las características centrales son:

La plataforma está integrada por una colección organizada de estándares, formatos de datos y vocabularios que proporcionan las mismas capacidades que las actuales aplicaciones sociales ofrecen.

Se dispone de servicios de identidad, autenticación, inicio de sesión, listas de permisos, administración de contactos, mensajería, suscripciones, comentarios y discusiones.

Las especificaciones y el diseño se basan en el protocolo http, servicios rest y html, lo que permite un 100% de compatibilidad con la estructura de la web existente aumentando sus capacidades.​ Este hecho también facilita la tarea a desarrolladores de aplicaciones y administradores de servidores.

Un ecosistema de aplicaciones sociales, proveedores de identidad, y bibliotecas de ayuda que funcionan en la plataforma de Solid.

Un servidor se puede habilitar para funcionar dentro del ecosistema Solid alojando pods mediante NodeJS.

Facilita la interoperabilidad de los datos. Esto permite utilizar un mismo pod para identificarse en diferentes aplicaciones web y que estas, basándose en diversos esquemas de nombres, accedan a los datos de perfil de forma que no se tenga que repetir el proceso en cada aplicación que el usuario quiera utiliza.

Las aplicaciones que implementan los servicios de Solid deben tener un pod y un WebID. Los pods son las estructuras para almacenar datos y el WebID sirve para identificarse en Solid y acceder a nuestros pods, así como conectar con otra gente de la plataforma. Los pod hay que almacenarlos en algún proveedor de almacenamiento. Actualmente la lista está conformada por:

Proveedor 

Dueño del dominio 

Dueño del almacenamiento 

Ubicación física


Inrup.net 

Inrup, Inc (Solid) 

Amazon 

Estados Unidos


Solid authing.cn, inc 

Authing 

Tencent Cloud 

China




Tim Berners ha postulado en varios foros internacionales su oposición a los usos actuales que realizan los “Los dueños de Internet”ii (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y de los gobiernos, asegurando “internet se ha convertido en la red de vigilancia más grande del mundo. El problema es el dominio de un motor de búsqueda, de una gran red social, de un sitio de microblogging, estamos al borde de que se controle todo lo que el mundo ve. Como una gran corporación tiene de repente un control completo sobre la opinión de cualquier usuario”.

Ahora con Solid, se pretende “restaurar el poder de los individuos en la web”. Solid cambia el modelo actual donde los usuarios tienen que entregar datos personales a gigantes digitales. “El proyecto es la manera en que evolucionamos la web para restablecer el equilibrio, dándonos a cada uno de nosotros el control total de los datos, personales o no, de una manera revolucionaria” afirma Berners-Lee.


¿Perdimos la inocencia?

Lo sueños Californianos del Silicon Valley, escondían negocio y vigilancia en la red. El modelo desde sus inicios fue promovido por el Pentágono y Wall Street. Los grandes avancen de las TIC (Tecnologías de Informatica y Comunicaciones) estuvieron motorizados por objetivos políticos. Por lo cual, no se trata de nuevos protocolos como Solid que ayuda a la seguridad de los datos, sino a politizar el poder actual de los Dueños de Internet en el contexto de la digitalización de la vida cotidiana.

El terreno virtual antes ocupado por los artesanos de la ingeniería de la red dejó paso a las cuantiosas inversiones de fondos soberanos y a la disputa férrea de los Gobiernos (la disputa de Washington con Pekín y sus posibles clientes por el futuro del protocolo de la red 5G es un ejemplo que viene al caso)iii.

Lo que denominamos como “ciberespacio”, un ente inmaterial, virtual, efímero y distante, se ha convertido en el sector de la economía mundial que más capital concentra, y cuya cohesión depende de comunidades tecnológicas operativas. Centros de almacenamiento y procesamiento de datos distribuidos en el mundo, cables de fibra submarinos para transporte de datos e infraestructuras activadas con sensores. Estos componentes conforman la infraestructura material tecnológica, que se extienden por nuestras casas de punta a punta por nuestras ciudades conectando cada país.

Un dato significativo es qué en 2018, los gigantes de internet Google, Facebook, Amazon y Microsoft, invirtieron más capital que las cuatro mayores petroleras Shell, Exxon, BP y Chevron. Un total de 77.600 millones de dólares y 71.500 millones de dólares, respectivamente.

Estas cifras astronómicas deberían ser un fuerte argumento para convencer a aquellos que siguen aferrándose a aquellos sueños californianos de 1960, aquella idea de que la aventura tiene algo de inmaterial…¿Qué puede haber más material que un sector que invierte más dinero que las petroleras en llevar todos esos servicios aparentemente gratuitos a nuestros dispositivos?

La idea de que en los años noventa los usuarios tenían algún poder que ahora hay que restaurar es ilusoria Dado el proceso de “colonización” del ciberespacio por parte de las GAFAM y el poder político. No es posible plantearse derechos ciudadanos en la redefinición digital del mundo, no basta crear protocolos ingeniosos que garanticen al ciudadano su privacidad en los datos. Debemos politizar el poder político, aunque suene ajeno en el mundo de ingenieros y tecnólogos.

La política estuvo presente desde el primer momento de internet, no solo a través de sus servicios secretos, sino también a través de los departamentos del Tesoro y de Comercio, al menos en el caso de Estados Unidos. Estos fueron los que determinaron las prioridades comerciales y financieras mundiales para asegurarse el dominio del sector informático. Así nació el Silicon Valley incubado por el estado norteamericano como una política de estado.

La diferencia de estos inicios estuvo dada por su tamaño, entonces relativamente pequeño, no justificaba grandes inversiones de capital provenientes de fondos de inversión. Como explica Evgeny Morozov “Ahora, en cambio, sí las justifica, lo cual explica por qué Arabia Saudí prefiere poner su dinero en empresas tecnológicas como Uber a invertirlo en sectores más tradicionales”.

Nuestros sueños de libertad en internet no era más que un subproducto de un negocio y unos modelos de vigilancia poco desarrollados a fines de la década de 1970.

Un camino para una verdadera transmisión de poder requeriría mucho más que otro ingenioso protocolo para la cesión de datos. No hay empoderamiento digital sin empoderamiento político, y este último solamente se puede alcanzar concibiendo la red no como un medio o una herramienta, sino como un conjunto de infraestructuras para facilitar la vida, el trabajo y la cooperación.

Necesitamos una política para estas infraestructuras que abarque cuestiones relacionadas con su economía política, con el reparto de la propiedad y de los riesgos entre los diferentes actores públicos y privados.

Solo entonces podremos centrarnos en las tareas de encontrar las plataformas y los protocolos apropiados para dar cohesión a las partes interconectadas.

De lo contrario, cuando en el 2030 celebremos el 40º aniversario de la red, nos encontremos que tenemos todos los protocolos necesarios para darnos el poder, pero nos vemos privados de este por el hecho de que todos ellos son propiedad de las GAFAM y algunos Gobiernos.


Alfredo Moreno  Delegado FOETRA en ARSAT, Profesor de TIC en UNM.

Ingeniero TIC en ARSAT

@ticdata2





ii Natalia Zuazo “Los dueños de Internet”


iii Evgeny Morozov “La locura del solucionismo tecnológico”



lunes, 27 de mayo de 2019

LA DIGITALIZACIÓN DE LO COTIDIANO, Por Alfredo Moreno para Vagos y Derecho



El relato de las TIC



“La bondadosa promoción garantizaría consumidores solventes para sus servicios pagos; solo así podrían aprovechar la valorización en moneda (privatización) de servicios públicos personales que dejen de ser públicos” Egveny Morozov





La población mundial es de 7.676 millones (billion en el inglés americano tiene el sentido de mil millones) de los cuales el 56% esta urbanizada.

El contexto Internet crece aceleradamente. La penetración en la población mundial de la telefonía móvil es de 67 %, 5.112 millones de dispositivos. Los internautas alcanzan a 4.388 millones, un 57% se conectan a la red Internet.

Las redes sociales tienen un despliegue en 3.484 millones de ciudadanos, un 45% de la población. La actividad en redes sociales desde dispositivos móviles es de 3.256 billones un 42% de la población. De acuerdo al informe de enero de 2019 de Hootsuite we are social (https://wearesocial.com/global-digital-report-2019).

La acelerada concentración de empresas que brindaban servicios en Tecnologías de Informáticas y Comunicaciones fundamentalmente basados en software, dejó como resultado que Alphabet INC. (que integra a Google), Microsoft, Facebook (que integra WhatsApp), Apple y Amazon sean los destinatarios de todas las conexiones que realizamos diariamente en la red de redes.

Además, han diversificado sus operaciones en otros mercados basados en las tecnologías que configuran el ecosistema de Internet de las Cosas (IoT).

Estas corporaciones cuentan con plataformas tecnológicas basadas en software, que han logrado penetrar en la intimidad de cada ciudadano y producir el deseo de pertenecer a la comunidad digital organizada.

Las plataformas Uber, Airbnb, WhatsApp, Facebook, Instagram, Alibaba, etc. han empoderado a las empresas más ricas del planeta. Solamente con crear un ámbito para intermediar la conexión de personas y servicios pagos para los usuarios consumidores (ex ciudadanos) de las redes sociales y servicios TIC, nos integraron a un ecosistema donde no tenemos ni voz, ni voto. Si aceptas, perteneces y pasas a ser “usuario”, sino te quedas afuera.


El poder se consolidó gracias a los millones de usuarios (ciudadanos) quienes le confiamos, mediante una extraña “Fe High Tech”, nuestro tiempo, atención y datos cuando ¿decidimos? ACEPTAR, en el proceso del registro como nuevo integrante en alguna de las plataformas de servicios, a las cuales accedemos a través de millones de teléfonos móviles y dispositivos que se conectan a internet.

Este grupo de corporaciones domina el mundo como antes lo hicieron las potencias coloniales. Lo han hecho sin derramar sangre y han logrado capturar miles de millones de “almas”. Su poder reside en el Algoritmo, en la acelerada concentración a escala mundial, y en la constante oferta/demanda de dispositivos que te conectan a Internet con servicios que “facilitan la vida”.

La concentración de mayor riqueza en el uno por ciento más rico del mundo, es producido por grupos financieros que respaldan a las empresas que controlan las grandes multinacionales de Internet. La desocupación a escala global crece continuamente: el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), fundado en 1861 en pleno desarrollo industrial de EEUU, maneja escenarios futuros con tasas de desocupados superiores al 50 %.

En el libro Los dueños del Internet de Natalia Zuazo, podemos encontrar números que permiten dimensionar el poder económico y cultural de las empresas que han logrado homogeneizar mediante el software a todos los ciudadanos. El caso testigo es Microsoft, que en 30 años pasó de vender 500 mil a 500 millones de licencias (copias) de uno de sus productos, el sistema operativo Windows.

A escala mundial, hemos aprendido el lenguaje iconográfico de Microsoft por el cual las diferentes culturas y lenguas nos encontramos regulados por la misma iconografía.

El recorrido del monopolio del conocimiento se expresa en el crecimiento exponencial de la empresa de Bill Gates. En 1985 el nacimiento del Sistema Operativo Windows permitió a Microsoft facturar 500 mil copias. Con Windows 95, diez años después facturo 40 millones de copias en su primer año. Con Windows XP en el año 2001 vendió 210 millones de licencias (copias) en los dos primeros años. Windows 10 lleva vendidas 500 millones de licencias desde su lanzamiento en el año 2015.



En nuestro país (Argentina), el gobierno de Cambiemos desconectó el programa Conectar Igualdad que entrego 4, 5 millones de computadoras a estudiantes secundarios y presentó Aprender Conectado cuya plataforma de software es de Microsoft. La misma cooperación que en el año 2018 desarrollo una plataforma de Inteligencia Artificial para el gobierno de la provincia de Salta.

La lista de empresas tecnológicas basadas en software ostenta un poder tan grande y concentrado que pone en juego no solo el equilibrio del mercado, sino también las libertades y los derechos de los ciudadanos.

El éxito de los gigantes de Silicon Valley va de la mano de crecientes desregulaciones, donde los Estados ceden al mercado el arbitraje equitativo. El caso de Argentina, es tierra fértil para la etapa de digitalización global y el consumo acrítico. Una muestra de lo expresado es la apertura satelital del gobierno de Cambiemos donde anula los intereses soberanos de Argentina a favor de las corporaciones de servicios satelitales con base en Estados Unidos.


Nuevos tiempos, grandes posibilidades


Nuestra alternativa, una vez más de la mano de un Estado emprendedor, es autonomía inteligente para integrarnos a la producción de bienes y servicios en sintonía digital. Aprender en el sector público es una buena escuela para pensar y desarrollar organizaciones de producción de software y servicios basados en TIC. Como quedó evidenciado en el período 2008-2015, el proceso de aprendizaje no puede estar reservado al sector privado. Necesitamos crear las condiciones de emergencia de talentos en el sector público.

Mariana Mazzucato, economista italiana, en su ensayo El Estado emprendedor observa el crecimiento de Apple: “Las empresas dedican recursos a reinventarse. Tenemos que orientar el desarrollo de los Estados para generar integraciones inteligentes en el sector privado. Detrás de las grandes innovaciones del siglo XX siempre estuvo el Estado, no solo con su capacidad de financiamiento, sino, y fundamentalmente, con su disposición a asumir importantes riegos asociados a los procesos de innovación.

“La única manera de generar confluencia entre el sector público y el privado es devolver la confianza a las instituciones públicas, en generar más conocimiento para la inclusión y el desarrollo.

“No debería sorprendernos que los grandes grupos financieros y corporativos globales, Wall Street y Silicon Valley, promuevan la necesidad de unos ingresos básicos universales para paliar los estragos económicos causados y favorecer el consumo.

“Para los gobiernos neoliberales, estos servicios saldrían de sus presupuestos, posibilitando achicar el estado y continuar sus fraudes al fisco a escala global, derivándolos a paraísos fiscales”.

En el informe El futuro del trabajo y de la tecnología en el 2050 de la Fundación Telefónica, se considera la renta básica como la estrategia social más prioritaria, por encima de la educación pública superior.

Necesitamos incorporar a la agenda, que viene a partir de octubre de 2019, una política autónoma y prioridades que no permitan consolidar la precarización y el desempleo de unos con la ultra ocupación de otros. Que favorezcan la redistribución del trabajo necesario, y no para garantizar consumidores. Que promuevan el desarrollo de conocimiento para la producción de un estado innovador.


- Alfredo Moreno, Delegado FOETRA en ARSAT, Profesor de TIC en UNM.