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miércoles, 23 de junio de 2021

RECUERDOS DEL PRESENTE por Claudio Javier Castelli para Horacio González in memoriam

 


Llueve

 

Triste, tristísimo. No hay nada como la lluvia para la melancolía de los poetas, me viene  a la memoria la última estrofa de un poema tristísimo de Leopoldo Lugones, “Olas grises”:

 

“Sigue lloviendo. El día es triste y largo.

En el remoto gris se abisma el ser.

Llueve…Y uno quisiera, sin embargo,

Que no acabara nunca de llover.”

 

Aquí en esta casa, en San Telmo, llueve y llueve. Me enamoré de la escritura y profundidad de muchos y muchas, pero han sido muy persistente: Enrique Molina, Jorge Luis Borges, Thomas Mann, y Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

No pensaba que entrado en años me pasara otra vez. Lo descubrí a Horacio González, a través de sus notas en Página12, durante el conflicto por las retenciones. Había un estilo, profundidad abisal,  y una perversa lucidez para iluminar este bendito país. Era imposible no quedarse dialogando con sus textos, que exigía varias lecturas para ver y encontrar diferentes matices que se desgarraban de sus palabras.

Ese desgarramiento interior es también el desgarramiento de este país, y que el escriba también encontraba en los cuatro que mencionó.

Una nota lo atrapó totalmente, ya en 2014, “Legalidad y Bellotas”, ésta llegaba hasta el hueso de la abstracción liberal leguleya.  A partir de ese artículo, que fue casi concomitante con la creación de la agrupación de Vagos y Vagas Peronistas, así como de sus blog, fui publicando todas las que iba publicando en Página, y algunas de otros medios digitales.

Es que, esa abstracción liberal leguleya -racionalidad también abstracta y maniquea- era lo que él escriba venía observando desde la Dictadura en los Tribunales. Lamentablemente no había curioseado por la Facultad de Ciencias Sociales - sólo la de Derecho, y Filosofía- y lo descubrió tarde.

¿Cómo es posible que un intelectual de la talla,  delicada profundidad, y abusiva erudición, como Horacio González, no sea estudiado en muchas otras facultades?

No hay abogado, leguleyo, o economista que no sea conocido en este país. Muchos de una mediocridad espeluznante, cuando no,  una decente criminalidad para hacer daño, y provocar “Daño social”. Concepto este último acuñado por el penalista David Baigún –ya fallecido- para referirse a los perjuicios que provoca el mundo económico-financiero.

En el ínterin lo pudo conocer personalmente a Horacio González, sobre todo cuando asistió a un seminario sobre Borges, en la Librería “Caburé”, en la calle México. En un diálogo al final de la clase me preguntó:

 

–“¿Cómo es que conoces tanto a Borges?”,  

-“Es que yo también hubiera querido que sea peronista”.

 

Pero en la charla que siguió me di cuenta que tamaño intelectual era también muy buena persona. Algo muy difícil de encontrar en este país, donde hay una excesiva pedantería en los escritores. Ni les cuento en el mundo de los Tribunales.

No he podido sino con un poema, que habla del Perón y el peronismo que vivió  y vive el escriba, hacerle un sentido homenaje. Pero las palabras allí surgieron simples y toscas.

No sé  si Horacio González era o no creyente, me tomo el permiso de pedir a Dios, de consuelo a Liliana Herrero, sus familiares, y amigos, y haga resplandecer el ejemplo de Horacio, pues: “Jehová conoce el camino de los justos” (Salmo 1:6).

 

Vamos al poema:

 

 

 






RECUERDOS DEL PRESENTE

 

                        Para Horacio González

in memoriam

 

Los Santos del vitraux

relampagueaban

los domingos a la mañana,

en vuelo infinito

y retornaban

torpes en los bancos,

en la voz aguardentosa

masticada de palabras

pétreas

y sermoneantes

del cura de pueblo;

el vitraux

se enredaba

de pájaros

y sueños.

 

Atardecer

de chicharas amargas;

toboganes

bamboleándose en el río;

planicie del parque.

 

-“Mi papá dijo que Perón quemó las iglesias”.

-“¿La iglesia de la plaza?”

-“Sí”.

 

Lluviosas  las imágenes

en los televisores

militares,

obispos,

“Tres chiflados”,

Y “Pepe Biondi”.

 

-“Perón quemó las iglesias,

quemó las maestras,

bombardeó la plaza,

llenó de pan dulce y demagogia

a los pobres que nunca trabajan”.

 

Pero los pobres

trabajan y trabajan,

las maestras vivían

y vivían

el pan dulce sangraba.

La niñez los veía

rústicos de suelo y sombra,

alambrados e iguana,

cocinas y mañanas

caminando temprano

el hojaldre de las cuadras,

los bailes, las tiendas,

el acordeón de guitarras.

 

-“Perón quemó las plazas,

los horizontes, los bulevares,

los autos, las casas,

masticó las palabras”.

 

Después:

la lluvia de noviembre,

el paraguas

y el llanto de mi madre

que recordaba,

la mirada emocionada

de mi padre,

y de soslayo

la adolescencia

intercambiaba

bancos del colegio

por tempranero amor

de zaguanes,

caminatas,

y chicles de menta.

 

Y de los televisores:

metrallas

y metrallas.

 

El General:

no quemaba las iglesias,

ni las maestras,

ni los bancos de la plaza,

no masticaba palabras,

la voz del pueblo restallaba

en el balcón,

el horizonte,

los alambrados,

las iguanas.

 

Después:

el cortejo,

coronas,

muchedumbre,

conmoción,

madrugada,

radios

y presagios.

 

Después

vinieron “ellos”

con obispos

y oropeles,

masticando palabras,

bombardeando la plaza,

las maestras,

el pan dulce,

las fábricas,

las campanas,

torturando atardeceres,

chicles de menta.

 

Y en los Tribunales:

los expedientes manaban

hilos de sangre,

gemidos,

balas,

cobardes.

 

Y en los televisores:

los “zurdos”

bombardearon la plaza,

mataron las maestras,

trituraron el sol,

despellejaron la higuana.

 

Los libros

deshacían la madeja,

quién bombardeó la plaza,

mató a  las maestras,

trituró las mañanas.

 

Después

la muchedumbre,

las madres,

los empujaron

de verdades,

rebeldía,

esperanza.

Se fueron

masticando cañones,

derramando soldados,

putrefactos de odio.

 

Después,

mucho después

vinieron ella y él:

resplandeció la mirada,

se irguieron los huesos,

se justificó la palabra.

 

Después

vinieron “ellos”

con jueces

y Embajada,

putrefactos de odio,

masticando palabras.

 

Y de los televisores:

Cristina

quemó los cuadernos,

mató las maestras,

bombardeó la plaza

incendió las palabras.

 

Volvimos:

con ilusión

y madrugada;

se opacó  el presente

con el virus del mañana.

 

Ahora:

aguardamos,

aguardamos,

y

masticamos palabras…

 

Claudio Javier Castelli

24 de Junio de 2021

 

 

 

 


domingo, 14 de marzo de 2021

FIN DEL SIGLO XX por Claudio Javier Castelli

 


OBERTURA:


García Márquez dice (creo en el prefacio de “Doce cuentos peregrinos”) que: “un buen escritor no se mide por lo que escribe sino por los papeles que tira”, atenuando esta sentencia, Héctor Yánover dice en un libro que: "los poetas deben corregir con cautela sus poemas porque poner mucho rigor puede terminar por destruirlos o eliminarlos". Siguiendo el consejo de Yánover escribo esta obertura para justificar por qué publico este poema: en primer lugar cansado del lugar común del vocerío poético que dice: “los poemas se justifican por si solos”, en segundo lugar porque la reescritura rigurosa de este poema dio lugar a otro poema que se llama: “Epílogo al Sur de las estrellas”, y fue publicado en el Libro: “Llueve en las raíces”, de mi autoría, Ediciones del Jinete Insomne, Buenos Aires, 2018, y luego fue subido en este blog (https://vagosyderecho.blogspot.com/2018/07/epilogo-al-sur-de-las-estrellas-por.html…), en tercer lugar porque la metafísica es el ecualizador de sonido de un equipo “Aiwa 990” cuya imagen ofrecida en el frente son las rayitas que se mueven según la intensidad y variación de la resonancia de la música echada a rodar. En este último sentido la reescritura que significó el poema publicado en libro es la metafísica de este poema originario que se publica ahora.

El poema publicado en libro (la metafísica) vendría a ser hegeliano, el poema originario que publicamos ahora (el “ser ahí” –“Dasein”-) vendría a ser heideggeriano.

El poema originario se hizo de un tirón una noche larga de Abril, de 1991. ¿Por qué escribimos tanto en esa época? El fin del comunismo real se interrelacionó con el fin del peronismo que significaba, Menem. Los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que los acompañaron barruntaban que detrás del telón no había nada más que nada, así lo interpretaron los cronistas, el arte, y los intelectuales panfletarios neoliberales, pero así también lo interprete yo.

Fue como abrir la puerta del altillo y encontrarse con el vacío, para colmo terminaba el siglo y este fin nos trituró los huesos. Por el año 1991 los socialistas de Estévez Boero, salieron a repartir claveles en la calle Florida, nada más patético que ese escuálido acto de propaganda política. Eran humanismos de cortesía como si hoy le lleváramos una rosa a Magnetto, a cambio de que defienda a Cristina Fernández de Kirchner, y la justicia social.

Es cierto que la revolución sexual, el amor libre, que los europeos experimentaron en los sesenta, en argentina fue lentamente avanzando desde el retorno de la democracia y explotó en los noventa.

Dios había dejado de existir entonces valía todo (“Los hermanos Karamazov”, Fiódor Dostoyevsky), como dice el sentir popular “no se le hacía asco a nada”. De alguna manera era la venganza contra ese putrefacto sistema que se estaba reformulando. Era también la redención por el amor libre. Todo regado con mucho alcohol y drogas duras que en ese entonces eran masivas. El indio había dicho unos años antes: “El futuro ya llegó todo un palo ya lo ves”. Ya no eran las sutilezas del Cannabis sino la desmesura de la cocaína para empezar. La sensualidad era el Dios de aquella época.

¿Qué ingenuos los jóvenes de aquel tiempo? Pero también ¿Qué ingenuidad la de los profetas del fin de siglo, del fin de la historia, del fin de las ideologías? Que me digan esos adláteres del fin dónde Hegel dice que la historia termina, ¿en qué lugar?, y aunque lo hubiera imposible interpretar eso leyendo la “Ciencia de la Lógica” o, la “Filosofía del Derecho”, cuyo último juez es la Historia Universal. Las “Lecciones filosóficas de la Historia Universal”, la publicaron sus discípulos en base a apuntes de clase, y algunos textos del propio Hegel, pero a pesar de la importancia desmedida que se le ha dado a ese libro en latinoamerica, no es ni con mucho su libro más importante. Su libro más importante es: “La Ciencia de la Lógica”, seguido por la “Fenomenología del Espíritu”, luego “La Filosofía del Derecho”, y finalmente “La Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Todos publicados en vida, seguidos luego por los publicados por sus discípulos después de su muerte.

Como sea de aquel festín de fin de siglo solo quedan cenizas que se volvieron a humanizar lentamente recogiendo las brasas apagadas que se convertían en ramas, cuyo tronco es ya muchísimo más grande que el “Algarrobo Abuelo”, que se encuentra en Merlo, San Luis.

Es suficiente para una obertura que debe ser breve. Vamos al poema.


FIN DEL SIGLO XX


vivir enredado a  diccionarios de tabacos,
tomar  sol en el anaquel de los vasos,
esperar  deshoras,
desnudar  ventanas

humedecidos brazos en lociones de maderas,
en femenina lluvia abrazadora como Subterráneo en el Cine “Arte”

la ducha del contestador
estimula miradas hacia el piso del cielo,
hacia las nubes del almanaque postal
en la armonía del pulpo rompecabezas

mujer mitad ternera desterrada
por las sirenas de los charcos,
humanoides muertos en la cámara de gas de los cajeros automáticos,
piececillos sedosos profetizando humanismos de cortesía,
ofrecen claveles en las propagandas de “Gancia”

seguir las tapitas de agua mineral en la pendiente de las horas
humano destejiendo almíbar de paredes en siglos donde los abanicos se derraman como un destello
guardándose en cerámicas para florecer en el estéreo de la vida,
asido a los consorcios como pulmón de manzana,
a las placitas donde los niños juegan a las bochas
y los jubilados en calesitas de arena

donde la panadería huele a pollera de mujer,
donde hicieron el amor dos terráqueos 
crepuscular la cruz de la corteza en el fémur de la vida
cuando el corazón adorna las nadas
en el shopping entretejido con papel de potus
y fuentes de agua artificial mineralizada en la universidad de la hamburguesa

allí las cajeritas sentadas en los autitos chocadores
dirigen la orquesta de escaleras mecánicas
interprete feliz de la música de supermercado
al compás de la alegría tecnoprogramda de los empleaditos “Mac Donald”
corriendo la posta de los emparedados

tratar de escribir
si las librerías otoñales guardaron las hojas
en las fotocopiadoras de las video vidas de las gentes

el vecino de mi mano derecha quiere el regreso de su mujer
compró la piedra pómez y los fósforos 

todo
para desvencijarme en un pubis juvenil
embardunado en pastel de manzana y sundae de vainilla
mientras muere un tacho de “Manliba” en la salsa golf de la calle Florida

el mundo al cielo las calles
abriéndose raquíticas antenas marginadas del camino,
nebulosas de balcones deshaciéndose,
sin anteojos 
empañanse las cosas

digo piropos a los ciegos
busco un astronauta romántico
el guiño de un satélite prófugo
la complicidad de un alma sin tiempo para pensar en el cielo
estresada de tanta nada
a punto de un ataque sanguíneo
ni loca –dice- prefiero los trámites del espacio

si los marcianos de los suburbios
decidieran compartir la mesa
finalizando el rodeo universal
y amanecieran desnudos en camas de lino
y abrieran las ventanas nadas
y descendieran toboganes
hacia calles pobladas de gatos humanosos
asidos al vientre de las cuadras
abrazados a cien pies numerados
rellenos de hormiguitas trajeadas en sal

placitas de cera amaneradas
reúnen  mamás hamacando guirnaldas,
perrito de juguete a sangre
juntito al policía de agosto escribiendo en el aire
como alumno de matemáticas en el interior de consorcios

osamentas lienzos durmiendo en tartas de brea,
manuelita regresando de parís
y la vaquita que quiso ir a la escuela en su tambo de papel glasé

tardes culturales ofreciéndose como fiambres del “Carrefour”,
encandiladas por la propagandas del cielo
invitan al patíbulo de los flipper

jugar al video truco sin contraseña de supermercado,
apenas una sota muerta de frío porque es invierno en las cartas
y le robaron el delantal protector de la insensibilidad de las manos
habitante de las mesas color calas

amores en bolsitas de papel picado
distribuidos por proveedores matinales
psicofármacos del tránsito en el diván de los cordones,
ofrecen cariñitos en las tapitas de los gimnasios
donde los espejos reclaman a los comensales
los reflejos correspondientes
para hacer un video de los años faltantes
y terminar el siglo de una buena vez…

Claudio Javier Castelli, Abril de 1991.






sábado, 27 de octubre de 2018

LA PASADA ÉPOCA DE LA IMAGEN EN EL MUNDO por Claudio Javier Castelli


OBERTURA DEL 22 DE JUNIO DE 2021:

 

DELIRIO Y LOCURA EN EL PAÍS Y EN EL MUNDO

 

Una conciencia que dice no y otra vez no

 

De mi larga estadía en el Estado y los Tribunales varias veces me dijeron algunos funcionarios superiores –algunos ineptos, otros corruptos- : “Vos no das con el perfil de funcionario público”; la uniformidad no es buena consejera ni en un Juzgado, ni el Estado administrador, ni, claro, en los Tribunales. La curiosidad, el no repetir, el cuestionar, el indagar, el pensar, el poner en cuestión, son problemas serios en este país para quienes actúan así. El tango dice: “no pensar ni equivocado, ¿para qué si igual se vive?,  además corres el riesgo que te bauticen gil”.

Uno de aquellos funcionarios, en los noventa, me dijo también: “¿Quién te banca a vos?”, le respondí: “Enrique Molina”, y me fui del despacho. En ese momento seguro que estuvo desvelando horas y horas quién era Enrique Molina, no podía sospechar que es mi poeta más querido.

Una conciencia que dice no y otra vez no es también un problema grande en este país.

Konstantino Kavafis, en un poema que se llama: “Che fece…il gran rifiuto” –lo reproduzco completo:

 “A cada uno le llega el día/de pronunciar el gran SÍ o el gran/ NO. Quién dispuesto lo lleva/ Sí manifiesta, y diciéndolo/progresa en el camino de la estima y la seguridad./ El que rehúsa no se arrepiente. Si de nuevo lo interrogasen/diría no de nuevo. Pero ese/no-legítimo-lo arruina para siempre”.

El enorme sentido del poema es universal para todo tiempo y lugar y cualesquiera sean las circunstancias.

El segundo No, el que ratifica, habla de convicciones profundas. Muchos compañeros se doblaron o arrugaron durante el macrismo. No los juzgo. Es solo guardar sospechas, reservas. Tanto Alberto como Cristina estuvieron fuertes durante el macrismo, desde diferentes lugares al principio.

Pero no estoy hablando de ellos, sino del movimiento en general y de no pocos de sus integrantes.

La temática principal de la Gran Lógica de Hegel es: “La idea que se piensa a sí misma”. He ahí uno de los motores originarios del pensamiento crítico. Marx pensó la idea hegeliana como Crítica de la Economía Política, del sistema capitalista, y leyó la autocrítica en la necesidad de transformarlo que plasmó claramente en la Tesis 11 sobre Feuerbach. Pero no pensó en la autocrítica total personal y como sumido él mismo dentro de la idea capitalista. ¿Podía hacerlo, podía haber visto eso? Creo que no.

 Lenin, que se zambulló en la Gran Lógica varios meses, la leyó, con los mismos presupuestos que Marx, pero más allá de él,  con el proceso concreto de transformarlo.

De alguna manera ambos leyeron a Hegel como un gran filósofo y pensaron en todo el contenido abstracto y místico presente en él, y lo que  él tenía en la cabeza, había que ponerlo en los pies, en la materia concreta.

Giovanni Gentile, la leyó como “el acto pensante como acto puro”, en definitiva como  pensamiento en acto permanente y continuo.

Marx, Lenin tienen el mismo problema: La realidad como proceso transformador que conduce inexorablemente a un resultado: el socialismo.

Gentile, el Gentile previo al fascismo, de 1913, en La “Riforma della dialettica hegeliana” (Biblioteca Sansoni, Firenze, 1975), no la leyó como un proceso que conduce a un resultado, sino como “espiritualismo absoluto” en “el acto pensante que es acto puro”.

El escriba la lee en clave social-política-mística-poética. Pero también todos –y me incluyo- en clave liberadora, como desalienante. El imperativo de época es desalienarnos  del sistema capitalista neoliberal, absolvernos del mismo, y luchar contra el  sin violencia pero con firmeza.

Pero es una batalla en paz, que empieza con nosotros mismos, el movimiento, y contra “ellos”(brazo político-económico financiero- cultural-mediático-judicial) y toda la parafernalia que los acompaña.

Claro que no hay “Palacio de Invierno” acá, como dice José Pablo Feinmann: “el poder está en todas partes”. Pero los brazos que mencioné son decisivos. La parafernalia tiene que ver con los “tentáculos inteligentes”, operativos acá y afuera, todos sumamente delirantes y al borde de la locura.

No va a ser fácil. Y  eso que Alberto es un hombre de diálogo, pero vemos lo atroz de la oposición que nos hacen; y también vimos la última intervención de Cristina y el lío que se armó.

Con relación al párrafo anterior en mi época escolar, en primero superior, por el problema de salud con el asma –que todavía me acompaña- mi madre me mandó a una escuelita en el campo. Ahí aprendí a entenderme con las lluvias y las tormentas, a estas últimas siempre la preceden una calma suspendida, sin vientos ni rayos importantes, de repente el aullido de los truenos, y el aguacero inmenso.

Todas las religiones han intentado resolver el problema de la muerte, como si esta fuera un cebo, para el gozne de los creyentes. El cristianismo es la religión de la libertad, de la liberación; así lo leyó Hegel, y así lo lee el escriba.

La “Teología de la liberación” lo leyó con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Frai Betto, etc,  en el mismo sentido, pero con referencias en Karl Marx, Ernst Bloch, y otros.

Las circunstancias, la época cambió mucho; pero no la necesidad no satisfecha, ni la injusticia, el abuso del poderoso, la crueldad, el cinismo, la perversión y el sistema de dominación del cual habla, en muchos artículos publicados en el blog de Vagos y Vagas Peronistas, León Pomer, y muchos otros.

La nota de Mónica Peralta Ramos, el domingo, en “El cohete a la luna” da un panorama internacional y local de cómo están las cosas.

¿Qué es la verdad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es el Bien? ¿Qué es la belleza? La filosofía actual dejó de hacer esas preguntas. Los griegos, las tres religiones monoteístas, la modernidad, Hegel, y después Marx dieron respuestas y abrieron otros interrogantes.

¿Nosotros nos las hacemos? Si dejamos de hacernos esas preguntas vamos a terminar como aquel Fiscal de Instrucción, que advertido por el escriba de una prueba omitida, que resolvía el caso, y hacía innecesario el Juicio Oral, se negó a ver los hechos y mandó al imputado a Juicio; en el mismo se absolvió al imputado y ni siquiera acusó el Fiscal.

Después que terminó el juicio le hablé de la justicia y de que podíamos haber evitado todo el proceso oral. Me dijo: ¿La justicia? ¿No sé qué es la justicia?

Uno no sabe bien en qué momento pasamos a formar parte de un engranaje, de un sistema técnico de dominación, pero ya no podemos darnos cuenta: somos parte de él: meros técnicos.

Algo habló la literatura universal, la filosofía, Heidegger y seguidores de todo esto.

El ser originario que Heidegger encontraba en la antigua Grecia, el escriba lo encuentra el 17 de Octubre de 1945. Es el ser originario de la Argentina política.

No se trata solo de bucear en el pasado, sino de pensar si tenemos futuro que nos incluya, que incluya a todos, todas y todes.

¿Podemos reestablecer un Estado de Bienestar en la Argentina de hoy? En Europa algunos se están haciendo esta pregunta. El peronismo realizado no es otra cosa que un Estado de Bienestar con Justicia Social.

Las escrituras se refieren a la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. El escriba la resume como confianza en Dios. Confianza para resolver la vida y sus traqueteos cotidianos, y confianza para después de la muerte. Confianza en la lucha por el derecho, confianza en la lucha política. Aquí nuestro país ha derrumbado una y otra vez, como castillo de naipes, esa confianza por una sociedad más justa. Pero, como muchísimos en el movimiento, nos hemos levantado para reclamar, una y otra vez, verdad y justicia social.

El peronismo es una tremenda nostalgia del Dios cristiano, no es que divide la sociedad, sino que muchos se alejan del Bien Común. Ellos, que se alejan del Bien Común, son nuestros adversarios políticos, pero ellos nos consideran “enemigos”, y no escatiman quebrantar derechos humanos, sociales o constitucionales, en eliminarnos de la vida política. Lo vimos todos en el gobierno anterior, vimos las detenciones arbitrarias, incluso mostrar en piyama y en patas a un ex funcionario por canales de televisión, salvo en la “Dictadura”, no vimos al Poder Judicial actuar así. ¿Qué creen que harían si volvieran? Exactamente lo mismo y nuevamente con la complicidad de jueces venales, aparatosidad mediática, y colaboración extranjera.

¿Debemos amarlos? Cristo dijo que sí, el mismo que echó a los mercaderes del templo. No los odiamos, son adversarios y no quieren lo mismo que nosotros, no es posible “la ilusa unidad de todos los argentinos”. Todos los gobiernos militares se levantaron  con esta falsa premisa, Menem también. Rara unidad, abstracta y cruel con los que no piensan como ellos.

Los peronistas nunca hemos actuado así. Pero tampoco somos tontos aunque extendamos la mano no la toman. Ni el pacto mínimo de gobernabilidad y lucha política por la pandemia que se  reclamó desde el gobierno consensuaran.

La lucha por un Estado de Bienestar con Justicia Social es muy escarpada para nosotros, en paz, pero con firmeza.

 

El texto siguiente, se hizo una noche delirante, en una oficina céntrica; los libros citados fueron tomados al azar, abundaba la decepción, la desesperanza, por presente macrista, era 2018.

La frase de Oswald Spengler: “Un poder sólo puede ser derrotado con otro poder y no por un principio”, profética en el fondo del Siglo XX, tuvo resultados trágicos y sangrientos. Es que la respuesta que daba el autor era en parte falsa y en parte verdadera.  Era falsa porque para enfrentar la Civilización del dinero, la sangre era una ilusión de los europeos, que éstos llevaron a la práctica y desató la  Segunda Guerra mundial, y la sangre provocó los crímenes más deleznables que recuerden la humanidad, y la Condición Humana.

Pero el punto de verdad que hay ahí es la frase misma, pero los principios pueden convertirse en poder cuando advienen en bloque de poder, hegemonía, pasiones colectivas, identidades, “sentido común”, es decir cuando son poder.

La “cepa cesareana” es más complicado, lo cierto que las fantasías centristas frente al poder de la Civilización del dinero pueden ser fácilmente neutralizadas.

Es un interrogante como toda la nota. En todo caso hablemos, discutamos, debatamos, pensemos y parloteemos  como le agradaba a   Friedrich Nietzsche.

 

Basta de alharacas y vamos al texto:

 

 

 






A tres años y algo más de un mes de la difusión en el mundo de la foto en las playas turcas de Aylan Kurdi, una demudada imagen como aquella de la niña vietnamita desnuda huyendo de las bombas en la década del 60. Ambas conmovieron al mundo. Ambas nos interpelan hoy. Ambas reparten limosnas de piedad como la moneda del burgués que deja en la mano del mendigo. Ambas hoy no escandalizan a nadie. ¿Tendría que escandalizarse alguien? 

La última mereció dos textos periodísticos fundamentales de Horacio González y José Pablo Feinmann: "Crisis del humanismo", del primero: http://vagosperonistas.blogspot.com/2015/09/crisis-del-humanismo-por-horacio.html y, "Sobre el humanismo", del segundo: https://vagosperonistas.blogspot.com/2015/09/sobre-el-humanismo-por-jose-pablo.html

Sendas notas dejaban entrever el orgullo por una realidad latinoamericana y argentina muy diferente de la europea. 

Pero hoy todos nos hemos igualados en miserias, sometimiento, carencias de libertad y ausencia de futuro. 

Feinmann pedía migajas de victoria al final de la nota, mendrugos de celebración: "Conseguir que todo sea menos brutal. Incomodarlos. Hacerles saber que sí, que acaso ganen otra vez, pero que no nos engañan. No luchan por nada trascendente. Ni por la libertad, ni por la democracia, menos aún por los derechos humanos. Mienten. Luchan por la buena salud de sus billeteras. Por el dinero y por el poder, aliados eternos"(...) "Cada paso que demos contra ella será un triunfo. Cada pequeña dificultad que le opongamos. Cada lugar donde no los dejemos entrar. Cada vida que salvemos. Cada una de estas cosas será un triunfo. Un pequeño “palacio de invierno” que no esconde a Stalin en sus entrañas. Porque no tomaremos el poder y Stalin es fruto del poder. ¿Qué poder podríamos tomar? En este mundo globalizado, en este mundo sometido al espionaje del Big Brother Panóptico, no hay Palacio de Invierno. No está en ninguna parte. El poder, en cambio, está en todas. Que cada vez esté en menos será el objetivo de nuestros pequeños-inmensos triunfos. De nuestros pequeños-inmensos sueños".

No puedo sino mirar estos párrafos con nostalgia y envidia porque fueron escritos en una época que aun dejaba una hendija hacia el futuro, una hebra de esperanza. 

¿Qué tienen la noche y la soledad en lejanas oficinas céntricas en Buenos Aires de fines de la segunda década del Siglo XXI?. 

Es la vivacidad de ciertos barrios de Buenos Aires. El resplandor de ciertos rostros juveniles. La incolumidad de ciertas decisiones. 

El temor, la falta, en barrios de casas bajas y desgarbadas. 

Los pasos apurados de madres y tías. 

¿Qué tiene la época? 

El ethos de todos nosotros.

Alguien apura su copa y deja el bar vacío. No hay entonces mozos, ni bandejas.

Debajo de una luz atronadora un abogado penalista sin pleitos fija la lectura sobre el párrafo: "El ingeniero es quien más alejado está del pensamiento jurídico romano.El conseguirá, sin duda, que su economía obtenga el derecho que le corresponde, un derecho en donde las fuerzas y los rendimientos ocupen el puesto de las personas y las cosas" -Pág.307-. Más adelante: "La dictadura del dinero progresa y se acerca a un punto máximo natural, en la civilización fáustica como en cualquier otra. Y ahora sucede algo que solo puede comprender  quien haya penetrado en la esencia del dinero. Si este fuese algo tangible, su existencia sería eterna. Pero como es una forma del pensamiento, ha de extinguirse tan pronto como haya sido pensado hasta sus últimos confines el mundo económico, y ha de extinguirse por falta de materia" -Pág.308-. Pero, llegado este punto, el dinero se halla al término de sus éxitos y comienza la última lucha, en que la civilización recibe su forma definitiva: la lucha entre el dinero y la sangre. El advenimiento del cesarismo quiebra la dictadura del dinero y de su arma política la democracia"- Pág.309-. 

Proféticas resultaron estas palabras en el fondo del Siglo XX. Sangriento fue el resultado.

Esos párrafos son de Oswald Spengler, en "La Decadencia de Occidente", Tomo IV, últimas páginas.

"Un poder solo puede ser derrocado por otro poder y no por un principio" -Ibid, pág. 309-. 

Al poder financiero no lo vamos a derrotar con principios. 
Si entendemos esto último por el cristianismo casi no ofrece resistencia. 

La soledad del Papa en el Vaticano es como la de los predicadores en las plazas, predicando en el vacío.

Pero amo los predicadores de las plazas se cifra en ellos Juan el Bautista: "voz que clama en el desierto".

El calvinismo -que no dice lo que realmente dijo Calvino- y el pentecostalismo se preocupan por el aborto y los matrimonios gay y arrojan a sus hijos a la selva impiadosa capitalista y acumulativa.

El cristianismo evangélico se parece tanto al capitalismo neoliberal. Se invirtieron los términos: el catolicismo es de avanzada.

No hay principio alguno que pueda oponerse al Poder Financiero. Solo se puede oponer otro poder, pero no el que vislumbraba Spengler, aunque sí de cepa cesareana.

El populismo tendrá que ser implacable. Las fantasías centristas frente al poder tiránico del dinero serán fácilmente neutralizadas.

Claro que es fácil también decir todo esto. Pensarlo. Pero hay que pensarlo si pretendemos futuro para nosotros y nuestros hijos.

Estas palabras parecen brutales pero no lo son tanto. Es Perón tratando organizar la comunidad. Es Jesús expulsando a los mercaderes del templo.

Hay una fantasía que cubre de evasivas a muchos de nosotros. Que es la de modernidad. Tecnologías digitales. Una oportunidad para actualizar el Peronismo. 

Nada parece más real que un gobierno peronista disciplinador del mercado financiero y del capitalismo salvaje frente a los vientos del peronismo neoliberal.

En diversos textos, León Pomer, dice que "el capitalismo no se puede abuenar". Vale la pena seguir intentándolo pero cada vez con mano más firme.

Hay que seguir pensando concomitantemente una salida del capitalismo que es sinónimo de muerte y desolación. No sabemos bien que es. Pero eso que pensábamos no es más. Eso que se designaba con el nombre de socialismo ya no es más.

El abogado penalista sin casos  toma otro libro y leé: "la acción de una libra esterlina es la base del imperialismo brítánico" -Pág.61-. Más adelante -Pág.101-: "El capital financiero es una fuerza tan considerable, tan decisiva, podría decirse, en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de someter, y en efectos somete, incluso a Estados que gozan de la independencia política más completa". Y, en la Pág. 149: "El imperialismo es la época del capital financiero y los monopolios, los cuales introducen en todas partes la tendencia  a la dominación y no a la libertad".

Lenin, "El imperialismo, etapa superior del capitalismo", editorial Anteo. Fue escrito en Zurich, en la primavera de 1916.

¿Qué humanismo podemos repartir entre nuestros hermanos en la época del capital financiero sin límites dominando nuestra patria?

Podemos profundizar sobre el "Giro linguístico" en filosofía. 

No es que uno no deba beber un vino mansamente con sus familiares o amigos. 

No es que uno no pueda escuchar: "La calle del agujero en la media", del Cuarteto Cedrón. 

Pero es la intimidad en los bares de Buenos Aires. 

Son las conversaciones y confesiones de los amigos y amigas. Es un malestar en la cultura ciudadana.

El abogado penalista sin casos bucea en otro libro -ya es madrugada-: "Lo gravísimo es que todavía no pensamos; ni aún ahora a pesar que el estado del mundo da cada vez más que pensar" -Pág.14-. Y más adelante: "Esto quiere decir ahora: que todavía no hemos entrado en presencia ni dentro del ámbito de aquello que por sí propio exige ser meditado en un sentido esencial"-Pág.15-. Heidegger, ¿Qué significa pensar?, Caronte Filosofía.

Ahora la copa de vino recobra un color sutil y penetrante. La tapa del libro es negra y en la mesa se pierde entre otros tantos, acaso inútiles, de una época donde todo se ha echado a perder.

"Para que bebamos la rubia cerveza del pescador de Schilthigheim", el verso de Tuñon. 

¿Por qué la lucidez es poética y el pensar siempre es indigente de una época indigente que arroja indigentes por todos lados?. Entonces uno sube el volumen del Cuarteto Cedrón: "Palabras sin importancia", de Homero Manzi y el Tata.

¿Enfrentaremos los poetas el poder del dinero, al poder financiero? 

Los políticos en todos lados juegan al ludo.

Como en aquella Residencia Universitaria -"San José"-  donde al terminar de almorzar la máxima alegría, antes de zambullirnos en los libros, era jugar al Tute Cabrero.

Hay que estar fuertes. No sabemos la deriva de todo esto. 

Durante siglos la tragedia de Antígona, de Sófocles, fue un licor estimulante de los filósofos, artistas y poetas. 

Extraño, la valentía de una mujer durante siglos donde los derechos de la mujer eran muy pocos. 

Ninguna  otra tragedia influyó en el pensamiento de Hegel, más que esa.

Cuando finalizaban las páginas de la noche del viernes leyó: -¡Oh, animales míos, respondió Zaratustra, seguid parloteando así y dejad que os escuche! Me reconforta que parloteéis: DONDE SE PARLOTEA, ALLÍ EL MUNDO SE EXTIENDE ANTE MÍ COMO UN JARDÍN" -Pág.299, 

"Así habló Zaratustra", Friedrich Nietzsche. 

Fin.