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viernes, 22 de diciembre de 2017

¿UNA FELIZ NAVIDAD PARA LOS NIÑOS, LOS TRABAJADORES, LOS ABUELOS...?, Por Grupo de Curas en Opción por los Pobres


La Navidad es el tiempo de las buenas noticias de Dios a su Pueblo, de un Dios que entra en nuestra historia para transformarla.

El Padre Dios como siempre, se muestra del lado de los pequeños, de los pobres y desheredados de la historia.

El Pesebre que tantos argentinos han armado en estos días en sus casas, fue la idea que pensó San Francisco de Asís cuando en diciembre de 1223 representó la síntesis entre el Padre Dios creador de un mundo bello y para todos, con la pobreza de aquellos pastores que llevaban regalos y emoción al corral donde el Niño Dios, que junto a María y José cumplía la promesa de Dios al mundo.

Los curas en la opción por los pobres, queremos invitar a nuestro pueblo a renovar la misma opción que hizo el Dios de los Pobres, y que celebramos en la Nochebuena.

Esa opción, es imitar al Dios que se pone del lado de los que en la Argentina de hoy han quedado desheredados por imperio del capitalismo que, como en aquel tiempo y siempre, se pone del lado de los poderosos.

Nos ponemos del lado de los jubilados y pensionados que el próximo año perderán casi un haber mensual, tan necesario para sus remedios, alimentos y dignidad, que este gobierno ha decidido recortarles para responder al pedido del imperio de la Banca Mundial. Ellos junto a los ex combatientes y a los pensionados por discapacidad, serán las víctimas de este recorte fatal, que incluye la falta de medicamentos, la desatención en el PAMI y la quita de subsidios.

Nos ponemos del lado de los niños y niñas, cuyas madres reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH), que, por decisión del Imperialismo internacional del dinero reinante, perderán el valor de la leche mensual de cada niño, para "equilibrar las cuentas de la deuda".

Nos ponemos del lado de todos los trabajadores y trabajadoras que tendrán un futuro incierto en sus aportes patronales recortados brutalmente con efectos desoladores en su futura y lejana pensión de la vejez.

Nos ponemos del lado de las presas y presos políticos que son la expresión de la escandalosa destrucción de la justicia en nuestro país; y del lado de las familias de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel, que junto con tantas personas “de buena voluntad que habitan el suelo argentino” esperan esa justicia que no vislumbran...

Nos ponemos del lado de la ingente cantidad de desocupados que crece día a día y se pregunta con lágrimas por su futuro y el de sus familias.

Nos ponemos del lado de cada pobre, los que están en el pesebre.

Dios entra en nuestra historia para transformarla. Pero cuenta con nosotros para hacerlo. Cuenta con nuestros brazos, nuestras palabras, nuestras ideas. Así, decirnos entre todos ¡Feliz Navidad!, se transforma en compromiso y militancia para que realmente lo sea; para que Jesús nazca, y con él nazca la Justicia y sea Esperanza en un mañana nuevo de vida y de fiesta para todas y para todos.



Curas en la Opción por los Pobres
Navidad 2017

viernes, 22 de septiembre de 2017

ANTE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES LEGISLATIVAS, Por Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Nos acercamos a las elecciones de medio término en el contexto de una situación muy delicada para el país. En nuestras Cartas al Pueblo de Dios y otras comunicaciones a la opinión pública, hemos abundado en descripciones acerca de las características del gobierno de Cambiemos, de las consecuencias ya visibles de sus políticas de corte neoliberal conservador, de su perfil autoritario que ha debilitado notablemente el estado de derecho.

Después de dos años, es largo el elenco de acciones reprobables: represión violenta a la protesta social y abusos de autoridad de las fuerzas de seguridad, protección a los capitales más que a los ciudadanos, promesas incumplidas, mentiras y falsedades permanentes, presos políticos, un desaparecido, persecución a quienes piensan distinto, aumento de la pobreza, desempleo, un insostenible endeudamiento que hipoteca el futuro, la especulación financiera, la desindustrialización, la entrega de nuestra soberanía.

Nos preocupa e indigna especialmente un rasgo cada vez más visible de este gobierno: no asume la función social del Estado y su necesario rol cohesionador. Expresiones del presidente o sus ministros y medidas de gobierno, están dirigidas contra los sectores más débiles o populares a quienes se les causa un visible perjuicio y sufrimiento, en especial porque son pisoteados sus derechos.

La lista sería interminable. La quita de miles de pensiones por discapacidad, la reducción de medicamentos gratuitos de primera necesidad entregados por el PAMI a los jubilados, el recorte de un programa histórico que brindaba asistencia técnica a pequeños y medianos productores y que excluye del beneficio a más de diez mil familias que viven en situación de vulnerabilidad, el desguace de las políticas de salud y la falta de medicamentos, los aumentos injustificados y delirantes de las tarifas de los servicios, el aumento de la mortalidad infantil. Estos casos sólo sirven de muestra. A esto debemos agregarle el gran ajuste y la extrema precarización laboral anunciadas para después de las elecciones.

Frente a esta coyuntura, como cristianos, sabemos que el resultado de estas elecciones puede confirmar o revocar el rumbo elegido por el gobierno, influyendo a su favor o en su contra en la relación de fuerzas, fortaleciendo o debilitando su poder político. Un gobierno que maltrata así a su población, y vive construyendo falsedades, es un gobierno que le da la espalda a los preferidos de Dios. Matar de hambre, desamparo o indiferencia al pobre es un pecado. Votar un gobierno que asfixia a los pobres, creemos que también lo es. Sin ningún temor o prejuicio sostenemos firmemente que un cristiano no puede darle el voto a un gobierno como éste, que multiplica las ayudas fraudulentas a sus amigos, facilita las ganancias de los ricos y condena a los pobres a la marginalidad y lo hace a la luz del día con mentiras y desparpajo.

Están en juego dos modelos antagónicos de país. Un país injusto y dependiente, que concentra la riqueza en una minoría o un país con la gente adentro, distributivo, soberano e inclusivo. La política no es una varita mágica ni una práctica purista, pero sigue siendo una herramienta imprescindible para forjar el destino de la sociedad y organizar la vida en torno a la dignidad, la libertad, los derechos humanos y la convivencia pacífica y solidaria.

Como cristianos y como curas, caminando a la par del pueblo, invitamos a votar contra este gobierno, contra la agresión a los pobres y vulnerables, contra el secuestro del futuro. Nos inspiramos en los amigos de Jesús, como el querido Santo Cura Brochero. En 1912, enfermo de lepra, casi ciego, escribe antes de las primeras elecciones legislativas en las que se aplicó la Ley Sáenz Peña de voto secreto y obligatorio. Militante del Partido Radical, alternativa popular frente al Partido Conservador, Brochero escribe sin dudar que Cárcano, el candidato conservador es -“el hombre más funesto y contrario al bienestar y felicidad de los habitantes del Oeste” (carta 449) “los que votan por Cárcano van contra la felicidad y facilidades de los habitantes del Oeste”_ (carta 448, 26/9/1912) mientras que “votando por los candidatos que dará el Partido Radical buscan su felicidad, su engrandecimiento, el de la Provincia, y aún el de la Nación entera” (carta 451, 4/10/1912)

Inspirados en él, pues, y buscando la felicidad del pueblo y de los pobres creemos, sin dudarlo, que “no se puede ser cristiano y neoliberal”, como decía el recordado obispo Esteban Hesayne. Y exhortamos a nuestros hermanos a votar en consecuencia. “Los pobres, no pueden esperar”.

Mientras nos encaminamos a esta crucial elección del 22 de octubre, nos seguimos preguntando: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Curas en la Opción por los Pobres
Septiembre de 2017

viernes, 25 de agosto de 2017

30º ENCUENTRO NACIONAL DEL GRUPO DE CURAS EN LA OPCIÓN POR LOS POBRES, 24 de Agosto de 2017




El grupo de Curas en opción por los pobres nos hemos reunido en nuestro 30º Encuentro anual haciendo memoria agradecida de los 50 años de 3 momentos eclesiales:

La encíclica Populorum Progressio del Papa Pablo VI (26 de marzo de 1967)

El mensaje de 18 obispos del Tercer mundo a la sociedad, partiendo de dicha Encíclica (15 de agosto de 1967 [en adelante Mensaje])

El surgimiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (diciembre de 1967)

Comprobamos que las realidades y los tiempos son distintos, pero creemos que muchas cosas mencionadas en el Mensaje de los 18 Obispos conservan toda su actualidad y –como entonces – queremos retomarlas:

I.- El mensaje tiene claro que la situación de los pobres y el serio problema de la pobreza tiene su origen en la acumulación injusta de la riqueza.

Los gobiernos deben abocarse a hacer cesar esa lucha de clases que, contrariamente a lo que de ordinario se sostiene, han desencadenado los ricos con frecuencia y (la) continúan realizando contra los trabajadores, explotándolos con salarios insuficientes y condiciones inhumanas de trabajo. Es una guerra subversiva que desde hace mucho tiempo lleva a cabo taimadamente el dinero a través del mundo, masacrando a pueblos enteros (Mensaje 22).

“¿Pero cuáles son, dime, los bienes que te pertenecen? ¿De dónde los has sacado? […] Al hambriento pertenece el pan que tú guardas. Al hombre desnudo, el abrigo que encierran tus cofres. AI descalzo, los zapatos que se pudren en tu casa. Al miserable, el dinero que tienes oculto. Así oprimes a tanta gente que podrías ayudar... No, no es tu capacidad la que se condena aquí sino tu negativa a compartir” (San Basilio; Mensaje 13).

No conocemos otro camino que la justa distribución de la riqueza para llegar a la tan proclamada “Pobreza Cero”.

II.- Como el Mensaje insistimos que “El obrero es infinitamente superior a todo el dinero” (15), y queremos denunciar repitiendo a Pablo VI y los 18 obispos que

no podrá permitirse que los ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y la actividad nacionales, transfieran una parte considerable al extranjero para su beneficio personal, sin preocuparse del daño que hacen sufrir por ello a su patria (20).

III.- Acompañamos a los trabajadores

con el fin de exigir y defender sus derechos: justo salario, licencias pagadas, seguridad social, viviendas familiares, participación en la gestación de la empresa… No es suficiente que estos derechos sean reconocidos sobre el papel por las leyes. Estas leyes deben ser aplicadas y corresponde a los gobiernos ejercer sus poderes en este terreno para servicio de los trabajadores y los pobres (22).

IV.- Sabemos que en su historia, la Iglesia, de la cual formamos parte, ha sido muchas veces más esposa del dinero que de Jesucristo: A veces,

las Iglesias se encuentran de tal manera ligadas al sistema, que parecen estar confundidos, unidos en una sola carne como en un matrimonio. Pero la Iglesia tiene un solo esposo, Cristo. La Iglesia no está casada con ningún sistema, cualquiera que éste sea, y menos con el “imperialismo internacional del dinero” (Pablo VI y Mensaje 5).

V.- Por eso nos vemos en el compromiso –levantando la voz como los profetas o los primeros Padres de la Iglesia– de insistir que

Dios no quiere que haya ricos que aprovechen los bienes de este mundo explotando a los pobres. No, Dios no quiere que haya pobres siempre miserables. La religión no es el opio del pueblo. La religión es una fuerza que eleva a los humildes y rebaja a los orgullosos, que da pan a los hambrientos y hambre a los hartos (19).

Por todo esto

Tenemos el deber de compartir nuestro pan y todos nuestros bienes. Si algunos pretenden acaparar para ellos mismos lo que es necesario a los otros, entonces es un deber de los poderes públicos imponer el reparto que no se hace de buen grado (20).

Mirando nuestro presente histórico e iluminándonos con la Palabra de Dios reiteramos que juzgamos antievangélico este modelo de concentración de poder neoliberal que se lleva adelante en estos momentos en Argentina y otros países de América Latina y el Caribe, y supone otros sometimientos en los órdenes social, cultural y político.

Como ya lo hemos dicho en anteriores mensajes:

Como lo hicieron otros organismos internacionales, exigimos la libertad de Milagro Sala y los demás presos políticos de nuestra patria;

Reclamamos la aparición con vida de Santiago Maldonado ya que entendemos que la desaparición forzada de un hermano llena de sombras la necesaria transparencia que toda democracia debiera tener.

Como integrantes del pueblo de Dios sabemos que el egoísmo, el individualismo y la muerte no tienen la última palabra. Y, como pastores, confiados en el Dios de la vida, exhortamos a todos los varones y mujeres de buena voluntad a “que vuelvan a tener confianza en ellos mismos” (18) y reforzar la esperanza en que “otro mundo es posible”.

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.

sábado, 7 de enero de 2017

LO MEJOR QUE PODEMOS HACER ES REZAR, Por Eduardo de la Serna, Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Eduardo de la Serna


Lo mejor que podemos hacer es rezar
Eduardo de la Serna

La frase que encabeza esta nota fue pronunciada por el ministro argentino de Medio Ambiente. Ante la baja de presupuesto a su cartera para el año 2017 por parte del gobierno del que es miembro dijo esto. Para justificar el dicho remitió a su ser rabino. En el verano es habitual que ocurran incendios y – al no tener instrumental, o medios – recurrió a Dios como solución (¿mágica?). Hasta ahora hay 600.000 hectáreas incendiadas en la provincia de La Pampa. Pareciera que Dios no ha escuchado a los suplicantes.

Pero ¿es así? Sin dudas que creo que no, pero no está de más explicarlo.

Pretender encontrar (o no) la solución en Dios depende de cómo es ese Dios en el que creemos. O, para empezar, qué se entiende por “rezar”.

Si creo en un Dios que es activo y hacedor de historia, “pedir” / “rezar” significaría confiar en que él podría transformar algunas de las cosas que nos afectan (una enfermedad, la desocupación, el dolor…). En ese caso, pedimos por la curación de alguien con la esperanza de ser testigos de su recuperación. Pedimos que no haya focos de incendio esperando que las causas desaparezcan (sean estas humanas o cósmicas).

Si creo en un Dios “titiritero”, pedir significa que envíe una lluvia que apague los incendios, o que no haya causas que los provoquen, por ejemplo rayos (para no aludir a las causas humanas, por cierto).

Rezar, ¿es pedirle a Dios que intervenga para modificar los acontecimientos o circunstancias que pueden provocar (o razonablemente provocarán) una determinada situación no deseada?

Si ese es Dios, muchas cosas quedan por aclarar: el hambre, las guerras o desastres naturales, por ejemplo; ¿por qué Dios no interviene frenándolos?

El Dios en el que yo creo es un Dios que sugiere, que invita o – hasta – que compromete. Dios nos invita a vivir de un determinado modo, y es habitual que lo ignoremos (a eso llamamos “pecado”). De ese modo quisiera Dios que vivamos. No creo en un Dios que nos lleva, trae, saca y pone (a eso llamo Dios “titiritero”, que maneja los seres humanos y su historia moviendo los hilos). Creo en un Dios personal que se encuentra con nosotros saliéndonos al paso, pero mostrándonos su “rostro” de puro amor. Decir que “Dios es amor” es – sin duda – lo más pleno que podemos decir de él. Y el amor no impone, sino que invita, motiva o sugiere. Por eso, me cuesta creer en un Dios que enviaría las lluvias ante un incendio; me resulta mucho más “creíble” un Dios que invita a poner en práctica políticas públicas para prevenir los incendios y a tener los elementos necesarios para combatirlos si estos ocurriesen. Del mismo modo que para las políticas de salud, o las políticas de infancia y su imputabilidad, por ejemplo.

Dejo de lado, además, que (como es frecuente en el gobierno de Cambiemos) con las cosas así planteadas, los incendios de La Pampa no son culpa de las políticas perversas que ejecuta y de los ineptos que las aplican (comenzando por el presidente, por cierto) sino culpa del “Dios todopoderoso” que no manda las lluvias que el Ministro reclama. “La culpa es del otro si algo me sale mal… entre estos tipos y yo hay algo personal”.

Creo firmemente en la importancia de rezar, pero creo que esto se trata de un encuentro de amistad. Rezar es un encuentro de amor, como lo afirman grandes místicos de ayer y de hoy. Y es en ese amor y ese encuentro donde nos vemos motivados a salir también nosotros al encuentro de “los otros”. El encuentro con el amor infinito de Dios nos impulsa a derramarlo en los demás. El “amor a Dios” y el “amor al prójimo” son inseparables y uno y otro se retroalimentan.

En cambio, responsabilizar a Dios por la no-lluvia queda aumentado con una nueva “culpabilización” a Dios escudado en una supuesta “profecía apocalíptica”. Responsabilizar a Dios de lo que es nuestra responsabilidad es un absurdo contra el que la maravillosa mística judía Etty Hillesum (asesinada en la Shoah) ha alertado frecuentemente. Evidentemente el rabino Bergman y yo hablamos de “Dioses distintos”.

Fuente: muro de facebook del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres