Mostrando entradas con la etiqueta Teología y Místicismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teología y Místicismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de abril de 2020

TEOLOGÍA Y PANDEMIA: HACIA UN CAMBIO DE MODELOS CULTURALES, Por Omar César Albado (") para Vagos y Derecho.



La pandemia del coronavirus ha tocado la fibra más profunda del orden social contemporáneo. De pronto nos dimos cuenta de que se puede vivir de otra manera, aunque hayamos tomado nota obligados por las circunstancias. Percibimos que no sólo la economía puede globalizarse, sino también un virus. Y advertimos, de hecho, que existe otro modo de vivir, otro modo de entender la existencia. De golpe el aire se volvió más limpio, el agua más transparente. Como dijo el Papa Francisco el 27 de marzo en el momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.

Después de la pandemia del coronavirus ya nada será igual en nuestro mundo. Ya no lo es. Se nos invita, con apremio, a una conversión humana, social y ecológica sin precedentes. Se nos invita a gestar un cambio de paradigma socio-cultural en el que todas y todos estamos llamados a ser protagonistas. Después de la pandemia, los economistas no podrán seguir sosteniendo con seriedad que el único camino viable es el capitalismo financiero; los políticos no podrán repetir las viejas prácticas de corrupción y estafa moral a la sociedad; los teólogos deberán revisar sus métodos y no encorsetarse en tecnicismos; la pastoral no podrá seguir sobreviviendo de la inercia de otros tiempos y de otros siglos. Se me objetará: ni la economía, ni la política, ni la teología, ni la pastoral son responsables de la pandemia. Me dirán: no es necesario revisar nada porque esto nos cayó como una desgracia, nos sorprendió sin que ninguna de estas causas actuara. Es posible. Pero la pandemia ha mostrado que existe otro modo de hacer economía, de hacer política, de hacer teología, de hacer pastoral. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, corrobora esta realidad al afirmar: “Lo que ha revelado esta pandemia es que la salud pública, nuestro estado de bienestar, no son costos o cargas, sino bienes preciosos, y que este tipo de bienes y servicios tiene que estar fuera de las leyes de mercado”. Además, de un momento a otro, la pandemia ha modificado nuestras prácticas pastorales y ha transformado nuestros ritos sagrados, no porque perdieron valor, sino porque deben adecuarse a las necesidades concretas de las personas. Se multiplicaron las misas por Facebook o Instagram, las catequesis por WhatsApp y las charlas espirituales por YouTube. La necesidad de llevar consuelo a las personas obligó a definir, en la práctica y sobre la marcha, el concepto de participación en la liturgia. Quiere decir que Dios se puede hacer presente de múltiples modos que antes, si bien no eran negados, eran relativizados y puestos en duda.

Si pensamos que cuando pase la pandemia volveremos a la normalidad de nuestras prácticas, sería una desilusión porque significaría que no aprendimos nada de lo vivido. Estamos ante un desafío histórico que requiere un salto audaz de nuestra libertad. Ante la Plaza San Pedro vacía y, paradójicamente, ante miles de ojos y oídos que lo seguían en el mundo entero desde una pantalla, Francisco decía el 27 de marzo dialogando con Dios: “Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. Sin duda, la pandemia no es un castigo divino. No es la manifestación de la ira de un Dios descontento con la humanidad. Pero sí es el momento en el que los pueblos y las personas tenemos que decidir qué camino tomar. Estamos a tiempo. Ya no se trata sólo de nuestra querida Amazonia, sino de nuestro amado mundo, el único que tenemos para habitar.

¿Qué aporte puede hacer la teología y los teólogos? ¿Cómo puede la teología ayudar a separar lo que es necesario de lo que no lo es? ¿Cómo puede la teología ayudar a vivir este momento de muerte y dolor? ¿Cómo puede aportar un sentido al presente y una novedad hacia el futuro? En esperanza, y retomando una reflexión que enraíza en los primeros atisbos de cristianismo, pienso que la teología puede desenmascarar las representaciones idolátricas de Dios y profundizar en la humanización de lo humano. Dos temas íntimamente unidos.

El Dios de Jesucristo no se deja encasillar en esquemas ni cristalizar en instituciones. Es la vieja tentación de pensar que Dios se agota en una cultura. El Papa Francisco lo ha dicho a su manera: “El cristianismo no tiene un único modo cultural, sino que… llevará consigo también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado” (EG 116). Porque el cristianismo no es una serie de conceptos o de definiciones sobre Dios o un conjunto de normas a seguir, sino la adhesión por la fe a la persona de Jesucristo, quien nos ha revelado al Padre. La fe en Jesucristo es la que inspira un comportamiento o la que reconoce la conveniencia de crear una institución. Ambas tendrán sentido mientras traslucen a Jesucristo, Hijo del Dios vivo, y dejarán de tenerlo si se creen los primeros actores y olvidan a su Maestro. Si esta premisa está presente en nuestras vidas, tendremos a mano un criterio de discernimiento claro y permanente para revisarnos. Será el primer antídoto contra la tentación de generar una representación idolátrica-ideológica de Dios.

Las narraciones evangélicas muestran a Jesús recorriendo incansablemente las ciudades y las comarcas de su región. Nadie se iba de su lado sin una palabra de consuelo o un gesto amoroso que le cambiara la vida. Porque ese es el efecto que producen las palabras y los gestos de Jesús: transforman la vida. No son huecos o de compromiso. Los que se encuentran con él encuentran otro rostro de Dios y otra manera de ser humano. Las palabras y los gestos de Jesús curan a las personas de sus enfermedades; invitan a compartir sus bienes con los pobres; rompen las fronteras políticas, culturales y religiosas; ponen en evidencia la hipocresía de la casta sacerdotal y cualquier hipocresía tras la cual se quiere ocultar el ser humano; impelen a reconocer a los marginados de la sociedad como hijos de Dios. Situaciones y actitudes provocadas por el encuentro con Jesús, el Dios hecho hombre.

Jesús se relaciona con todo aquel que se cruza en su camino. Con los escépticos, con los que lo aman, con aquellos que lo odian hasta matarlo. A nadie rechaza, con todos dialoga, a todos les pone el cuerpo. Las curaciones que realizó implicaron un desgaste de energía inusual, una entrega en cuerpo y en espíritu que no admite reservas ni especulaciones. Los sufrimientos de su pasión y de su muerte en cruz suponen la desazón de un cuerpo que nunca perdió su confianza en Dios. El cuerpo de Jesús no es un accidente que podamos poner en segundo plano. Allí está Dios. Dios obra en él y por él, porque es el templo del Espíritu (cf. 1 Cor 3,16; 6,19). Dios es espíritu y pone el cuerpo en su Hijo Jesús para mostrarnos la intensa interpenetración de lo divino y lo humano. Sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, atravesado por el amor de Dios que todo lo puede y todo lo une.

Jesús no estuvo nunca quieto. Llevó su cuerpo y su espíritu a todos los rincones de su patria y del extranjero. Fue un peregrino que mostró a Dios en una humanidad concreta. Peregrinar para Jesús es un acto de amor. No camina entre la gente reclutando prosélitos. No busca adherentes para provocar una revolución y derrocar al Imperio Romano. Ni siquiera se presenta a sí mismo como un reformador religioso. El centro de su misión consiste en recordarles a todas las personas, sin distinción de ninguna clase, que son hijos de Dios. Que pueden rezarle a Dios llamándolo abbá y que él los escuchará. Que para eso no tienen que pedirle permiso a nadie. Que el poder está en la fe de ellos, en la que se anida en su corazón y deben despertar. Una fe que es de cada uno de ellos como sujeto y que se vuelve poder transformador cuando se expresa en el sujeto comunitario que es el pueblo. Jesús no necesita ser revolucionario o reformador religioso porque él atraviesa esas realidades, las sobrepuja y las transforma. Por eso Jesús es un peregrino. Porque para contarles a las mujeres y a los hombres esta buena noticia hay que encontrarse con ellos, mirarlos a la cara, escucharlos, reconocerse en sus pobrezas y en sus limitaciones. Nada de eso se alcanza sentado en un trono o en un escritorio. Hay que ir a proclamarlo en primera persona.

Los primeros y grandes beneficiarios de esta buena noticia son los pobres, aquellos que viven marginados por todas las expresiones del poder. Jesús les devolvió la fe. De ningún modo les vendió una resignación barata. Eso lo hace la religión cuando alcanza su peor expresión y con sus exigencias normativas excluye a las personas, impidiéndoles expresar su fe personal y comunitariamente. Jesús les mostró que Dios está al alcance de la mano (cf. Rom 10,8-10) y que sobre Dios ninguna institución tiene el monopolio. En todo caso, las instituciones religiosas deben facilitar el acceso a Dios para celebrar el don de la fe como pueblo. [El Papa Francisco dijo: “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG) 47].

Jesús, el Dios encarnado, es un hombre pobre y trabajador. No anhela las riquezas y critica el afán de pensar sólo en el lucro económico. No porque la riqueza sea mala en sí misma, sino porque ella inventa argumentos “razonables” para que no amemos a Dios y al prójimo con un corazón indiviso. En eso consiste su malicia y su engaño, su trampa más sutil. Jesús nunca critica que el hombre gane el pan con el sudor de su frente, pero sí enseña que no puede servir a dos señores al mismo tiempo (o se sirve a Dios o se sirve al Dinero, Lc 6,13), que el sol sale para justos y pecadores (cf. Mt 5,45) y que todo lo que existe en la creación nos pertenece y ningún bien está privatizado (cf. 1 Cor 3,21-23).

Jesús confía en las personas. Sabe que son frágiles, endebles, egoístas, traicioneras… Pero cuando está entre ellos ve a una multitud que vaga por la tierra como ovejas sin pastor y se compadece (cf. Lc 9,36). Su mirada no se deja ganar por el pesimismo y apuesta por hacer el bien, porque cada uno de los que conforman esa multitud que tiene delante fue creado a imagen de Dios. Y Dios vio que era bueno (cf. Gn 1,26-27). Y lo que Dios vio que era bueno, ¿por qué Jesús lo va a mirar con otros ojos? Y entonces reúne a la gente, le enseña, la cura. Confía en las personas, pero no ingenuamente. Las llama a ser responsables, a decidir por sí mismos. No obliga a nadie a creer y nadie será curado contra su voluntad o recurriendo a una estrategia mágica. El único argumento que atrae a las personas es que Jesús es creíble. Y Jesús toma esa fe y la convierte en un acto de libertad en el que quedamos cara a cara con nuestro creador. El teólogo belga Christoph Theobald dice que la credibilidad de Cristo consiste en que “tiene un respeto absoluto del receptor, como Pablo. Nunca dice a sus interlocutores: «Soy yo quien te ha salvado», sino «Tu fe te ha salvado» (Mc 5,34, entre otros). En el fondo, este Jesús se deja sorprender por lo que su Evangelio produce en el otro… Él escucha el Evangelio de Dios por boca de la hemorroísa o por los gestos más simples de la gente que lo rodea”.

Y si Jesús confía en las personas, ¿por qué no hacer nosotros lo mismo? ¿Por qué no recuperamos colectivamente el estilo de Jesús y nos devolvemos la fe que nos une a Dios los unos a los otros? Esta es una tarea que involucra a las instituciones y a cada uno de nosotros. No vale oponer, sino complementar. Hace años que sabemos que la historia entró en una nueva etapa con un paradigma cultural inédito. No hace falta que nos lo cuenten los libros. Lo experimentamos en carne propia. Y entonces, ¿por qué nos empecinamos en repetir esquemas viejos en un paradigma nuevo, en donde no encaja y los repele? ¿Qué seguridades defendemos al proceder así? ¿A qué le tememos cuando sostenemos premisas espirituales que no sólo alejan a las personas, sino que las confirma en su indiferencia?

El filósofo francés Maurice Bellet ha planteado con lucidez la necesidad de recuperar nuestra fe en lo humano. No de un modo ingenuo, sino reconociendo que el ser humano es imagen de Dios y que, sin lugar a duda, Dios habita en él. Por tanto, no será necesario “agregar” a Dios para creer en el hombre porque Dios está en él. Dirá Bellet: “Dios está allí; no tiene necesidad de aparecer”. No pensamos rápido en el peligro de caer en el panteísmo. Démonos la oportunidad de considerar a Dios y al hombre como íntimos compañeros de camino. No ignoramos que en el hombre está la causa de la violencia y de la opresión. Pero, ¿qué ganamos insistiendo sólo en eso? ¿No es mejor intentar superar la violencia con el amor? ¿No está dicho que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Rom 5,5)? ¿No radica allí nuestro poder más profundo? ¿Por qué no potenciar esa realidad en nuestras existencias concretas? ¿Qué pasaría si, en lugar de odiar a los que nos odian haciéndonos cómplices de su violencia, los amáramos como si se tratara de nosotros mismos para que nos ayudemos mutuamente a liberarnos de la violencia que los esclaviza? (cf. Mt 5,38-48).

Jesús nos devuelve al Dios vivo y verdadero. Ese Dios que las religiones y las ideologías falsearon hasta convertirlo en una caricatura idolátrica y vacía. Ese Dios nos da otra oportunidad para que las religiones y las ideologías recuperen su papel de mediación y de sanación. Jesús nos conduce a encontrarnos con lo humano más humano. Con ese prójimo que es mi hermano y con el cual debo caminar. Jesús ha dejado plantada en el centro de la historia esta certeza: me basta que sea humano para que sea mi hermano.

En tiempos de pandemia ya nada es igual y nos obliga a pensar de otra manera. Como dijo el Papa Francisco, no es el momento del juicio final de Dios, sino el tiempo de nuestro juicio, el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que no.

Cierro con unas palabras de Bellet: “La fe [en lo humano] es relación, y esa relación sólo es real cuando es actual, no a través de una imagen, sino a través de una presencia: la presencia del otro humano, mi prójimo. Creer en él es percibir en el otro la existencia de lo que me permite abandonar la violencia que hay en mí. Es verlo y escucharlo como portador de esa humanidad que me desborda y que, sin embargo, se manifiesta en esta relación concreta, aquí y ahora, donde me hago prójimo del otro, mi prójimo”.

Y esto sólo puede vivirlo quien de verdad cree en Dios y en la humanidad.




(")Profesor Facultad de Teología (U.C.A.)

Director de la Especialización en Doctrina Social de la Iglesia

lunes, 9 de marzo de 2020

ERNESTO CARDENAL (1925-2020), POETA, MÍSTICO, REVOLUCIONARIO, POR FREI BETTO


En 1987, Afonso Borges organizó como primera actividad del Proyecto Sempre Um Papo (Siempre una conversación), de Belo Horizonte, el lanzamiento de mi novela O dia de Ângelo, en el restaurante La Taberna de esa ciudad. Le conté a Afonso que el año siguiente Ernesto Cardenal iría a Minas. Afonso lo invitó a pronunciar una conferencia en el Cabaré Mineiro, un restaurante que de cabaré solo tenía el nombre y que había comenzado a ser sede de Sempre Um Papo. Cardenal, exmonje trapense, le contestó: “¿Pero en un cabaré?...”

Conocí a Cardenal en 1978, en su trinchera de guerrillero sandinista: en el fondo de una de las seis librerías que rodeaban la Universidad Nacional de Costa Rica. Ya lo admiraba por su obra. Su En Cuba, un relato de su viaje a la isla en 1970, había pasado de celda en celda en mis tiempos de cárcel en Sao Paulo, entre 1969 y 1973.

Cardenal, hijo de una de las familias más ricas de Nicaragua, prefirió no seguir el camino de su hermano Fernando, quien ingresó en la orden de los jesuitas. En 1957, el joven poeta se convirtió en monje trapense en los Estados Unidos. Durante dos años tuvo como maestro de novicios al místico y escritor Thomas Merton. Al abandonar la vida monástica, estudió teología en Medellín y en 1965 fue ordenado sacerdote en Managua. Identificado con la Teología de la Liberación, se fue a vivir a la isla paradisíaca de Solentiname, en el lago al sur de Nicaragua, donde compartía la vida comunitaria de pescadores y campesinos.

Ernesto no tenía nada de la figura estereotipada de un revolucionario. Era de pequeña estatura y hombros anchos, y tenía una manera tímida de acercarse a las personas y unos ojos vivos detrás de los anteojos blancos encima de la sonrisa suave; se diría que se trataba de un monje ingenuo y despreocupado a no ser por la boina azul, semejante a la del Che, de la que salían mechones plateados que caían sobre sus orejas y su nuca. Su chaqueta verde, sobre la sotana blanca, se parecía a la de los oficiales cubanos.

Su función en el Frente Sandinista era viajar por el mundo a fin de denunciar los crímenes de Somoza y obtener apoyo político para la causa. Le pregunté cómo conciliaba la contemplación con la actividad revolucionaria. “No se oponen. Se puede trabajar por la revolución siendo contemplativo. En el sentido tradicional, existe una dicotomía entre acción y contemplación. Pero yo vivo la contemplación en la acción”. Y añadió: “El único mensaje del Evangelio es la revolución, a la que llama Reino de Dios. Es la exigencia de superar todas las señales de pecado, injusticia y opresión, hasta que solo el amor sea posible”.

Inquirí sobre el carácter de su obra poética. “En un poema que le dediqué a Don Pedro Casaldáliga digo que escribo por la misma razón que los profetas bíblicos, que hacían de la poesía una forma de denuncia de las injusticias y de anuncio de un nuevo tiempo”.

En febrero de 1979 volvimos a encontrarnos en Puebla, México, durante la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Cardenal convenció allí a los obispos de todo el continente de que firmaran una carta contra la dictadura somocista.

El 19 de julio de 1980 participé como invitado oficial en la conmemoración del primer aniversario de la Revolución sandinista. Allí volví a encontrarme con Cardenal, que había sido nombrado ministro de Cultura. Cinco años después participó en la Habana en el lanzamiento de Fidel y la religión, junto a Fidel, Gabriel García Márquez y Chico Buarque.

Durante la década de 1980 asesoré al movimiento sandinista, que reunía a cristianos y comunistas ateos, en las cuestiones relativas a la educación popular y la relación entre marxismo y cristianismo. Fue entonces que Cardenal me propuso que organizáramos un movimiento de jóvenes llamado MIRE (Mística y Revolución). La idea nunca prosperó, excepto en Brasil, donde el movimiento tuvo su fase más significativa a inicios de la década de 2000, y aún hoy mantiene núcleos en algunas regiones del país, principalmente en el Nordeste. La propuesta consiste en vincular la espiritualidad mística, cultivada mediante la meditación, con el compromiso de transformar la sociedad.

En su visitas a Nicaragua en 1983, el papa Juan Pablo II se negó a tenderle la mano a Cardenal, ministro de Cultura, que formaba parte de lacomitiva cortejo oficial de bienvenida. En público, lo reprendió y humilló, y en 1985 lo suspendió de sus funciones sacerdotales. El papa Francisco lo rehabilitó en 2019.

En 1994 Cardenal rompió con el Frente Sandinista por considerar que el gobierno de Daniel Ortega ya no era coherente con los principios revolucionarios ni estaba en sintonía con las ansias populares.

La última vez que nos vimos fue en La Paz, en 2008, cuando se reunieron intelectuales y artistas latinoamericanos para manifestar su apoyo al gobierno de Evo Morales.

Cardenal era un poeta consagrado internacionalmente, merecedor de varios premios literarios importantes. Uno de sus versos más famosos es el siguiente epigrama dedicado a Claudia: “Al perderte yo a ti, tu y yo hemos perdido: / yo, porque tú eras lo que yo más amaba, / y tú porque yo era el que te amaba más./ Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo: / porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, / pero a ti no te amarán como te amaba yo”.

Su poema Cántico cósmico, publicado en 1990 tiene nada menos que 600 páginas. Describe primorosamente la evolución del Universo y toda la magnitud estética de la Creación, lo que llevó al escritor Sergio Ramírez a calificar la obra de Cardenal de “poesía científica”.

La obra se inicia con estos versos: “En el principio no había nada / ni espacio / ni tiempo. / El Universo entero concentrado / en el espacio del núcleo de un átomo, / y antes aún menos, mucho menor que un protón, / y aún menos todavía, un infinitamente denso punto matemático. / Y fue el Big Bang. / La Gran Explosión.”

Y así termina su poema más extenso: “¿Y qué vemos cuando miramos el cielo nocturno? / En la noche vemos simplemente la expansión del universo. / Galaxias y galaxias y más allá galaxias y más allá cuásares. / Y más atrás en el espacio no veríamos ni galaxias ni cuásares, / un muro oscuro, antes del instante en que el universo / se volvió transparente. Y más antes, / ¿qué veríamos finalmente? / Cuando no había nada. / En el principio…”


Frei Betto es autor, entre otros libros, de A obra do artista – uma visão holística do Universo (José Olympio).

www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.


Traducción de Esther Perez

Copyright 2020 – Frei Betto - 


QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 

Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.




viernes, 30 de agosto de 2019

EL CRISTO CÓSMICO Y LOS MUCHOS "CRISTOS" EN LA HISTORIA, Por Leonardo Boff


El proceso de planetización ha puesto a las religiones en contacto unas con otras y ha mostrado cómo podemos ser religiosos de las más diferentes formas. Esta situación nueva plantea la cuestión referente a la figura de Jesús, a quien se cree Cristo y salvador universal. ¿Cómo situar a Jesús al lado de otros, considerados por sus pueblos como portadores también de salvación?

El Cristianismo no es una cisterna de aguas muertas. Tiene la naturaleza de un organismo vivo que crece y se enriquece en diálogo con lo diferente. Ahora tiene la oportunidad de revelar virtualidades que hasta hoy estaban latentes. Debe mostrarse no un problema sino una cosa buena.

Queremos concentrarnos en la significación del Cristo cósmico. Él es visto como algo dado que se está formando lentamente dentro del cosmos. Se densificó en el hombre Jesús de Nazaret. ¿Pero agotó en él todas sus virtualidades o bien otras figuras pueden ser también expresiones de este Cristo cósmico que está dentro de la creación?

Actualmente nos estamos acostumbrando cada vez más a entender todos los fenómenos como emergencias del universo en evolución. Así, las figuras de Jesús, Sidarta Gautama y otros, antes de aparecer en la historia humana, estaban en gestación dentro del universo. Todo el universo se organizó de tal manera que creó las condiciones para su formación y surgimiento. Lo que irrumpió en ellos no se convirtió en monopolio personal. Así podemos decir que el Jesús histórico emerge como una expresión singular del Cristo cósmico presente en el proceso de la evolución. El Jesús histórico no agotaría todas las formas posibles de manifestación del Cristo cósmico. Algo similar ocurre con Sidarta Gautama.

Pertenece a la comprensión cristiana decir: todo ser humano ha sido tocado por el Hijo de Dios encarnado. Lo que se atribuye a Jesús, por tener nuestra naturaleza, se puede atribuir de una manera propia a cada ser humano, formado a lo largo de millones de años de historia cósmica.

Concretamente, en él y en Buda están presentes todas las energías y los elementos fisicoquímicos que se forjaron en el corazón de las grandes estrellas rojas antes de que explotaran y lanzaran por todo el universo tales elementos, como fósforo, calcio, hierro y otros.

Dado que el universo no sólo tiene exterioridad sino también interioridad, podemos decir que su profundidad psíquica está habitada por los movimientos más primitivos del inconsciente colectivo con sus arquetipos ancestrales. Sin estas determinaciones no serían tan concretos como lo fueron.

Detengámonos brevemente en la figura de Jesús, pues él forma parte de nuestro hogar espiritual.

Pierre Teilhard de Chardin (+1955) vio la inserción cósmica de Jesús, llamado Cristo, y acuñó el término “crístico” distinguiéndolo de “cristiano”. Lo “crístico” es un dato objetivo de la creación en evolución. Cuando llega a la conciencia en el ser humano Jesús, lo “crístico” se convierte en “cristiano”, que es lo “crístico” concientizado.

En otras palabras, el Jesús histórico no agota todas las posibilidades contenidas en lo “crístico”. Lo “crístico” irrumpió en Jesús, pero también puede surgir en otras figuras y se encuentra en la raíz de todo ser.

Para entender tales afirmaciones necesitamos aclarar la palabra “Cristo”. No es un nombre sino un adjetivo que se le atribuye a una persona. “Cristo”, en griego, o “Mesías”, en hebreo, significan “ungido”. “Ungido” es la persona designada para realizar una misión particular. El rey, los profetas, los sacerdotes eran “ungidos” para desempeñar sus misiones específicas. Pero cada persona individual también es un “ungido” pues tiene su lugar en el plan divino. Jesús fue llamado el “Cristo-ungido” debido a su obra redentora y liberadora, realizada de manera ejemplar.

El budismo conoce un camino semejante. Primero existió Sidarta Gautama, el ser histórico que vivió seiscientos años antes de Cristo. A través de un proceso de internalización y ascesis llegó a la “iluminación”, que es una inmersión radical en el Ser. Luego comenzó a ser llamado “Buda”, que significa el “Iluminado”. Pero esta iluminación ―ser Buda―, no es monopolio suyo. Se ofrece a todos. Existe, por lo tanto, la “budeidad”, esa realidad radical que puede autocomunicarse de muchas maneras con las personas. Buda es una manifestación de la “budeidad”, que es la más pura luz, la esencia del Sin Nombre. Es un “ungido”.

Como podemos ver, el contenido concreto de “Cristo” y de “Buda” remite a la misma realidad “crística”. Ambos revelan al Ser que hace todo lo que existe. Sidarta Gautama es una manifestación del Cristo cósmico como lo es también Jesús de Nazaret. O Jesús de Nazaret es un “Iluminado” como Buda.

Expresiones singulares del Cristo cósmico o de la Iluminación son figuras como Krishna, Francisco de Asís. Mahatma Gandhi, el Papa Juan XXIII, Mons. Hélder Cámara, la Madre Teresa de Calcuta, la Hermana Dulce... entre tantos y tantas. No agotan las posibilidades de esta sublime realidad “crística”, que se da en todos. Pero en estas personas alcanzó tal densidad, que se convirtieron en referencias y arquetipos-guía para muchos.

El conocido maestro yogui de Brasil, Hermógenes, ya fallecido, sin caer en el sincretismo fácil, a partir de una profunda experiencia espiritual de unidad con el Todo, creó la siguiente fórmula como “Gloria al Uno”:

“Pedí la bendición a Krishna y Cristo me bendijo. Oré a Cristo y Buda me atendió. Llamé a Buda y Krishna me respondió”.








miércoles, 5 de junio de 2019

EL CARDENAL ELECTRICISTA, Por Frei Betto

Frei Betto
 Me encontraba en Italia cuando un edificio de Roma, en la Vía Santa Croce, ocupado por 450 personas, entre ellas un centenar de niños, se quedó varios días a oscuras debido a una deuda de 300 000 euros con la empresa eléctrica. No obstante, volvió a tener luz gracias a las habilidades de electricista del cardenal Konrad Krajewski. Este simplemente entró al sótano del edificio donde se encuentra la toma eléctrica, quitó los lacres y la puso a funcionar.

Perrini, uno de los ocupantes, contó: “El cardenal, que ya había sido nuestro huésped, porque viene a cuidar de los ancianos, los enfermos y los niños que viven aquí, llegó el sábado por la tarde, alrededor de las 5 p.m., a bordo de una camioneta llena de regalos para los niños. Sabía que estábamos sin electricidad desde hacía tres días. Así que llegó, llamó por teléfono a Acea (la empresa eléctrica) y a la alcandía de Roma para pedir que reconectaran la electricidad a las 8 p.m., y que de no hacerlo él mismo la reconectaría. Alrededor de las 8: 15, el cardenal volvió, nos explicó que sabía de energía eléctrica porque, antes de ser padre, en Polonia, había trabajado en el sector, y llamó de nuevo a las autoridades municipales para manifestarles su intención. Después entró en el sótano donde queda nuestra instalación eléctrica, hizo algunas maniobras, como se dice en la jerga eléctrica, y volvió la luz. Yo realmente no sé cómo lo hizo, pero lo hizo.”

El ministro Salvini, que está al mando de la política italiana, se encolerizó por el atrevimiento del cardenal y declaró que “ahora debe pagar las cuentas atrasadas”.

Krajewski, por su parte, declaró: “Intervine personalmente para reconectar los relojes. Fue un gesto desesperado. Había más de 400 personas sin electricidad, con familias, niños, sin siquiera la posibilidad de mantener los refrigeradores funcionando”.

El cardenal polaco, de 55 años, es el principal asesor del papa Francisco en el tema de la atención a los pobres. Cedió su apartamento en Roma para alojar a una familia refugiada de Siria y se fue a dormir a la habitación que le sirve de oficina.

Por las noches, recorre la capital italiana conduciendo un camión repleto de alimentos, ropas y mantas para distribuirlos entre las personas que duermen a la intemperie. Fue él quien se encargó de mandar a construir, por orden del papa, instalaciones sanitarias, incluidas duchas y barberías, para uso de los mendigos que deambulan alrededor del Vaticano con la esperanza de recibir algún dinero de peregrinos y turistas.

En la conferencia que pronuncié sobre la coyuntura política brasileña junto a Jessé de Souza en la Universidad Lumsa, en el Vaticano, me preguntaron qué me parecía la actitud del cardenal. Respondí que no encontraba nada de extraño en el hecho de que un cardenal, discípulo de un carpintero palestino, fuera electricista. Extraños son los cardenales que se consideran príncipes, viven en palacios y gastan fortunas en sus ropajes eclesiásticos.

La institución cardenalicia es una herencia del Imperio Romano, no tiene su fundamento en la comunidad apostólica creada por Jesús. Siempre me pregunto si fue la Iglesia la que convirtió a Constantino en el siglo IV o si fue el emperador quien convirtió a la Iglesia en una institución monárquica que, a lo largo de la historia, muchas veces ha cambiado su servicio evangélico por la pompa del poder.

El emperador les otorgaba el título de cardinalis a generales y prefectos pretorianos. Los cardenales son los senadores de la Iglesia, y su función es elegir y asesorar al papa. Hasta el siglo XII el papa era electo por el clero y los fieles de Roma.

El color predominante de los trajes cardenalicios es el rojo, también usado otrora por los senadores romanos. En la Iglesia, simboliza la disposición a derramar la propia sangre en defensa de los valores evangélicos. Pero no todos los cardenales se muestran dispuestos a seguir el camino de Jesús como lo hizo el cardenal Paulo Evaristo Arns, arzobispo de Sao Paulo, quien asumió sin temor la defensa de las víctimas de la dictadura entre los años 1969 y 1985. Muchos prefieren las pompas imperiales a las sandalias de los pescadores. Por eso se oponen abiertamente a las reformas del papa Francisco, empeñado en desclericalizar la Iglesia y librarla de la corrupción sexual y financiera.

Frei Betto es autor, entre otros libros, de Um homem chamado Jesus (Rocco).

twitter:@freibetto.

Traducción de Esther Perez

Copyright 2019 – Frei Betto - 


QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 


Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.

lunes, 29 de abril de 2019

ESTRELLA DE LA MAÑANA por Claudio Javier Castelli


         




                                          A Jacobo Fijman
                                                                  In memoriam


Tu ungüento es el aroma de la mañana,
el  soplo transparente
que pone pausa en la naturaleza.

¿Quiénes vendrán hacia mí
de todos los puntos cardinales de la tierra?

¿Quiénes?

¿Los que sufren opresión y desensillan
todas las maldades?

¿Los alegres bandoleros
hurtadores del puñado de tierra
donde estaban reunidos
los diversos colores?

¿Quién ha creado el destruidor
para destruir?

¿Los  que predican 8 horas
un viernes santo?

¿Nosotros suplicantes de migajas
de la Ciudad Nueva?

¡Oh Estrella de la Mañana!
no debiste entrar por la puerta del pueblo
sino por las escolleras
donde los sacerdotes y pastores toman
las cintas de las águilas
para dejarlas a los pies de los ángeles.

¿Quiénes vendrán?

Sólo los esperadores de prodigios
y señales
volverán sobre sus pasos.

Los vientos y las aguas amainan;
nadie sabe lo que ha recibido
de la Estrella de la Mañana,
sí, en la gruta de nuestros padres.

El anunciador de los pensamientos.

¿Cuánto tiempo pasará
para transformar la llama,
el cordero y el perro?

Todos y todas,
incluso los elegidos,
recibirán misericordia.


Semana Santa de 2019.-





viernes, 12 de octubre de 2018

LA PEDOFILIA, CRIMEN ABORRECIBLE, Por Frei Betto


Al visitar Chile en enero de este año, el papa Francisco recibió denuncias de abusos sexuales cometidos por padres y obispos. Estos lo convencieron de que las acusaciones no procedían. Las víctimas reaccionaron. Entonces el papa envió emisarios a Chile para investigar las denuncias. Se llegó a la conclusión de que las acusaciones eran verídicas y de que algunos obispos habían realizado esfuerzos para encubrir los delitos.

Francisco llamó a Roma a todo el episcopado chileno y le exigió una autocrítica penitencial y la renuncia colectiva. Ahora se analiza minuciosamente la situación de cada obispo para decidir si mantenerlo o no al frente de su diócesis.


Un escándalo idéntico se produjo en la Iglesia de Pennsylvania, en los Estados Unidos. Al menos 301 padres abusaron de más de mil niños. El papa emitió una dura misiva sobre el tema: “Es esencial que seamos capaces, como Iglesia, de reconocer y condenar, con dolor y vergüenza, las atrocidades perpetradas por personas consagradas, clérigos y todos aquellos a quienes les confiamos la misión de velar por los más vulnerables y cuidar de ellos.” Y, por primera vez, un pontífice califica de “crimen” la pedofilia, y nos llama a juntar fuerzas “para extirpar esa cultura de muerte”.


Las denuncias de pedofilia en la Iglesia Católica comenzaron a salir a la luz en el pontificado de Juan Pablo II. Ese crimen ocurre también en muchas otras instituciones que tienen que ver con niños y jóvenes y, sobre todo, en el ámbito familiar, donde se calla por miedo y vergüenza.


Es hora de que la Iglesia Católica enfrente las causas de la pedofilia eclesiástica, más allá de comprobar las denuncias y castigar con rigor los casos comprobados, incluida la indemnización a las víctimas. Una de las causas es la falta de una cuidadosa selección de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa. No se debaten cuestiones relativas a la sexualidad, como si la supuesta vocación sacerdotal de un joven fuera un certificado de propensión al celibato y la castidad.


En la Iglesia, el énfasis excesivo en el mito de la pureza y la exaltación de la virginidad hace que la sexualidad parezca un error de Dios. Como si los santos, tan venerados, no hubieran nacido de la relación sexual entre un hombre y una mujer. Hasta el papa Francisco, tan esclarecido, se muestra heredero de una formación homofóbica, al sugerir, al regreso de su visita a Irlanda, que las señales de homosexualidad en la infancia pueden merecer una “ayuda psiquiátrica”.


Ante esa situación, adopté la iniciativa, en apoyo a la comunidad LGBTTI, de publicar la cartilla popular titulada “Sexo, orientación sexual e ‘ideología de género’”, en la que trato abiertamente esos temas. Mientras más se escamotea la cuestión de la sexualidad en la Iglesia, más se favorecen las actitudes aborrecibles.


Es espantoso ver a padres y obispos gay pronunciar sermones homofóbicos y hablar del sexo varados en la teología de la Edad Media. Todavía hoy, la doctrina oficial católica reza que, en el matrimonio, a la pareja solo se le permite mantener relaciones sexuales con la intención de procrear…


Mi profesor de Teología Moral, al abordar esa formulación, señalaba: “Eso no es teológico, es zoológico”. Y sabemos que incluso entre los animales, en especial los mamíferos, existe la intimidad física motivada solo por el afecto.


A pesar de todo el sufrimiento causado, espero en Dios que el escándalo de la pedofilia saque a la Iglesia del clóset del moralismo farisaico para adoptar la actitud de Jesús, quien, sin canonizar el celibato, escogió para dirigir a la comunidad de los apóstoles a Pedro, un hombre casado a cuya suegra Jesús curó (Marcos 1,30).


Como en la Iglesia primitiva, el celibato debería ser optativo. Y las mujeres, tan bienvenidas en la comunidad de Jesús (Lucas 8,1-3), deberían tener acceso al sacerdocio y a las funciones jerárquicas. Es bueno recordar que la primera que anunció públicamente que Jesús era el Mesías fue una mujer, la samaritana del pozo de Jacob. Y que el primer testigo de la resurrección, que le comunicó el hecho a los apóstoles, fue otra mujer: María Magdalena.


Frei Betto es autor, entre otros libros, de Um homem chamado Jesus (Rocco).

www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

Traducción de Esther Perez


Copyright 2018 – Frei Betto -

QUIÉN ES FREI BETTO


El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 

Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.













martes, 18 de septiembre de 2018

UN PROBLEMA NUNCA RESUELTO: EL SUFRIMIENTO DE LOS INOCENTES, Por Leonardo Boff


Siguiendo de cerca la creciente violencia en Brasil y las verdaderas masacres de indígenas y de pobres en las periferias, y más aún, viajando recientemente por América Central, quedé impresionado en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y otros países de la región por los relatos de masacres ocurridas en el tiempo de las dictaduras militares, masacres de pueblos enteros, de catequistas o de campesinos que tenían la Biblia en casa. Lo que hubo entre nosotros, en Argentina y en Chile durante el tiempo asesino, bajo la égida de las fuerzas militares, es también para aterrorizarse.

En la actualidad, dada la crisis económico-financiera, hay millones de personas que pasan hambre, niños hambrientos muriendo y gente en la calle pidiendo centavos para comer cualquier cosa. Pero lo que más duele es el sufrimiento de los inocentes. También el de los millones de pobres y miserables que sufren las consecuencias de políticas económicas y financieras sobre las que no tienen ninguna influencia. Son víctimas inocentes, cuyo grito de dolor sube al cielo. Dicen las Escrituras del Primer y del Segundo Testamento que Dios escucha sus gritos. Uno de los profetas llega a decir que las blasfemias que profieren por causa del dolor, Dios las escucha como súplicas.

En este momento hay un manto de dolor que cubre todo nuestro país, Brasil, con alguna esperanza de que las elecciones nos traigan líderes cuyas políticas sociales hagan al pueblo sufrir menos, o no sufrir más, y hasta volver a sonreír. ¡Cuánto se agradecería!

Pero el sufrimiento de los inocentes es un eterno problema para la filosofía y sobre todo para la teología. Seremos sinceros: hasta hoy no hemos identificado ninguna respuesta satisfactoria por más que grandes nombres, desde Agustín, Tomás de Aquino, Leibniz, y hasta Gustavo Gutiérrez entre nosotros, intentaran elaborar una teodicea, es decir un esfuerzo para no ligar a Dios al sufrimiento humano. La culpa estaría sólo de nuestra parte. Pero en vano, pues el sufrimiento continúa y la pregunta sigue sin tener respuesta.

Tal vez, la cuestión, siempre replanteada después por los grandes pensadores, como Russel, Toynbee y otros, fue formulada en primer lugar por Epicuro (341-270 aC) y recogida por Lactancio, cristiano y consejero de Constantino (240-320 aC), en su tratado sobre La ira de Dios. La cuestión se plantea así: «O Dios quiere eliminar el mal y no puede –y entonces deja de ser omnipotente y ya no es Dios–, o Dios puede suprimir el mal y no quiere –y entonces no es bueno, deja de ser Dios y se transforma en un demonio–». En ambos casos de la disyuntiva permanece la pregunta: ¿de dónde viene el mal?

El judeo-cristianismo responde que viene del pecado humano (original o no), y que nosotros somos los causantes de Auschwitz, de Ayachucho y de las grandes masacres de los colonizadores ibéricos en el nuevo Continente. Pero la respuesta no convence. Si Dios predijo el pecado y no creó condiciones para evitarlo es señal de que no es bueno. Pero si hizo todo lo posible para evitar el pecado y no lo consiguió, entonces es prueba de que no es omnipotente. En ambos casos no sería Dios. Y así caemos en la misma cuestión de Epicuro.

Las teólogas eco-feministas critican esa formulación entre impotencia y falta de bondad como patriarcal y machista, pues tales atributos de omnipotencia y bondad serían atributos masculinos. Lo femenino siente y piensa diferente, más en la línea de los profetas y de Jesús. Estos criticaban una religión sacrificial en nombre de la misericordia: “quiero misericordia y no sacrificios” suena en su boca. La mujer está ligada a la vida, a la misericordia con quien sufre y sabe mejor identificarse con las víctimas.

Se argumenta entonces: Dios es tan bueno y omnipotente que puede renunciar a tales prerrogativas (deja de ser el "Dios" de las religiones convencionales) y se hace él mismo un sufriente, va al exilio con el pueblo, es perseguido y por fin es crucificado en su Hijo Jesús. Comentaba D. Bonhöffer, el teólogo que participó en el atentado contra Hitler y fue ahorcado: “Sólo un Dios sufriente nos puede ayudar”.

Si no tenemos respuesta al mal, sólo sabemos ahora que nunca estamos solos en el sufrimiento. Dios sufre con nosotros. Lo terrible del sufrimiento es la soledad, la mano que se niega a ponerse en el hombro, la palabra consoladora que falta. Ahí el sufrimiento es total.

No hay respuesta para el sufrimiento de los inocentes ni para el mal. Si la hubiera, el sufrimiento y el mal desaparecerían. Pero siguen ahí haciendo su obra perversa. ¿Quién nos salvará? San Pablo, confiado, responde: “Sólo por la esperanza seremos salvados”. ¡Pero cómo tarda en realizarse esta esperanza!


martes, 17 de julio de 2018

ENCUENTRO DE LA RED INTERNACIONAL POR LA REFORMA ECLESIAL EN ESLOVAQUIA. CATÓLICOS DE TODO EL MUNDO RECLAMAN UNA IGLESIA MÁS INCLUSIVA, ECUMÉNICA Y BUSCADORA DE JUSTICIA, Por Pbro. Néstor Raúl Juárez


Participantes en el encuentro ICRN en Bratislava
Apoyamos firmemente las reformas substanciales que el Papa Francisco está implementando contra la fuerte resistencia entre la jerarquía eclesiástica.

(Pbro. Néstor Raúl Juárez).- Bajo el lema "Reforma de la Iglesia bajo el Papa Francisco: ¿Y adónde vamos desde aquí?", se reunieron 50 miembros de la Iglesia católica en la ciudad de Pezinok, aledaña a Bratislava, capital de Eslovaquia convocados por la Red Internacional por la Reforma Eclesial (ICRN en sus siglas en inglés).


Provenientes de 4 continentes y de 18 países, los dos primeros días de debates de esta Conferencia se centraron en la experiencia de la llamada "Iglesia Subterránea", que tras la llamada Cortina de Hierro resistió corajosamente los embates del régimen establecido que unió por la fuerza Chequia y Eslovaquia bajo el régimen comunista.


Estas iglesias locales resistieron aisladas de Roma, a pesar de la persecución del sistema gobernante. Así es que estas comunidades para sobrevivir fueron haciendo ciertos cambios como por ejemplo la ordenación de sacerdotes casados, obispos casados y al menos una (o más) mujeres sacerdotisas católicas. Esto le valió una dura reacción de parte de los sectores más conservadores cuando la caída del Muro de Berlín y la restitución del normal diálogo con la Santa Sede.


Esta capacidad de resistencia, de firmeza en la fe y de amor a la iglesia actuó como inspiración para los conferencistas. El ardor por querer no dejar ninguna comunidad sin los sacramentos les hizo, en la práctica el tener que tomar decisiones importantísimas y que iluminan en la actualidad el rumbo de la iglesia pensando en la situación hacia la cual estamos yendo.


"Inspirados por el movimiento de la Iglesia Subterránea nosotros procuramos realizar una Iglesia más inclusiva, ecuménica y buscadora de justicia" dijo al respecto Markus Heil, coordinador nacional del movimiento "Iniciativa de los Párrocos" en Suiza (Pfarrei-Initiative- Switzerland), quien también moderó los trabajos de la conferencia.

Sesión de trabajo en el encuentro de la ICRN
Luego de los días siguientes de debates, los miembros de la conferencia concluyeron que "los movimientos reformistas bajo una estrategia doble, (por un lado) continuaremos apoyando al Papa Francisco en su óptica de reforma, y al mismo tiempo alentaremos nuevos caminos por las cuales los cristianos laicos lideren parroquias como iguales al nivel de las bases", dijo Christian Weisner, miembro de la comisión ejecutiva nacional de Nosotros somos Iglesia Alemania. "Apoyamos firmemente las reformas substanciales que el Papa Francisco está implementando contra la fuerte resistencia entre la jerarquía eclesiástica", agregó.


Como conclusión práctica, los conferencistas escogieron algunos puntos álgidos dentro de las diversas necesidades del pueblo de Dios, a partir de las cuales se formaron comisiones de trabajo. Las temáticas sobre las cuales los miembros del ICRN constituyeron comisiones de trabajo son: Igualdad de las Mujeres en la Iglesia, derechos e inclusión de LGBTIQ, empoderamiento de católicos a reclamar sus derechos fundamentales y responsabilidades, apoyar la creación de nuevos modelos de parroquias y sobre todo comunidades cristianas de vida.
Momento de reflexión en el encuentro de ICRN



El documento en inglés que se elaboró: 




International Church Reform network
priest and reform-movements working together

Press Release of the “International Catholic Reform Network” (ICRN)

June 16, 2018

Pezinok/Slovakia. Fifty Catholics from 18 countries and 4 continents gathered near Bratislava, Slovakia from June 11 – 15, 2018. Formed as the International Catholic Reform Network (icrn.info) in 2013, the participants of this year’s conference learned from members of the former Czechoslovak Underground Church about positive resistance.

The group was inspired by the testimonials of the people who endured severe oppression under the communist regime of that time.

“We value the courageous acts of Bishop Davidek and others who recognized the pastoral need to bring the sacraments to communities of faith,” said Peter Krizan of the group ok21 – Society for Open Christianity for the 21st Century. “We need to endure and be vigilant, so that we do not miss 21st Century’s Pentecost,” Krizan added.

“Their courage, integrity, and willingness to take risks for freedom and the ongoing life of the Church is awe inspiring,” said Deborah Rose-Milavec, Executive director of FutureChurch, a reform organization in the United States.

“We are pained by the double oppression these people of conscience suffered at the hands of their government and the Church, particularly the women who were ordained during this time” said Kate McElwee, Executive Director of Women’s Ordination Conference in the United States.

“By refusing to collaborate with the regime, these people found new ways to be church together and to live the works of the Gospel,” said Martha Heizer, board member of We Are Church International. “We strive to follow in their footsteps.”

Following the Revolution of 1989, as political freedom became a growing reality, the official Church regressed to its discriminatory practices and refused to recognize the faculties of several of those ordained in the Underground Church, particularly followers of Bishop Davidek.

“Inspired by the Underground Church movement we seek to realize a more radical, inclusive, synodal, ecumenical, and justice-seeking Church,” said Markus Heil, Chair of the Pfarrei-Initiative in Switzerland and moderator of the conference. “In our discussions, some were still hoping that the church will change and others have given up on the current institution but are still engaged for the faith of the people.

“In a two-fold strategy, the reform movements will continue to support Pope Francis’ reform approach and at the same time, foster new ways of leading Christian parishes as equals on a grass root level,” said Christian Weisner, board member of We Are Church Germany. “We strongly support the substantial reforms Pope Francis is implementing against strong resistance within the church hierarchy,” he emphasized.

The ICRN members, in order to meet the needs of the People of God, commit to the work of women’s equality in the Church, LGBTQI rights and inclusion, empowering Catholics to claim their fundamental rights and responsibilities, and support the creation of new models for parish and Christian community life.

“I am impressed and glad to see that the working groups will continue their work and cooperation across such great distances,” said Fr. Helmut Schueller, Speaker of the Austrian Parish Priests Initiative.

Participants of the Conference came from Argentina, Australia, Austria, Brazil, Czech Republic, Estonia, Germany, Great Britain, India, Ireland, Netherlands, Poland, Russia, Slovakia, South Korea, Switzerland, Ukraine and the United States. Italy and Kenia had to cancel their prearranged attendance at short notice.

Media Contacts:

Peter Krizan, ok21 – Society for Open Christianity for the 21st Century
Helmut Schüller, Pfarrer-Initiative