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domingo, 8 de agosto de 2021

SOBRE DUDAS E INTELECTUALES por Claudio Javier Castelli


Rober Musil

 “Porque sólo los locos, los desequilibrados y los maniáticos pueden resistir largo tiempo al fuego del entusiasmo; el hombre sano debe contentarse con declarar que, sin una chispa de ese misterioso fuego la vida no vale la pena vivirse”.

“El hombre sin atributos”.

Robert Musil



La duda metódica es un camino necesario de las ciencias filosóficas y sociales. El territorio del pensamiento es un universo de incertezas, “ilustres incertidumbres”, como Borges definiera a la metafísica.

Ante esas incertidumbres es común especular, meditar, analizar, y, a veces, optar, pero nunca se resuelve en una única opción, sino que son varias las formas de abordarlo al tema, e infinitas las interpretaciones. El asunto nunca queda zanjado.

Cuanto mayor sea la distancia entre el pensamiento y el mundo real menos rumbo alineado tiene aquel; y aún en dialéctica con la realidad y la enorme complejidad de esta hace que exista la duda en la forma de resolverla.

Es cierto que en el mundo de hoy quedan pocos de ese tipo de sujetos kantianos que deciden qué mundo habitar.  Los condicionamientos familiares, limitaciones económicas, las instituciones escolares, la formación de cada uno, y por supuesto, los medios de comunicación hicieron todo lo demás.

Los intelectuales -si podemos llamarlos así- hacen del pensamiento y la duda un ejercicio, y muchas veces se transforma en hábito. También puede devenir en rutina aun en terrenos que no esquivan las certezas.

En definitiva, toda opción encierra una certeza, aún más, la propia duda encierra una: la certeza sobre la duda misma. Hegel dice -en la introducción de la Fenomenología del espíritu, párrafo 2do.- que “ese temor a errar sea ya el error mismo”, y que el “temor a errar sea ya el temor a la verdad”.

Claro es que lo decía dentro del camino de la experiencia con el absoluto: “el saberse incondicionado es en cuanto la subjetividad del sujeto, la absolutez del absoluto”, al decir de Heidegger, y de la filosofía moderna. Continúa este último autor: “No pretende -Hegel- que la ciencia pueda ponerse a la tarea sin reparo alguno, desechando cualquier tipo de examen. El conocimiento absoluto es mucho más escrupuloso de lo que nunca podría serlo la actitud escrupulosa” (agregamos nosotros) de quienes Hegel estaba criticando allí -Descartes y Kant-.

Es que para Hegel el pensamiento no es un medio o instrumento para conocer lo absoluto, sino lo absoluto mismo.

Creemos que en todo intelectual yace un sentimiento de las limitaciones del pensamiento como medio o instrumento. Nosotros no lo tenemos, el pensamiento es el absoluto mismo, así como la realidad, y estando inmersos en el mundo formamos parte de él. No es algo que observamos desde fuera del mismo.

Como Hegel somos idealistas absolutos. Pero no hay que asustarse de esto, toda filosofía presupone idealismo pues no se conforma con la finito como “verdadero existente”. La tarea es ver en qué medida ese idealismo está efectivamente realizado. En Hegel un poco más.

Creemos que es una forma de interpretar el mundo mientras estamos en él.

 Existe una contienda primera a la Hegel-Marx, Hegel-Kierkegaard y otras por el estilo que sucedieron a la muerte del profesor alemán, pues hay una decisiva en su formación y en su obra que es el debate Kant-Hegel o Hegel-Kant.

Es seguro que Hegel estuvo dispuesto a reconocerle a Kant mucho menos de lo que lo había influido, pero son permanente en su obra las referencias al autor de las tres críticas.

Todo lo que dijimos en los párrafos anteriores forman parte de la contienda de Hegel con Kant. Es que Hegel refiriéndose a Kant dice -y siguiendo a Anselmo- que en la filosofía hay que “tirarse al agua del filosofar”, no es que uno está de aquí para allá para optar por el método elegido, y si el método es externo al objeto. Para Hegel “el método es la conciencia relativa a la forma del auto movimiento interior de su contenido”. Es decir, método y contenido, sujeto, objeto, forman parte de lo mismo del mismo contenido, del mismo sujeto que desde un prisma es sujeto y desde otro punto de vista es objeto.

Amelia Podetti, en su “Comentario a la Introducción a la Fenomenología del Espíritu” (ditorial Biblos, 2007, pág. 73 y 74) dice: “En cuanto a la filosofía crítica, que pese a la existencia efectiva de la ciencia teme caer en el error, Hegel se pregunta por qué ese temor  no paraliza también la actividad crítica, y muestra como la crítica admite acríticamente muchos presupuestos: presupone que el conocimiento es un instrumento o médium; presupone que nosotros somos diferentes de ese conocimiento, y sobre todo presupone que lo absoluto y el conocer están separados, y que, sin embargo, puede haber un conocimiento verdadero, aunque ningún conocimiento pueda conocer lo real”. Más adelante, sigue: “La filosofía crítica, que pretende ser miedo al error, es más bien miedo a la verdad, porque la verdad es siempre conocimiento de lo absoluto, del verdadero ser. El miedo al error sólo se justifica si verdad y conocimiento del ser no coinciden; el miedo al error se justifica si un conocer que no conoce el ser en sí pueda ser, pese a ello, verdadero, o si el conocer en general es igualmente verdadero aunque sea incapaz de conocer el ser verdadero. Si tal conocer en particular, o el conocer en general, por su naturaleza, no conoce lo efectivamente real, se requiere la cautela expresada por el miedo al error, pues falta la prueba que lo absoluto mismo, en cuanto por definición es verdadero, proporciona al conocimiento”.

Como dijimos, en Hegel: tanto método y contenido, así como verdad y ser, coinciden, así como verdad y absoluto. Y el absoluto es un proceso que se devela por matices diferentes que va adoptando en la historia del pensamiento y en la historia del mundo, por estados que se van sucediendo. Lo absoluto es el ser, la verdad, el espíritu. Que a la concepción hegeliana de autoconciencia, autorreferencia, autoobjetivación, historia, nosotros le agregamos el sentido Neo testamentario de “Neuma”, hálito finísimo, soplido. Es el de nuestra existencia como humanos en la tierra. Y es el hálito que nos une a todos los humanos, al planeta, al universo, y en el escriba también  a Dios.

Nuestra existencia es finita pero compartimos la infinitud al compartir con los demás, al integrarse a la vida del planeta, del universo, del espíritu cósmico, y de Dios que está en todos ellos pero va más allá. Como Hegel somos “paneteísta” no confundimos a Dios con el mundo, pero lo encontramos en él, y Dios se reserva un más allá que “sobre puja todo entendimiento humano”.

Creo que ha sido desmedida la influencia de Kojève –con toda la profundidad de sus textos-, quien le dio a Hegel una idea antropológica y atea,  es una leyenda  común en el mundo marxista, herencia de la Academia de Ciencias de la URSS, y posteriormente, la derivas posestructuralistas de la filosofía francesa. Raro, Marx dijo otra cosa y vio bien la corteza mística en Hegel.

Resulta demodé sostener hoy la distinción entre la izquierda y la derecha hegeliana. Con Hegel jamás se puede ser tan de izquierda, ni tan de derecha. Lo cierto es que son múltiples las interpretaciones posibles.

Hoy solo los filósofos alemanes contemporáneos quieren darle una interpretación objetiva. Fuera de allí todo es posible. Aquí en Latinoamérica, por supuesto. Lo que no es serio es basarse en esa vieja distinción de derecha e izquierda hegeliana para denostar a quienes lo interpretamos de manera política, mística, y poética. No sé bien en qué mundo están viviendo o qué película se hicieron.

En ese sentido es anacrónico pensar que la única deriva posible de alejarse algo de Marx, sea la interpretación de Giovanne Gentile que acompañó al fascismo italiano; solo en el previo al fascismo hay algo de Hegel en él. Herbert Marcuse en su conocido ensayo “Razón y revolución” hizo añicos la interpretación hegeliana de aquel. Aquí tengo entendido que existe el peronismo, y existió un personaje: Juan Perón. ¿De qué estamos hablando? ¿De qué tienen miedo? ¿De repetir qué? Un dislate. También está Cristina por las dudas y la experiencia histórica de su gobierno.

Hoy están Alberto y Cristina. La energía que está retomando Alberto previo a las elecciones, era la que le pedíamos en los blog desde el primero de mayo de este año. Si bien las interpretaciones de las posturas políticas de los sujetos son libres, y suelen estar muy sujetas a las intrínsecos espectros que lo rodean, así como a sus experiencias, y ya que nos gusta tanto la racionalidad política de Alberto Fernández, no es muy coherente alejarse de esa racionalidad para interpretar a los demás que están en mismo bando. Sobre todo cuando el peronismo, aun el histórico, se hizo siempre con socialistas, radicales, conservadores, comunistas, trotskistas, feministas, católicos, protestantes, hegelianos o marxistas, y por supuesto: peronistas.

Lo que puede ocurrir que siendo tan incómodo el mundo actual, tan peregrino, uno se aferre a lo que tiene –en patrimonio, en espíritu, y en gobierno- porque piense que nos lo van a quitar. En ese caso ya no se es tan progresista, y se transforma uno en un conservador.

El absoluto y sus matices son un proceso continuo y permanente.

 

 

martes, 21 de enero de 2020

ESQUEMA KANTIANO, Por Pedro Cazes Camarero (") para Vagos y Derecho



El concepto de ESQUEMA es posiblemente el más importante legado filosófico de Manuel Kant (cca. 1780 aprox). El esquema es un procedimiento de producción. 

Un esquema es siempre un producto de la imaginación, pero no es una “imagen” de la imaginación. La imaginación puede producir imágenes, pero no sólo imágenes. Entre otras cosas, también produce esquemas.

Según Kant, cada concepto que manejamos tiene una o más imágenes posibles. El esquema de un concepto es la “idea de un procedimiento universal de la imaginación, [procedimiento que] hace posible una imagen del concepto”. Notar que Kant dice: de la imaginación productiva (¡¡!! “Crítica del Juicio”). 

Martín Heidegger (1921) hace énfasis en que el concepto kantiano de esquema no sólo tiene un contenido epistemológico (o sea que es un dispositivo científico), sino que también es propio de las cosas (Kant las llama “fenómenos”), o sea que es ontológico. Hay esquemas en el pensamiento y hay esquemas en las cosas [El esquema sería así también el puente de inteligibilidad entre noúmeno y fainoúmeno, P.C.C.]. (Atención, Heidegger dice aquí “trascendencia” de las cosas, pero no en el sentido aristotélicotomista). 

Usando la terminología empleada por Kant, que aquí se entiende bien, la inteligencia humana, a diferencia de la razón abstracta y de la intuición de los sentidos, es capaz de captar el esquema de cada realidad individual, haciendo ésta inteligible, pero sin destruir a la vez su carácter concreto. 

Lo “real del mundo” no existe en lo que podríamos llamar su “fenomenalidad”, esto es, su apariencia; ni tampoco en una imaginaria “esencia abstracta” (como afirma el platonismo). Reside en su esquema, que es como su propio orden. El esquema es lo que Hegel, Marx (¡ y Luis Lea Place!) llaman un Universal Concreto. 

Hablando en lenguaje “deleuziano”, todo esquema posee varias “líneas de fuga”, que lo “des- territorializan”. Así que el esquema es una figura “inteligible” (esto es, pensable), y una figura concreta que se halla efectivamente en la realidad (Cfr. G. Deleuze, “Anti Edipo”). 

Por ejemplo: tomemos el dinero. Está pletórico de determinaciones, o sea que es concreto; pero posee líneas de fuga con cada ente comprable, o sea, en el capitalismo, todos los entes. Por lo tanto es un universal. El esquema del universal concreto del dinero se halla a la vez en la inteligencia y en el mundo real. Detrás del esquema del dinero existe otro esquema, el trabajo humano indeterminado. 

Se genera así una red ilimitada de esquemas existentes a la vez en el mundo y en la inteligencia, que exigen distintos marcos teóricos (tautologías) sobre los que se aplican potenciales cartografiados (de descripciones), o viceversa. Pero aquí ya nos alejamos de Kant.

15 de enero de 2020

(") Pedro Cazes Camarero, argentino, farmacéutico, 1945. Magister Scientiae en Metodología de la Investigación Científica y Epistemología. Ex director de "Estrella Roja" (órgano del Ejército Revolucionario del Pueblo- ERP-), "El Combatiente" (órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores - PRT-) y "Crisis". Autor de numerosos artículos y libros, entre ellos "Las Estrategias de la Aurora", de próxima aparición (Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2019). Premio "Ramón Carrillo" (2010). Miembro del Encuentro de Profesionales contra la Tortura. Columnista de "Cuadernos de Crisis/Purochamuyo".

miércoles, 11 de diciembre de 2019

DESPUÉS DE LAS NACIONES, CONSTRUIR LA TIERRA, Por Leonardo Boff



Un anuncio-propaganda de un canal de televisión muestra a un grupo interétnico cantando: “Mi patria es la Tierra”. Aquí se revela un estado de conciencia que deja atrás la idea convencional de patria y de nación. En efecto, vivimos todavía bajo el signo de las naciones, cada cual autoafirmándose, cerrando o abriendo sus fronteras y luchando por su identidad. Esa fase, todavía vigente, pertenece a otra época de la historia y de la conciencia. La globalización no es sólo un fenómeno económico. Representa un dato político, cultural, ético y espiritual: un nuevo paso en la historia del planeta Tierra y de la Humanidad.

Hace algunos miles de años la especie humana salió de África, de donde surgimos en el proceso evolutivo (somos todos africanos), y conquistó todo el espacio terrestre formando pueblos, ciudades y civilizaciones. Fernando de Magallanes hizo en tres años (1519-1522) la circunnavegación de la Tierra y comprobó empíricamente que es efectivamente redonda (no plana como una obtusa visión sostiene todavía). Después de la expansión, llegó el tiempo de la concentración, del retorno del gran exilio. Todos los pueblos se están encontrando en un único lugar: en el planeta Tierra. Descubrimos, más allá de las nacionalidades y de las diferentes etnias, que formamos una única especie, la humana, al lado de otras especies de la gran comunidad de vida.

Con esfuerzo estamos todavía aprendiendo a convivir acogiendo las diferencias sin dejar que se transformen en desigualdades. Respetando la riqueza acumulada por las naciones y etnias, que revelan los distintos modos de ser humanos, nos enfrentamos a un desafío nuevo, que nunca había existido antes: construir la Tierra como Casa Común. Crece la conciencia de que Tierra y Humanidad tienen un destino común. Xi Jinping, jefe de Estado de China, lo formuló muy bien: tenemos el deber de construir la “Comunidad de Destino compartido para la humanidad”.

El éxito de esta construcción nos traerá un mundo de paz, uno de los bienes más ansiados por todos. Vivir en paz, ¡oh que felicidad! Esa paz es lo que nos falta en la actualidad. Por el contrario, vivimos en guerras regionales letales y una guerra total movida contra Gaia, la Tierra viva, nuestra Madre Tierra, atacada en todos los frentes, hasta el punto de que muestra su indignación a través del calentamiento global y del agotamiento de sus bienes y servicios, sin los cuales la vida corre peligro.

En este contexto vale la pena revisitar a un filósofo, Immanuel Kant (+1804), uno de los primeros en pensar una República Mundial (Weltrepublik), aunque nunca había salido de su pequeña ciudad de Königsberg en Alemania. Aquella solo se consolida si consigue instaurar una “paz perenne”. Su famoso texto de 1795 se llama exactamente “Para una paz perenne” (Zum ewigen Frieden).

La paz perenne se sustenta, según él, sobre dos pilares: la ciudadanía universal y el respeto a los derechos humanos.

Esta ciudadanía se ejerce en primer lugar por la “hospitalidad general”. Precisamente porque, dice él, todos los humanos tienen el derecho de estar en ella y de visitar sus lugares y los pueblos que la habitan. La Tierra pertenece comunitariamente a todos.

Frente a los pragmáticos de la política, por lo general poco sensibles al sentido ético en las relaciones sociales, enfatiza: ”La ciudadanía mundial no es una visión de fantasía sino una necesidad impuesta por la paz duradera”. Si queremos una paz perenne y no solo una tregua o una pacificación momentánea, debemos vivir la hospitalidad y respetar los derechos.

El otro pilar son los derechos universales. Estos, en una bella expresión de Kant, son “la niña de los ojos de Dios” o “lo más sagrado que Dios puso en la tierra”. Su respeto hace nacer una comunidad de paz y de seguridad que pone un fin definitivo “al infame beligerar”.

El imperio del derecho y la difusión de la ciudadanía planetaria expresada por la hospitalidad deben crear una cultura de los derechos, generando de hecho la “comunidad de los pueblos”. Esta comunidad de los pueblos, enfatiza Kant, puede crecer tanto en su conciencia, que la violación de un derecho en un sitio se siente en todos los sitios, cosa que más tarde repetirá por su cuenta Ernesto Che Guevara.

Esta visión ético-política de Kant fundó un paradigma inédito de globalización y de paz. La paz resulta de la vigencia del derecho y de la cooperación jurídicamente ordenada e institucionalizada entre todos los Estados y pueblos.

Diferente es la visión de otro teórico del Estado y de la globalización, Thomas Hobbes (+1679). Para este, la paz es un concepto negativo, significa ausencia de la guerra y el equilibrio de la intimidación entre los estados y pueblos. Esta visión funda el paradigma de la paz y de la globalización en el poder del más fuerte que se impone a los demás. Esta visión predominó durante siglos y hoy ha vuelto poderosamente a través del singular presidente de USA, Trump, que sueña todavía con un solo mundo y un solo imperio, el norteamericano. Los Estados Unidos decidieron combatir el terrorismo con el terrorismo de Estado. Es la vuelta amenazadora del Estado-Leviatán, enemigo visceral de cualquier estrategia de paz. En esta lógica no hay futuro para la paz ni para la humanidad.

Hoy nos enfrentamos a este escenario: si por la locura de un gobernante o por la Inteligencia Artificial Autónoma se activaran los arsenales de armas nucleares podría ser el fin de nuestra especie. Et tunc erat finis. ¿Tendremos tiempo y sabiduría suficientes para cambiar la lógica del sistema implantado hace siglos que ama más la acumulación de bienes materiales que la vida? Eso dependerá de nosotros.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

DECADENCIA DE OCCIDENTE O DECADENCIA DEL CAPITALISMO, Por Miguel Ángel Ramos Estrada


Antecedentes

Existe un intenso debate en muchos círculos académicos, think tanks, e instituciones de investigación en torno a la época histórica en que nos encontramos. Y más en este periodo en donde algunos afirman que las ideologías pasaron al cementerio de las ideas muertas o la persistente insistencia de un autor en afirmar que después de la desintegración de la URSS nos hallamos en el fin de la historia. Y uno de esos debates es la decadencia de Occidente.

En primer término que es Occidente. Según muchos autores y textos que se pueden hallar fácilmente en bibliotecas e incluso en el internet, Occidente es el conjunto de comunidades históricas y políticas que se ubicaron en la parte más occidental del continente europeo y que desarrollaron su cultura y proceso civilizatorio como producto de la evolución de Grecia y Roma y que de acuerdo a la visión eurocéntrica de la historia cubre la última fase de la época antigua y que culmina con la caída del Imperio Romano en el año 476 de nuestra era. Lo cierto es que el colapso del imperio romano se dio mucho antes cuando en el año 378 el ejército romano es derrotado en la Batalla de Adrianopolis por los godos y Roma nunca logró recuperarse de dicha derrota.

Otra definición mucho más concreta nos dice: “se entiende por occidente, a las naciones donde predomina la religión católica o protestante, el capitalismo y la democracia". Estas características, sin embargo, no son excluyentes, ya que hay países que no cumplen con alguno de estos requisitos pero, de todas formas, se incluyen dentro del mundo occidental. Alguien consideró en algún momento a Japón como la ventana de occidente en Asia, pero parece que los japoneses no están de acuerdo con esta acepción.

Lo cierto es que cuando los europeos arriban a las Américas en 1492, la historia del mundo registra un punto de inflexión y desde entonces españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses se lanzan a la conquista del mundo a sangre y fuego y para el siglo XIX Europa controla extensas zonas de los territorios de los cinco continentes. A este periodo de control colonial y de auge de imperialismos europeos los historiadores la denominan la Bella Época y más específicamente su apogeo y consolidación se extiende entre 1870 a 1914.

Este capítulo de la historia europea entra en crisis con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-18) que resulta en el desmoronamiento del Imperio Alemán, el Imperio Austro húngaro, el Imperio Otomano y el Imperio Ruso, lo que da paso a la Revolución Rusa de 1917 y al debilitamiento de los imperios británico y francés. Vale anotar que la Guerra hispano americana de 1898 estrena a los EU como potencia imperialista. Al entrar EU en la Primera Guerra Mundial, Woodrow Wilson proclama: “Hay que hacer del mundo un lugar para la democracia” y que fue una respuesta ideológica a la Revolución Rusa.

La catástrofe que significó para Europa la Primera Guerra Mundial motivó a Oswald Spengler (1880-1936), filósofo e historiador alemán, a escribir una copiosa obra titulada la “Decadencia de Occidente” cuyo primer tomo se publica en 1918 y el segundo en 1923 y que se sigue discutiendo hoy. Lo destacado de este título es precisamente la palabra Occidente pues las convulsiones políticas que afectaron al continente europeo en las décadas de 1920 y 1930 llevaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial con los resultados ya conocidos. Y el advenimiento de la Guerra fría conduce a una institucionalización del concepto Occidente y más exactamente Mundo Occidental como anatema del denominado mundo comunista.

Algunas ideas de Spengler

De una página web titulada 15/15/15 destacamos un extracto de un autor que se identifica con las iniciales GDF y que se titula “la Democracia y la Decadencia de Occidente y publicado el 2019-01-11”. El extracto es el del tenor siguiente:

“Spengler tenía una teoría “orgánica” de la Historia, y pensaba que todas las civilizaciones pasaban inevitablemente por las mismas fases que los organismos vivos, esto es: nacían, crecían, llegaban a su plenitud, entraban en decadencia y acababan desapareciendo. Desde luego, esa podemos decir que ha sido la trayectoria de todas las civilizaciones del pasado; y, para Spengler, la Civilización Occidental, que llamaba “Fáustica”, no será una excepción, a pesar de que esto contradecía y contradice el pensar mayoritario de los miembros de nuestra civilización (como ha ocurrido, por cierto, en el resto de todas las civilizaciones las cuales sentían todas eternas y ser la cima la Humanidad). Es mayoritario el pensamiento de que de alguna manera nuestra civilización, liderada por la Razón, la Ciencia y la Tecnología desarrolladas a partir del Renacimiento, es nada más y nada menos que la evolución natural del Ser Humano como especie, y no un caso particular más de civilización, una forma de entender el mundo entre otras muchas posibles. No, el destino de nuestra civilización, según el consenso existente, era —y es— sacar al Ser Humano, hasta en el último rincón del Mundo, de las tinieblas de la miseria, el miedo, la ignorancia y la superstición y encaminarnos hacia nuestro destino más allá de las estrellas… ¿Verdad que sí? Pero para Spengler no (bueno y en la actualidad para una minoría de personas, entre las que me incluyo, tampoco), y osa afirmar que nuestra civilización también perecerá, como el resto de las civilizaciones que la precedieron, junto con sus propios e inmensos sueños de grandeza”. 


Es obvio que Spengler partiendo de la idea de que la cultura y la civilización es un proceso vivo producto de la actividad del género humano a través del tiempo tiene un origen y tiene un fin y hasta cierto punto es un enfoque dialéctico y por tanto está en la lógica del orden natural. 


Otro autor, Andrés Ortega, en la página blog El Espectador Global, Política global, con fecha 10/04/2018 explica el fenómeno de manera más explícita y clara de la siguiente manera: 


“Cien años después vuelve a cundir que estamos ante el declive de Occidente –y más aún del orden relativamente mundial liberal que instauró–, aunque sea en términos relativos y poco tenga que ver con las causas que le atribuía Spengler a ese devenir. El pensador alemán, que rechazaba la visión eurocéntrica de la historia vista como antigua, medieval y moderna, consideró como inexorable, y casi mecánico, el desarrollo de lo que llamó las “altas culturas” (la “civilización” la veía como el comienzo del declive), en cuatro fases vitales: juventud, crecimiento, florecimiento y decadencia. Y en 1918 le había llegado el turno de esta última fase a ese fratricida Occidente, una de las ocho altas culturas que divisó: babilonia, egipcia, china, india, mesoamericana (azteca/maya), clásica (griega/romana), árabe (hebrea, semítica y cristiano-islámica) y occidental o europea-americana. 

Es una visión de lo que es “civilización” no tan lejana de la que planteara con su “choque” Samuel Huntington, pero muy distinta de la del filósofo iraní-canadiense Ramin Jahanbegloo. Éste, en su reciente Declive de la civilización (The Decline of Civilization), 100 años después del libro de Spengler, va más lejos. Considera que estamos en un proceso de “des-civilización” de la sociedad, que no significa ausencia de civilización, sino “un estado de civilización sin sentido e irreflexivo”, con un “déficit de empatía”, no sólo en Occidente sino en el mundo en general. 


Spengler se equivocó, claro, mas no sin interés. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) resultó en el ascenso de EEUU a preeminencia mundial y después a superpotencia global tras la segunda fase (1939-1945) de lo que fue una guerra civil europea y un conflicto mundial, que terminó llevando a la pérdida de sus imperios a las potencias del Viejo Continente. Entretanto surgió y se derrumbó (1917-1991) la Revolución Soviética, la URSS y la Guerra Fría que ganó Occidente, aunque quizá no tanto o tan bien como se creyó. Pues mientras Occidente la ganaba frente a la URSS, China resurgía de la mano de las Cuatro Modernizaciones de Deng Xiaoping a partir de 1982. Y desde la línea divisoria de 1989 –caída del Muro de Berlín y masacre de Tiananmén– ha revivido una Rusia nacionalista que Occidente no supo atraer e incorporar cuando pudo. Sobre todo, China, con un régimen de partido comunista y economía mixta, está recuperando un lugar en el mundo incluso más importante que el que tuviera antes de 1870, en parte gracias a haber sabido aprovechar al orden liberal y la globalización que impulsó Occidente”. 


La segunda cita de Andrés Ortega es muy clara y acertada, pues aun sin quererlo explica todo el proceso de contradicciones y asimetrías que ha sacudido al sistema capitalista en el siglo XX y XXI. No es la civilización occidental lo que está en crisis sino todo el orden económico, político, cultural, e institucional, es decir, de toda la formación económico social de nuestro tiempo y que muchos historiadores e intelectuales de nuestra época soslayan. 


Después de la desintegración de la URSS en 1991, paradójicamente se cumple la previsión de Marx descrita tanto en el Manifiesto Comunista como el El Capital, que el mundo entero seria cubierto por el capitalismo. En el siglo XVIII la declaración de Independencia de los EU reivindico el derecho de los pueblos a buscar la felicidad; la Revolución Francesa adopta como consigna La libertad, la Igualdad y la Fraternidad y el Reino Unido justifica su imperialismo bajo el manto de la Misión del Hombre Blanco. Hoy en día todos esos ideales y consignas han perdido su significado y para las elites económicas que dominan el mundo su único ideal es dinero, dinero y más dinero porque, como dice la novela, si el dinero no da la felicidad es todo lo demás. 


A esta realidad de hoy el Papa Juan Pablo II lo denominó capitalismo salvaje y hace 100 años Lenin lo califico como Capitalismo Parasitario y en Descomposición. Es lo que Karl Polanyi describiera en su obra la Gran Transformación como el colapso de la utopía liberal. Schumpeter introduce la idea de la destrucción creadora como producto del inevitable proceso de mutación industrial, pero con la robótica producto de la revolución 4.0, se genera la destrucción depredadora porque anula al ser humano como principal fuerza productiva. 


Lo anterior es lo que genera el escepticismo, el pesimismo, el auge de la religiosidad, la perplejidad, la crisis moral, la desvertebración de los valores y la desorientación ideológica y de metas que caracteriza nuestra época ante la clara desvalorización del ser humano. Esto es el típico entorno del mundo de las ideas de una sociedad en crisis y que ha entrado a un periodo de reacción. 


¿Existe realmente la Civilización Occidental? Una pregunta parecida se la hicieron a Gandhi y el respondió: “Es una buena idea”. El capitalismo tuvo sus primeras manifestaciones en Europa y más específicamente en Italia por los alrededores del siglo XII en los albores de la Baja Edad Media, por lo que no es casual que el renacimiento europeo tuviera su centro en Italia. Después del arribo de los europeos a las Américas en 1492, Europa registra una verdadera revolución en todos los campos. El capitalismo fue predominantemente comercial en los siglos XVI, XVII y parte del XVIII hasta el estallido de la Revolución Industrial. El capitalismo logró asentarse en Asia inicialmente en Japón lo que dio paso a la Revolución Meijji de 1868 y en la segunda mitad del siglo XX en Asia. Si como afirma Fernand Braudel, el capitalismo es una civilización que tuvo su origen en Europa, y posteriormente se difundió en América del Norte, tanto el Asia, Irán y Turquía, demuestran que no es patrimonio exclusivo del denominado mundo Occidental porque, como afirmara Gandhi, Occidente no es más que una buena idea. Siendo esto así, lo que estalla en la Primera Guerra Mundial no es la Decadencia de Occidente sino la Crisis General del Capitalismo que se ha expresado en diferentes episodios y manifestaciones desde entonces hasta hoy. El largo siglo XX, que algunos consideran terminó en 1989 con el derrumbamiento del Muro de Berlín, en realidad no ha terminado sino que entró en una segunda parte y que vivimos hoy. 






sábado, 27 de octubre de 2018

LA PASADA ÉPOCA DE LA IMAGEN EN EL MUNDO por Claudio Javier Castelli


OBERTURA DEL 22 DE JUNIO DE 2021:

 

DELIRIO Y LOCURA EN EL PAÍS Y EN EL MUNDO

 

Una conciencia que dice no y otra vez no

 

De mi larga estadía en el Estado y los Tribunales varias veces me dijeron algunos funcionarios superiores –algunos ineptos, otros corruptos- : “Vos no das con el perfil de funcionario público”; la uniformidad no es buena consejera ni en un Juzgado, ni el Estado administrador, ni, claro, en los Tribunales. La curiosidad, el no repetir, el cuestionar, el indagar, el pensar, el poner en cuestión, son problemas serios en este país para quienes actúan así. El tango dice: “no pensar ni equivocado, ¿para qué si igual se vive?,  además corres el riesgo que te bauticen gil”.

Uno de aquellos funcionarios, en los noventa, me dijo también: “¿Quién te banca a vos?”, le respondí: “Enrique Molina”, y me fui del despacho. En ese momento seguro que estuvo desvelando horas y horas quién era Enrique Molina, no podía sospechar que es mi poeta más querido.

Una conciencia que dice no y otra vez no es también un problema grande en este país.

Konstantino Kavafis, en un poema que se llama: “Che fece…il gran rifiuto” –lo reproduzco completo:

 “A cada uno le llega el día/de pronunciar el gran SÍ o el gran/ NO. Quién dispuesto lo lleva/ Sí manifiesta, y diciéndolo/progresa en el camino de la estima y la seguridad./ El que rehúsa no se arrepiente. Si de nuevo lo interrogasen/diría no de nuevo. Pero ese/no-legítimo-lo arruina para siempre”.

El enorme sentido del poema es universal para todo tiempo y lugar y cualesquiera sean las circunstancias.

El segundo No, el que ratifica, habla de convicciones profundas. Muchos compañeros se doblaron o arrugaron durante el macrismo. No los juzgo. Es solo guardar sospechas, reservas. Tanto Alberto como Cristina estuvieron fuertes durante el macrismo, desde diferentes lugares al principio.

Pero no estoy hablando de ellos, sino del movimiento en general y de no pocos de sus integrantes.

La temática principal de la Gran Lógica de Hegel es: “La idea que se piensa a sí misma”. He ahí uno de los motores originarios del pensamiento crítico. Marx pensó la idea hegeliana como Crítica de la Economía Política, del sistema capitalista, y leyó la autocrítica en la necesidad de transformarlo que plasmó claramente en la Tesis 11 sobre Feuerbach. Pero no pensó en la autocrítica total personal y como sumido él mismo dentro de la idea capitalista. ¿Podía hacerlo, podía haber visto eso? Creo que no.

 Lenin, que se zambulló en la Gran Lógica varios meses, la leyó, con los mismos presupuestos que Marx, pero más allá de él,  con el proceso concreto de transformarlo.

De alguna manera ambos leyeron a Hegel como un gran filósofo y pensaron en todo el contenido abstracto y místico presente en él, y lo que  él tenía en la cabeza, había que ponerlo en los pies, en la materia concreta.

Giovanni Gentile, la leyó como “el acto pensante como acto puro”, en definitiva como  pensamiento en acto permanente y continuo.

Marx, Lenin tienen el mismo problema: La realidad como proceso transformador que conduce inexorablemente a un resultado: el socialismo.

Gentile, el Gentile previo al fascismo, de 1913, en La “Riforma della dialettica hegeliana” (Biblioteca Sansoni, Firenze, 1975), no la leyó como un proceso que conduce a un resultado, sino como “espiritualismo absoluto” en “el acto pensante que es acto puro”.

El escriba la lee en clave social-política-mística-poética. Pero también todos –y me incluyo- en clave liberadora, como desalienante. El imperativo de época es desalienarnos  del sistema capitalista neoliberal, absolvernos del mismo, y luchar contra el  sin violencia pero con firmeza.

Pero es una batalla en paz, que empieza con nosotros mismos, el movimiento, y contra “ellos”(brazo político-económico financiero- cultural-mediático-judicial) y toda la parafernalia que los acompaña.

Claro que no hay “Palacio de Invierno” acá, como dice José Pablo Feinmann: “el poder está en todas partes”. Pero los brazos que mencioné son decisivos. La parafernalia tiene que ver con los “tentáculos inteligentes”, operativos acá y afuera, todos sumamente delirantes y al borde de la locura.

No va a ser fácil. Y  eso que Alberto es un hombre de diálogo, pero vemos lo atroz de la oposición que nos hacen; y también vimos la última intervención de Cristina y el lío que se armó.

Con relación al párrafo anterior en mi época escolar, en primero superior, por el problema de salud con el asma –que todavía me acompaña- mi madre me mandó a una escuelita en el campo. Ahí aprendí a entenderme con las lluvias y las tormentas, a estas últimas siempre la preceden una calma suspendida, sin vientos ni rayos importantes, de repente el aullido de los truenos, y el aguacero inmenso.

Todas las religiones han intentado resolver el problema de la muerte, como si esta fuera un cebo, para el gozne de los creyentes. El cristianismo es la religión de la libertad, de la liberación; así lo leyó Hegel, y así lo lee el escriba.

La “Teología de la liberación” lo leyó con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Frai Betto, etc,  en el mismo sentido, pero con referencias en Karl Marx, Ernst Bloch, y otros.

Las circunstancias, la época cambió mucho; pero no la necesidad no satisfecha, ni la injusticia, el abuso del poderoso, la crueldad, el cinismo, la perversión y el sistema de dominación del cual habla, en muchos artículos publicados en el blog de Vagos y Vagas Peronistas, León Pomer, y muchos otros.

La nota de Mónica Peralta Ramos, el domingo, en “El cohete a la luna” da un panorama internacional y local de cómo están las cosas.

¿Qué es la verdad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es el Bien? ¿Qué es la belleza? La filosofía actual dejó de hacer esas preguntas. Los griegos, las tres religiones monoteístas, la modernidad, Hegel, y después Marx dieron respuestas y abrieron otros interrogantes.

¿Nosotros nos las hacemos? Si dejamos de hacernos esas preguntas vamos a terminar como aquel Fiscal de Instrucción, que advertido por el escriba de una prueba omitida, que resolvía el caso, y hacía innecesario el Juicio Oral, se negó a ver los hechos y mandó al imputado a Juicio; en el mismo se absolvió al imputado y ni siquiera acusó el Fiscal.

Después que terminó el juicio le hablé de la justicia y de que podíamos haber evitado todo el proceso oral. Me dijo: ¿La justicia? ¿No sé qué es la justicia?

Uno no sabe bien en qué momento pasamos a formar parte de un engranaje, de un sistema técnico de dominación, pero ya no podemos darnos cuenta: somos parte de él: meros técnicos.

Algo habló la literatura universal, la filosofía, Heidegger y seguidores de todo esto.

El ser originario que Heidegger encontraba en la antigua Grecia, el escriba lo encuentra el 17 de Octubre de 1945. Es el ser originario de la Argentina política.

No se trata solo de bucear en el pasado, sino de pensar si tenemos futuro que nos incluya, que incluya a todos, todas y todes.

¿Podemos reestablecer un Estado de Bienestar en la Argentina de hoy? En Europa algunos se están haciendo esta pregunta. El peronismo realizado no es otra cosa que un Estado de Bienestar con Justicia Social.

Las escrituras se refieren a la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. El escriba la resume como confianza en Dios. Confianza para resolver la vida y sus traqueteos cotidianos, y confianza para después de la muerte. Confianza en la lucha por el derecho, confianza en la lucha política. Aquí nuestro país ha derrumbado una y otra vez, como castillo de naipes, esa confianza por una sociedad más justa. Pero, como muchísimos en el movimiento, nos hemos levantado para reclamar, una y otra vez, verdad y justicia social.

El peronismo es una tremenda nostalgia del Dios cristiano, no es que divide la sociedad, sino que muchos se alejan del Bien Común. Ellos, que se alejan del Bien Común, son nuestros adversarios políticos, pero ellos nos consideran “enemigos”, y no escatiman quebrantar derechos humanos, sociales o constitucionales, en eliminarnos de la vida política. Lo vimos todos en el gobierno anterior, vimos las detenciones arbitrarias, incluso mostrar en piyama y en patas a un ex funcionario por canales de televisión, salvo en la “Dictadura”, no vimos al Poder Judicial actuar así. ¿Qué creen que harían si volvieran? Exactamente lo mismo y nuevamente con la complicidad de jueces venales, aparatosidad mediática, y colaboración extranjera.

¿Debemos amarlos? Cristo dijo que sí, el mismo que echó a los mercaderes del templo. No los odiamos, son adversarios y no quieren lo mismo que nosotros, no es posible “la ilusa unidad de todos los argentinos”. Todos los gobiernos militares se levantaron  con esta falsa premisa, Menem también. Rara unidad, abstracta y cruel con los que no piensan como ellos.

Los peronistas nunca hemos actuado así. Pero tampoco somos tontos aunque extendamos la mano no la toman. Ni el pacto mínimo de gobernabilidad y lucha política por la pandemia que se  reclamó desde el gobierno consensuaran.

La lucha por un Estado de Bienestar con Justicia Social es muy escarpada para nosotros, en paz, pero con firmeza.

 

El texto siguiente, se hizo una noche delirante, en una oficina céntrica; los libros citados fueron tomados al azar, abundaba la decepción, la desesperanza, por presente macrista, era 2018.

La frase de Oswald Spengler: “Un poder sólo puede ser derrotado con otro poder y no por un principio”, profética en el fondo del Siglo XX, tuvo resultados trágicos y sangrientos. Es que la respuesta que daba el autor era en parte falsa y en parte verdadera.  Era falsa porque para enfrentar la Civilización del dinero, la sangre era una ilusión de los europeos, que éstos llevaron a la práctica y desató la  Segunda Guerra mundial, y la sangre provocó los crímenes más deleznables que recuerden la humanidad, y la Condición Humana.

Pero el punto de verdad que hay ahí es la frase misma, pero los principios pueden convertirse en poder cuando advienen en bloque de poder, hegemonía, pasiones colectivas, identidades, “sentido común”, es decir cuando son poder.

La “cepa cesareana” es más complicado, lo cierto que las fantasías centristas frente al poder de la Civilización del dinero pueden ser fácilmente neutralizadas.

Es un interrogante como toda la nota. En todo caso hablemos, discutamos, debatamos, pensemos y parloteemos  como le agradaba a   Friedrich Nietzsche.

 

Basta de alharacas y vamos al texto:

 

 

 






A tres años y algo más de un mes de la difusión en el mundo de la foto en las playas turcas de Aylan Kurdi, una demudada imagen como aquella de la niña vietnamita desnuda huyendo de las bombas en la década del 60. Ambas conmovieron al mundo. Ambas nos interpelan hoy. Ambas reparten limosnas de piedad como la moneda del burgués que deja en la mano del mendigo. Ambas hoy no escandalizan a nadie. ¿Tendría que escandalizarse alguien? 

La última mereció dos textos periodísticos fundamentales de Horacio González y José Pablo Feinmann: "Crisis del humanismo", del primero: http://vagosperonistas.blogspot.com/2015/09/crisis-del-humanismo-por-horacio.html y, "Sobre el humanismo", del segundo: https://vagosperonistas.blogspot.com/2015/09/sobre-el-humanismo-por-jose-pablo.html

Sendas notas dejaban entrever el orgullo por una realidad latinoamericana y argentina muy diferente de la europea. 

Pero hoy todos nos hemos igualados en miserias, sometimiento, carencias de libertad y ausencia de futuro. 

Feinmann pedía migajas de victoria al final de la nota, mendrugos de celebración: "Conseguir que todo sea menos brutal. Incomodarlos. Hacerles saber que sí, que acaso ganen otra vez, pero que no nos engañan. No luchan por nada trascendente. Ni por la libertad, ni por la democracia, menos aún por los derechos humanos. Mienten. Luchan por la buena salud de sus billeteras. Por el dinero y por el poder, aliados eternos"(...) "Cada paso que demos contra ella será un triunfo. Cada pequeña dificultad que le opongamos. Cada lugar donde no los dejemos entrar. Cada vida que salvemos. Cada una de estas cosas será un triunfo. Un pequeño “palacio de invierno” que no esconde a Stalin en sus entrañas. Porque no tomaremos el poder y Stalin es fruto del poder. ¿Qué poder podríamos tomar? En este mundo globalizado, en este mundo sometido al espionaje del Big Brother Panóptico, no hay Palacio de Invierno. No está en ninguna parte. El poder, en cambio, está en todas. Que cada vez esté en menos será el objetivo de nuestros pequeños-inmensos triunfos. De nuestros pequeños-inmensos sueños".

No puedo sino mirar estos párrafos con nostalgia y envidia porque fueron escritos en una época que aun dejaba una hendija hacia el futuro, una hebra de esperanza. 

¿Qué tienen la noche y la soledad en lejanas oficinas céntricas en Buenos Aires de fines de la segunda década del Siglo XXI?. 

Es la vivacidad de ciertos barrios de Buenos Aires. El resplandor de ciertos rostros juveniles. La incolumidad de ciertas decisiones. 

El temor, la falta, en barrios de casas bajas y desgarbadas. 

Los pasos apurados de madres y tías. 

¿Qué tiene la época? 

El ethos de todos nosotros.

Alguien apura su copa y deja el bar vacío. No hay entonces mozos, ni bandejas.

Debajo de una luz atronadora un abogado penalista sin pleitos fija la lectura sobre el párrafo: "El ingeniero es quien más alejado está del pensamiento jurídico romano.El conseguirá, sin duda, que su economía obtenga el derecho que le corresponde, un derecho en donde las fuerzas y los rendimientos ocupen el puesto de las personas y las cosas" -Pág.307-. Más adelante: "La dictadura del dinero progresa y se acerca a un punto máximo natural, en la civilización fáustica como en cualquier otra. Y ahora sucede algo que solo puede comprender  quien haya penetrado en la esencia del dinero. Si este fuese algo tangible, su existencia sería eterna. Pero como es una forma del pensamiento, ha de extinguirse tan pronto como haya sido pensado hasta sus últimos confines el mundo económico, y ha de extinguirse por falta de materia" -Pág.308-. Pero, llegado este punto, el dinero se halla al término de sus éxitos y comienza la última lucha, en que la civilización recibe su forma definitiva: la lucha entre el dinero y la sangre. El advenimiento del cesarismo quiebra la dictadura del dinero y de su arma política la democracia"- Pág.309-. 

Proféticas resultaron estas palabras en el fondo del Siglo XX. Sangriento fue el resultado.

Esos párrafos son de Oswald Spengler, en "La Decadencia de Occidente", Tomo IV, últimas páginas.

"Un poder solo puede ser derrocado por otro poder y no por un principio" -Ibid, pág. 309-. 

Al poder financiero no lo vamos a derrotar con principios. 
Si entendemos esto último por el cristianismo casi no ofrece resistencia. 

La soledad del Papa en el Vaticano es como la de los predicadores en las plazas, predicando en el vacío.

Pero amo los predicadores de las plazas se cifra en ellos Juan el Bautista: "voz que clama en el desierto".

El calvinismo -que no dice lo que realmente dijo Calvino- y el pentecostalismo se preocupan por el aborto y los matrimonios gay y arrojan a sus hijos a la selva impiadosa capitalista y acumulativa.

El cristianismo evangélico se parece tanto al capitalismo neoliberal. Se invirtieron los términos: el catolicismo es de avanzada.

No hay principio alguno que pueda oponerse al Poder Financiero. Solo se puede oponer otro poder, pero no el que vislumbraba Spengler, aunque sí de cepa cesareana.

El populismo tendrá que ser implacable. Las fantasías centristas frente al poder tiránico del dinero serán fácilmente neutralizadas.

Claro que es fácil también decir todo esto. Pensarlo. Pero hay que pensarlo si pretendemos futuro para nosotros y nuestros hijos.

Estas palabras parecen brutales pero no lo son tanto. Es Perón tratando organizar la comunidad. Es Jesús expulsando a los mercaderes del templo.

Hay una fantasía que cubre de evasivas a muchos de nosotros. Que es la de modernidad. Tecnologías digitales. Una oportunidad para actualizar el Peronismo. 

Nada parece más real que un gobierno peronista disciplinador del mercado financiero y del capitalismo salvaje frente a los vientos del peronismo neoliberal.

En diversos textos, León Pomer, dice que "el capitalismo no se puede abuenar". Vale la pena seguir intentándolo pero cada vez con mano más firme.

Hay que seguir pensando concomitantemente una salida del capitalismo que es sinónimo de muerte y desolación. No sabemos bien que es. Pero eso que pensábamos no es más. Eso que se designaba con el nombre de socialismo ya no es más.

El abogado penalista sin casos  toma otro libro y leé: "la acción de una libra esterlina es la base del imperialismo brítánico" -Pág.61-. Más adelante -Pág.101-: "El capital financiero es una fuerza tan considerable, tan decisiva, podría decirse, en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de someter, y en efectos somete, incluso a Estados que gozan de la independencia política más completa". Y, en la Pág. 149: "El imperialismo es la época del capital financiero y los monopolios, los cuales introducen en todas partes la tendencia  a la dominación y no a la libertad".

Lenin, "El imperialismo, etapa superior del capitalismo", editorial Anteo. Fue escrito en Zurich, en la primavera de 1916.

¿Qué humanismo podemos repartir entre nuestros hermanos en la época del capital financiero sin límites dominando nuestra patria?

Podemos profundizar sobre el "Giro linguístico" en filosofía. 

No es que uno no deba beber un vino mansamente con sus familiares o amigos. 

No es que uno no pueda escuchar: "La calle del agujero en la media", del Cuarteto Cedrón. 

Pero es la intimidad en los bares de Buenos Aires. 

Son las conversaciones y confesiones de los amigos y amigas. Es un malestar en la cultura ciudadana.

El abogado penalista sin casos bucea en otro libro -ya es madrugada-: "Lo gravísimo es que todavía no pensamos; ni aún ahora a pesar que el estado del mundo da cada vez más que pensar" -Pág.14-. Y más adelante: "Esto quiere decir ahora: que todavía no hemos entrado en presencia ni dentro del ámbito de aquello que por sí propio exige ser meditado en un sentido esencial"-Pág.15-. Heidegger, ¿Qué significa pensar?, Caronte Filosofía.

Ahora la copa de vino recobra un color sutil y penetrante. La tapa del libro es negra y en la mesa se pierde entre otros tantos, acaso inútiles, de una época donde todo se ha echado a perder.

"Para que bebamos la rubia cerveza del pescador de Schilthigheim", el verso de Tuñon. 

¿Por qué la lucidez es poética y el pensar siempre es indigente de una época indigente que arroja indigentes por todos lados?. Entonces uno sube el volumen del Cuarteto Cedrón: "Palabras sin importancia", de Homero Manzi y el Tata.

¿Enfrentaremos los poetas el poder del dinero, al poder financiero? 

Los políticos en todos lados juegan al ludo.

Como en aquella Residencia Universitaria -"San José"-  donde al terminar de almorzar la máxima alegría, antes de zambullirnos en los libros, era jugar al Tute Cabrero.

Hay que estar fuertes. No sabemos la deriva de todo esto. 

Durante siglos la tragedia de Antígona, de Sófocles, fue un licor estimulante de los filósofos, artistas y poetas. 

Extraño, la valentía de una mujer durante siglos donde los derechos de la mujer eran muy pocos. 

Ninguna  otra tragedia influyó en el pensamiento de Hegel, más que esa.

Cuando finalizaban las páginas de la noche del viernes leyó: -¡Oh, animales míos, respondió Zaratustra, seguid parloteando así y dejad que os escuche! Me reconforta que parloteéis: DONDE SE PARLOTEA, ALLÍ EL MUNDO SE EXTIENDE ANTE MÍ COMO UN JARDÍN" -Pág.299, 

"Así habló Zaratustra", Friedrich Nietzsche. 

Fin.


lunes, 13 de noviembre de 2017

SIN UNA DESCOLONIZACIÓN DEL PENSAMIENTO NO HAY REVOLUCIÓN, Por Enrique Dussel

Foto: AVN

Fundador de la tendencia de la Filosofía de la Liberación, figura emblemática del pensamiento crítico latinoamericano, Enrique Dussel concedió una entrevista a Clodovaldo Hernández, de LaIguana.TV, durante su reciente visita a Caracas. En la conversación habló acerca de la coyuntura política latinoamericana, caracterizada por un reflujo de las fuerzas conservadoras y de la importancia que tiene la filosofía en la lucha de los pueblos por su definitiva emancipación.
Enrique Dussel es un filósofo y un trotamundos. Muchos son licenciados o doctores en Filosofía, o son profesores de la especialidad. Pero Dussel (Mendoza, Argentina, 1934) es un pensador en el sentido estricto de la palabra, más allá de los títulos, que también los tiene en cantidad (licenciatura de la Universidad de Cuyo, Argentina, doctorados de la Complutense de Madrid, Sorbona de París y Münster de Alemania, en Filosofía, Historia y Teología), y de las credenciales docentes que abarcan casas de estudio en todo el planeta, incluyendo el rectorado interino de la Universidad Nacional Autónoma de México, su patria adoptiva.

¿Y lo de trotamundos? Pues, para Dussel la filosofía no es un ejercicio de meditación en una torre de marfil, sino un contacto permanente con la realidad que se interpreta. Por eso ha recorrido Latinoamérica de cabo a rabo, y ha sido un intelectual trashumante, desde mediados del siglo pasado, en Europa, el Medio Oriente, África y Asia.
Fundador de la tendencia de la Filosofía de la Liberación, figura emblemática del pensamiento crítico latinoamericano, En la conversación habló acerca de la coyuntura política latinoamericana, caracterizada por un reflujo de las fuerzas conservadoras y de la importancia que tiene la filosofía en la lucha de los pueblos por su definitiva emancipación.

Al respecto, expresó ideas como las siguientes: 
 
Hoy, cuando se siente la carencia de Hugo Chávez, se aprecia más su importancia, pues él es considerado por la izquierda y por la derecha como un parteaguas, es un hombre que dejó muchas cosas y cuya falta se hace sentir.
Por distintos factores internos y externos, estamos en una situación que podría describirse como que habíamos dado dos pasos hacia adelante y ahora hemos dado uno hacia atrás, pero de ninguna manera puede hablarse de triunfo de la reacción. La historia es como un forcejeo, una dialéctica compleja a largo plazo, aun los triunfos también son cortos y hay que saber acumular fuerzas para los próximos dos pasos adelante.
Ahora, cuando les dan de pronto el frenazo, muchos de los que votaron (por Macri en Argentina, por la oposición en Venezuela, por el NO en Colombia) se van a dar de nariz contra la pared y se van a preguntar qué hicimos. A veces el pueblo, engañado por la prensa y por ilusiones, tiene que confrontar la realidad y hay un sufrimiento inevitable.
Hay que tener mucho cuidado para que en los próximos dos pasos adelante no volvamos a cometer los errores que hemos cometido. La etapa anterior debemos entenderla como una escuela.
Ahora ha cobrado una fuerza y el pensamiento crítico debe dar un horizonte de largo plazo, pues una revolución que no llega a una descolonización del pensamiento, sigue siendo colonial.
Estamos en una situación colonial agobiante, pero mucho más sutil que antes y mucho más extractiva de nuestras riquezas. Los españoles nos robaron pequeñas cosas. Ahora nos roban hasta el alma.
A medida que voy creciendo, ganando años, pero no perdiendo juventud, voy viendo más la importancia de la filosofía
La filosofía permite saber que lo que nos proponen son fantasías e ir a la esencia de las cosas. Y ese es el origen de cualquier revolución. No quiero ponerme a citar clásicos, pero alguien dijo que una revolución sin teoría no es revolución.
La filosofía hay que pensarla por su contenido político, económico, psicológico porque el asunto no es hablar, sino de qué hablo.
Cuando le preguntan a un shamán, en una comunidad indígena quiché o guahibo, el sentido de la muerte, él cuenta un mito y le da un sentido. El filósofo puede comparar el distinto sentido que ha dado a la muerte cada civilización.
En Venezuela, la crisis se plantea en términos filosóficos entre gente que quiere dar de comer al hambriento y gente que, en nombre de principios modernos, están en contra de ese aspecto fundamental del cristianismo. Lo que les interesa es alimentar al capital.
La situación va a cambiar, pero no mañana ni pasado, ni en diez años, se va a llevar todo el siglo XXI. El que quiera hacer la revolución a fondo en vida, es un iluso, las revoluciones se hacen por siglos. Hay que echarse una mochila al hombro, de mucha alegría, y entrar a la historia, porque si no tienes alegría no vas a aguantar. Dimos un pasito atrás, ya veremos más adelante cuándo damos los próximos dos hacia adelante.


A continuación, una versión del diálogo completo de Dussel con el periodista Clodovaldo Hernández:
 
-En América Latina veníamos avanzando hacia una etapa de desarrollo de las fuerzas progresistas, y con ello de la discusión de temas como la descolonización y una nueva ética política, pero en los últimos años ha habido retrocesos por vía electoral o por otras vías. Usted, como el trotamundos que ha sido, ¿diría que va a triunfar la reacción, que va a imponerse la doctrina que nos estaba arropando en los años 90, el neoliberalismo, el fin de la historia, la postmodernidad?

-Bueno, el imperio, Estados Unidos, ha ido siempre modificando sus prácticas para detener la emergencia de los pueblos latinoamericanos. En algún momento fueron las dictaduras militares, después fue el atractivo de la expansión de las trasnacionales y el neoliberalismo. Pero, efectivamente, desde el fin del siglo XX, desde 1999, y debe decirse que por influencia de la experiencia muy particular de Venezuela, hemos presenciado el avance de las fuerzas progresistas. Hoy, cuando se siente la carencia de Hugo Chávez, se aprecia más su importancia, pues él es considerado por la izquierda y por la derecha como un parteaguas, es un hombre que dejó muchas cosas y cuya falta se hace sentir.

Pero no se trata de individuos, sino de estructuras más generales, y de ahí en adelante (desde la Revolución Bolivariana) vivimos lo que llamamos la primavera política de América Latina, con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil. Eso amplió la fisonomía de América Latina. Así lo reflejé en un libro de 2006, titulado Veinte tesis políticas, en el que planteaba que hay que repensar la política desde esta primavera. Por distintos factores internos y externos, estamos en una situación que podría describirse como que habíamos dado dos pasos hacia adelante y ahora hemos dado uno hacia atrás, pero de ninguna manera puede hablarse de triunfo de la reacción. La historia es como un forcejeo, una dialéctica compleja a largo plazo, aun los triunfos también son cortos y hay que saber acumular fuerzas para los próximos dos pasos adelante. Y esos pasos tendrán que darse porque estos gobiernos que están surgiendo, y hasta el NO de Colombia, están demostrando que sí, el pueblo ha sido desorientado. En el caso de Argentina, la gente que votó por Macri, en gran parte, ya está arrepentida y sufriendo los efectos.

Con el pueblo brasileño va a pasar exactamente igual. Estaban montados sobre la alegría de los logros y lo que querían era disfrutarlos. Perdieron de vista que esos logros se habían alcanzado gracias a una conducción severa, objetiva, que había defendido los intereses del pueblo. Ahora, cuando les dan de pronto el frenazo, muchos de los que votaron se van a dar de nariz contra la pared y se van a preguntar qué hicimos. A veces el pueblo, engañado por la prensa y por ilusiones, tiene que confrontar la realidad y hay un sufrimiento inevitable. Claro que sufren más los que vieron el peligro, los que estuvieron en contra, pero también los que se dejaron atraer por espejitos. Hay que preparar los dos pasos adelante. Entender que no hay triunfo de los que están gobernando y tampoco la izquierda progresista debe creer que los logros que había alcanzado eran definitivos, toda vez que son muy perecederos, y aceptar que se han cometido errores, ha habido corrupción. El militante, a veces, es austero, disciplinado y luchador mientras está en la base, pero al llegar a posiciones de poder tiene un salario alto, se compra un auto, cambia de casa, y resulta que se corrompió. Hay que tener mucho cuidado para que en los próximos dos pasos adelante no volvamos a cometer los errores que hemos cometido. La etapa anterior debemos entenderla como una escuela.

-Esos próximos dos pasos adelante tienen mucho que ver, según numerosos análisis, con que haya una revolución cultural, que en la mente y en el alma de las personas se produzca de verdad un cambio revolucionario. ¿Que faltó en esta primavera para instaurar esa revolución en el terreno cultural?
-Bueno, uno ha estado entregado a este mundo de la filosofía desde los quince años de edad y ve la complejidad de este lenguaje de lenguajes, este metalenguaje muy complejo, que es una cierta visión orgánica, argumentada, histórica de la realidad. Es lo que va detrás de siglos, del pensamiento de Platón en Grecia, de Confucio en China o del Upanishad en la India. Y lo que estamos descubriendo es un pensamiento crítico que en América Latina comenzó hace cuarenta años. Cuando planteamos una filosofía latinoamericana de liberación se le quiso dar un sentido anecdótico. Lo profesores en Estados Unidos y Europa lo veían como el producto de una incultura, no de una cultura latinoamericana. Teníamos que golpear las puertas de las universidades, y nos rechazaban, no nos permitían ser profesores. Ahora (esta doctrina) ha cobrado una fuerza y el pensamiento crítico debe dar un horizonte de largo plazo, pues una revolución que no llega a una descolonización del pensamiento, sigue siendo colonial. Ni la izquierda esta vacunada de seguir siendo colonial. Hasta los sectores más vanguardistas, entre comillas, porque son dogmáticos.

La tarea es difícil, pero ya la empezamos. Lo que debemos es tomar conciencia de cosas que estamos elaborando, que no dependen de EEUU o Europa, es algo nuestro porque partimos de una realidad distinta, hemos aprendido a pensar y ahora tenemos que ser responsables y hacer cambios mucho más profundos. Debemos tomar conciencia de que tenemos en la cabeza, en el fondo, una interpretación eurocéntrica de todo, tan profunda que cuando uno da ciertos ejemplos, la gente se espanta porque cómo es posible que yo viera las cosas de un modo tan unilateral, a la europea, negándome a mí mismo y justificando la dominación que sufría. Debemos entender que el último nivel de la dominación, y al mismo tiempo de la transformación histórica, es una cierta visión del mundo.

Y a eso hoy le hemos llamado descolonización epistemológica. Epistéme significa ciencia, por lo que sería una descolonización filosófica, científica y tecnológica. Tenemos que ver que nuestro mundo latinoamericano, el que tenemos por delante, es colonial. No debemos seguir creyendo que ya en 1810 o 1820 nos liberamos de España y pasamos a ser independientes, pues caímos en manos de Inglaterra y EEUU, y por eso, como lo habían dicho Mariátegui y Martí, nos toca la segunda emancipación. Estamos en una situación colonial agobiante, pero mucho más sutil que antes y mucho más extractiva de nuestras riquezas. Los españoles nos robaron pequeñas cosas. Ahora nos roban hasta el alma. La dominación no es que haya un soldado en un destacamento español a cientos de kilómetros, sino que se metan en nuestras camas con la televisión y la propaganda. Por ejemplo, la oposición a esta Revolución Bolivariana es no solo de un conservadurismo económico, político, burgués, liberal: es histórica, cultural, y hasta espiritualmente y cristianamente colonial, no saben pensar lo nuestro, desprecian lo nuestro. Y el mismo pueblo a veces, tal es la influencia de la educación, los medios de comunicación, la televisión, llega a despreciarse a sí mismo y anhela salir. No podrá hacerlo, tendrá que aprender a revalorizar lo propio y a partir de allí construir un proyecto de felicidad.

-Venezuela vive una crisis bastante grave desde los puntos de vista económico y social. Y eso lleva a una vieja pregunta que mucha gente se ha hecho: ¿para qué sirve la filosofía?, y en casos como el nuestro, ¿para qué sirve cuando la persona está pasando necesidades o tiene hambre?

-Debo decir que esto es una convicción que he ido acumulando con los años, desde que era un joven licenciado de 23 años, hace casi 60. A medida que voy creciendo, ganado años, pero no perdiendo juventud, voy viendo más la importancia de la filosofía. No es un asunto de comer hoy, es comer mañana. Es, como decía un líder asiático, no es cuestión de darle a alguien, como limosna, un pescado, sino de enseñarle a pescar (bueno, si hay pescado, si el capitalismo no los ha matado a todos).

Considero que es tanta la importancia de la filosofía que hasta me extraña que me pregunten para qué sirve. Sirve para cambiar el cerebro, la interpretación, para poder ver lo que nos están haciendo. Porque aparte de eso solo hay apariencias, la Coca Cola, la riqueza, el modelo americano… y los mismos ciudadanos americanos están completamente desilusionados de lo que son. Basta ver los dos candidatos que tienen. El pueblo no cree en ellos. Y ese pueblo, que parece ser la imagen de la democracia es un pueblo barbarizado, voy a atreverme a decirlo. Se le dan las noticias que convienen, casi todas norteamericanas. Van a Siria y la destruyen sin siquiera saber lo que es Siria.

Destruyeron Alepo sin saber nada de ese lugar, destruyeron Bagdad, que es el centro de una cultura mundial, el origen de las matemáticas modernas, de la astronomía, un lugar donde vivieron grandes filósofos aristotélicos, que luego pasaron a Fez, a Córdoba y apenas llegaron a París en el siglo XIII. Bagdad es la Mesopotamia, el origen la cultura humana, allí estuvo Hamurabi, allí estuvo el pueblo de Israel en el exilio, allí empezaron a escribir la Biblia, en estilo cuneiforme. Y el señor Bush, que se dice cristiano fundamentalista de derecha, es un ignorante que no ve ni lo que tiene delante de la nariz, destruyó Bagdad sin saber que destruía la cuna de la Biblia. Bueno, la filosofía permite saber que lo que nos proponen son fantasías e ir a la esencia de las cosas. Y ese es el origen de cualquier revolución.

No quiero ponerme a citar clásicos, pero alguien dijo que una revolución sin teoría no es revolución. En ese sentido, Hugo Chávez era un estadista excepcional en todo el mundo, que leía y estudiaba, que cuando hablaba mostraba los libros que había leído en la semana. ¿Qué presidente hace eso? Por cierto, los adversarios siempre se opusieron por atavismos eurocéntricos. Me gustaría ponerlos a discutir con mis colegas de la universidad y poderles probar que tienen una suma ignorancia, pues se dedican, cuando mucho, a comentar a los europeos. Les preguntan, ¿usted qué es?, y responden kantiano; ¿y usted?, hegeliano; ¿y usted?, comentador de Habermas… Señor, son repetidores, ¿dónde está la filosofía nuestra?, ustedes no son filósofos. Les llamo sucursaleros y lo son, de vergüenza. No se dan cuenta de que ni sus líderes los quieren. ¿Usted cree que Habermas va a querer a alguien porque está propagando su pensamiento? No, no lo va a respetar porque no ha hecho nada. El punto sería que criticara a Habermas y fuera más denso que él, desde Venezuela. Allí sí, hasta el propio Habermas diría “este me está serruchando el piso desde una situación distinta”. Pero no se animan porque son cobardes políticamente e ignorantes teóricamente.

-Usted ha postulado la necesidad de impulsar una filosofía de los pueblos originarios latinoamericanos. ¿Cómo puede instrumentarse esa filosofía, tomando en cuenta que en su mayoría fueron pueblos sin una lengua escrita?
-Mire, dice Aristóteles, y luego lo reiteraron Platón y los demás griegos, que el filósofo es mitopoyético (creador de mitos). Porque el mito es método para hacer filosofía, contra lo que piensan algunos analíticos, formalistas del lenguaje anglosajones que hoy tienen el poder político y filosófico en casi todos los departamentos de Filosofía en la Tierra y a los que solo les interesa el habla. La filosofía hay que pensarla por su contenido político, económico, psicológico porque el asunto no es hablar sino de qué hablo. El mito, decía mi profesor en la Sorbona, muy famoso, Paul Ricoeur, que el mito es un relato racional basado en signos. Si es racional das justificación, argumentas simbólicamente, no unívocamente. Hay que tener hermenéutica para saber interpretar los mitos para ver el contenido racional, no la parte estúpida, para chiquillos o inventada. El sabio crea mitos en el sentido de que pone relatos que son muy difíciles de interpretar. Por ejemplo, el relato de Adán y Eva es un mito en el sentido de Ricoeur, es una cosa muy seria, muy racional, no es para chicos, es para grandes, está cifrado simbólicamente. El tema no es el pecado original, sino la estructura de la falta moral hoy y siempre.

Es un relato que corrige otro mito, el de Gilgamesh en la Mesopotamia, en el siglo V antes de la era común o cristiana, hace 25 siglos. Si yo leo solo al mito adánico, no entiendo nada porque no sé a quién corrige. Es un mito absolutamente actual, que me enseña cosas que en cada época puedo leer. El mito es un gran instrumento de la filosofía. Dirán que el mito no es filosófico, pero la filosofía tampoco es ciencia, sino que piensa el principio de la ciencia. El geómetra es un científico, pero el filósofo se pregunta qué es el espacio. El matemático es un científico, pero el filósofo indaga qué es un número, qué es la cantidad, va al fundamento de la ciencia. Cuando a un shamán, en una comunidad indígena quiché o guahibo, le preguntan el sentido de la muerte, él cuenta un mito y le da un sentido y el filósofo puede comparar el distinto sentido que ha dado a la muerte cada civilización. Eso ha sido clave porque unos, como los griegos, los hindúes y los indoeuropeos, decían que muere el cuerpo, pero el alma es inmortal. En cambio, los semitas, los de Babilonia, los palestinos, los egipcios, decían que muere todo el ser humano, pero luego resucita. Otro mito. Ninguno de los dos se puede probar científicamente, pero cada uno le da un sentido diferente a la vida. Si yo creo que el alma es lo bueno, lo divino, lo ingenerado y eterno, el cuerpo es el origen del mal, tener deseos sexuales es pecados, como creyó el pobre San Agustín.

Osiris, tres siglos antes del fundador del cristianismo y 19 siglos antes de Engels y Marx, le preguntó al muerto: “¿Qué has hecho de bueno en la Tierra?”, y el muerto le respondió: “Le di de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo y una barca al peregrino en el Nilo”. Todos eran principios vitales, relacionados con la carne. Para los semitas y para el fundador del cristianismo, dar de comer era la primera obligación, eso es una política, una economía, una concepción del mundo. En Venezuela, la crisis se plantea en términos filosóficos entre gente que quiere dar de comer al hambriento y gente que, en nombre de principios modernos, están en contra de ese aspecto fundamental del cristianismo. Lo que les interesa es alimentar al capital. El filósofo les muestra su contradicción. Así ocurre en otros países. Vengo de Colombia, allá hay un tal Uribe, un gánster.

Es un país católico y ahora hay un papa que dice que la paz es importante, pero el señor Uribe dice que el papa es castro-cheguevarista. Y no vaya a ser que tenga razón, pero para el bien, porque él es un adorador de Satán. Satán come seres humanos, igual que el capitalismo. Pero Uribe jura que es cristiano. Lo que hablo no es una crítica de doce o quince años, sino de toda una historia mundial de 5 mil años, que ahora está en ebullición porque se acaba el eurocentrismo, la China y la India comienzan a crecer y habrá un mundo multipolar. La situación va a cambiar, pero no mañana ni pasado, ni en diez años, se va a llevar todo el siglo XXI. El que quiera hacer la revolución a fondo en vida, es un iluso, las revoluciones se hacen por siglos. Hay que echarse una mochila al hombro, de mucha alegría, y entrar a la historia, porque si no tienes alegría no vas a aguantar. Dimos un pasito atrás, ya veremos más adelante cuándo damos los próximos dos hacia adelante.