domingo, 21 de marzo de 2021

PLEGARIA PARA UNA MADRUGADA SIN FUERZAS por Claudio Javier Castelli

 




A veces, cuando no puedo escribir

bostezo angustias,

pienso en el matrimonio,

recojo las piernas y fumo la intemperie,

ciegas,

torpes,

las manos.




A veces, cuando no puedo escribir

me siento al lado de los serenos para conversar,

saludo a un policía demostrando agrado y respeto,

hago el amor y exagero el orgasmo

con descarada mímica y rebuznos de perro.




A veces, cuando no puedo escribir

simulo no ver al vecino

para evitar compartir el ascensor,

recuerdo la voz del mozo diciendo: “Caballero”,

coincido con el taxista acerca de la "necesidad del paredón".




A veces, cuando no puedo escribir

asiento con la cabeza cada definición del profesor,

escribo cartas a los diarios porque “así no podemos seguir”,

lleno solicitudes para integrar clubes de admiradores,

indago al portero sobre el señor del octavo “B”,

le confirmo a mi mujer que haremos el amor el sábado a la tarde.



A veces, cuando no puedo escribir

decido mis vacaciones en el mismo lugar de toda la vida,

protesto junto a las señoras gordas

por las veredas rotas, en Las Heras y Pueyrredón,

llamo a un amigo que no veo desde hace años

para decirle que "en cualquier momento nos vemos".




A veces, cuando no puedo escribir

al compartir el ascensor converso sobre el clima,

en "los Tribunales me muestro simpático con todos los colegas

incluso con algunos a los que detesto",

en una discusión manifiesto estar de acuerdo con uno,

y en privado hago lo mismo con el otro.




A veces, cuando no puedo escribir

escucho a un periodista afirmar la producción de un hecho

y al mismo tiempo negarlo,

miro la televisión y compro la revista: “Gente”,

convenzo a un amigo que el próximo lunes dejo de fumar,

simulo estar triste porque una ex novia se divorcia y me lo cuenta.




A veces, cuando no puedo escribir

escucho a un político desdecirse de sus afirmaciones

con las mismas palabras y diferentes entonaciones,

me pongo el traje azul para escuchar a la gente decirme

“Ahora si pareces un abogado”.




A veces, cuando no puedo escribir

le prometo a una mujer que voy a cambiar,

sueño con la desnudez de aquella novia

otra vez entre mis brazos,

sueño con poder escribir pero ni en sueños escribo.




A veces, cuando no puedo escribir

sé de la desventura de un viejo amigo

y digo: “Tengo que llamarlo”,

compro un billete de lotería,

y aguardo una nutrida esperanza.




A veces, cuando no puedo escribir

la espero aunque sé que no vendrá,

llego tarde a un encuentro

y doy razones falsas acerca de mi demora,

en Tribunales simulo coincidir sobre un disparate jurídico

con el empleado judicial.




A veces, cuando no puedo escribir

leo un editorial del diario “La Nación”

y creo compartir

“la honda crisis moral que acecha a la República”,

extraño a Juan Alberto Mateyko,

admiro la "inteligencia" de Luis Majul

y creo que tiene razón Leuco

en que todo tiene que ver con “ella”.




A veces, cuando no puedo escribir

me arrepiento de una ofensa inevitable que produje

y digo: “si me hubiera callado”,

recuerdo una inexorable despedida

y digo: “si me hubiera quedado”.




A veces, cuando no puedo escribir

sufro pero sufro en serio,

humedece el escritorio la llovizna

y un rumor de hierbas se esparce

desde las palabras.




A veces, cuando no puedo escribir

reclamo piedad, me rindo, me duelen los labios,

las páginas piden una aspirina

y busco la infinitud de la sangre.




A veces,

cuando no puedo escribir:

Escribo.




Claudio Javier Castelli

Diciembre de 1994-Marzo de 2021.










domingo, 14 de marzo de 2021

FIN DEL SIGLO XX por Claudio Javier Castelli

 


OBERTURA:


García Márquez dice (creo en el prefacio de “Doce cuentos peregrinos”) que: “un buen escritor no se mide por lo que escribe sino por los papeles que tira”, atenuando esta sentencia, Héctor Yánover dice en un libro que: "los poetas deben corregir con cautela sus poemas porque poner mucho rigor puede terminar por destruirlos o eliminarlos". Siguiendo el consejo de Yánover escribo esta obertura para justificar por qué publico este poema: en primer lugar cansado del lugar común del vocerío poético que dice: “los poemas se justifican por si solos”, en segundo lugar porque la reescritura rigurosa de este poema dio lugar a otro poema que se llama: “Epílogo al Sur de las estrellas”, y fue publicado en el Libro: “Llueve en las raíces”, de mi autoría, Ediciones del Jinete Insomne, Buenos Aires, 2018, y luego fue subido en este blog (https://vagosyderecho.blogspot.com/2018/07/epilogo-al-sur-de-las-estrellas-por.html…), en tercer lugar porque la metafísica es el ecualizador de sonido de un equipo “Aiwa 990” cuya imagen ofrecida en el frente son las rayitas que se mueven según la intensidad y variación de la resonancia de la música echada a rodar. En este último sentido la reescritura que significó el poema publicado en libro es la metafísica de este poema originario que se publica ahora.

El poema publicado en libro (la metafísica) vendría a ser hegeliano, el poema originario que publicamos ahora (el “ser ahí” –“Dasein”-) vendría a ser heideggeriano.

El poema originario se hizo de un tirón una noche larga de Abril, de 1991. ¿Por qué escribimos tanto en esa época? El fin del comunismo real se interrelacionó con el fin del peronismo que significaba, Menem. Los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que los acompañaron barruntaban que detrás del telón no había nada más que nada, así lo interpretaron los cronistas, el arte, y los intelectuales panfletarios neoliberales, pero así también lo interprete yo.

Fue como abrir la puerta del altillo y encontrarse con el vacío, para colmo terminaba el siglo y este fin nos trituró los huesos. Por el año 1991 los socialistas de Estévez Boero, salieron a repartir claveles en la calle Florida, nada más patético que ese escuálido acto de propaganda política. Eran humanismos de cortesía como si hoy le lleváramos una rosa a Magnetto, a cambio de que defienda a Cristina Fernández de Kirchner, y la justicia social.

Es cierto que la revolución sexual, el amor libre, que los europeos experimentaron en los sesenta, en argentina fue lentamente avanzando desde el retorno de la democracia y explotó en los noventa.

Dios había dejado de existir entonces valía todo (“Los hermanos Karamazov”, Fiódor Dostoyevsky), como dice el sentir popular “no se le hacía asco a nada”. De alguna manera era la venganza contra ese putrefacto sistema que se estaba reformulando. Era también la redención por el amor libre. Todo regado con mucho alcohol y drogas duras que en ese entonces eran masivas. El indio había dicho unos años antes: “El futuro ya llegó todo un palo ya lo ves”. Ya no eran las sutilezas del Cannabis sino la desmesura de la cocaína para empezar. La sensualidad era el Dios de aquella época.

¿Qué ingenuos los jóvenes de aquel tiempo? Pero también ¿Qué ingenuidad la de los profetas del fin de siglo, del fin de la historia, del fin de las ideologías? Que me digan esos adláteres del fin dónde Hegel dice que la historia termina, ¿en qué lugar?, y aunque lo hubiera imposible interpretar eso leyendo la “Ciencia de la Lógica” o, la “Filosofía del Derecho”, cuyo último juez es la Historia Universal. Las “Lecciones filosóficas de la Historia Universal”, la publicaron sus discípulos en base a apuntes de clase, y algunos textos del propio Hegel, pero a pesar de la importancia desmedida que se le ha dado a ese libro en latinoamerica, no es ni con mucho su libro más importante. Su libro más importante es: “La Ciencia de la Lógica”, seguido por la “Fenomenología del Espíritu”, luego “La Filosofía del Derecho”, y finalmente “La Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio”. Todos publicados en vida, seguidos luego por los publicados por sus discípulos después de su muerte.

Como sea de aquel festín de fin de siglo solo quedan cenizas que se volvieron a humanizar lentamente recogiendo las brasas apagadas que se convertían en ramas, cuyo tronco es ya muchísimo más grande que el “Algarrobo Abuelo”, que se encuentra en Merlo, San Luis.

Es suficiente para una obertura que debe ser breve. Vamos al poema.


FIN DEL SIGLO XX


vivir enredado a  diccionarios de tabacos,
tomar  sol en el anaquel de los vasos,
esperar  deshoras,
desnudar  ventanas

humedecidos brazos en lociones de maderas,
en femenina lluvia abrazadora como Subterráneo en el Cine “Arte”

la ducha del contestador
estimula miradas hacia el piso del cielo,
hacia las nubes del almanaque postal
en la armonía del pulpo rompecabezas

mujer mitad ternera desterrada
por las sirenas de los charcos,
humanoides muertos en la cámara de gas de los cajeros automáticos,
piececillos sedosos profetizando humanismos de cortesía,
ofrecen claveles en las propagandas de “Gancia”

seguir las tapitas de agua mineral en la pendiente de las horas
humano destejiendo almíbar de paredes en siglos donde los abanicos se derraman como un destello
guardándose en cerámicas para florecer en el estéreo de la vida,
asido a los consorcios como pulmón de manzana,
a las placitas donde los niños juegan a las bochas
y los jubilados en calesitas de arena

donde la panadería huele a pollera de mujer,
donde hicieron el amor dos terráqueos 
crepuscular la cruz de la corteza en el fémur de la vida
cuando el corazón adorna las nadas
en el shopping entretejido con papel de potus
y fuentes de agua artificial mineralizada en la universidad de la hamburguesa

allí las cajeritas sentadas en los autitos chocadores
dirigen la orquesta de escaleras mecánicas
interprete feliz de la música de supermercado
al compás de la alegría tecnoprogramda de los empleaditos “Mac Donald”
corriendo la posta de los emparedados

tratar de escribir
si las librerías otoñales guardaron las hojas
en las fotocopiadoras de las video vidas de las gentes

el vecino de mi mano derecha quiere el regreso de su mujer
compró la piedra pómez y los fósforos 

todo
para desvencijarme en un pubis juvenil
embardunado en pastel de manzana y sundae de vainilla
mientras muere un tacho de “Manliba” en la salsa golf de la calle Florida

el mundo al cielo las calles
abriéndose raquíticas antenas marginadas del camino,
nebulosas de balcones deshaciéndose,
sin anteojos 
empañanse las cosas

digo piropos a los ciegos
busco un astronauta romántico
el guiño de un satélite prófugo
la complicidad de un alma sin tiempo para pensar en el cielo
estresada de tanta nada
a punto de un ataque sanguíneo
ni loca –dice- prefiero los trámites del espacio

si los marcianos de los suburbios
decidieran compartir la mesa
finalizando el rodeo universal
y amanecieran desnudos en camas de lino
y abrieran las ventanas nadas
y descendieran toboganes
hacia calles pobladas de gatos humanosos
asidos al vientre de las cuadras
abrazados a cien pies numerados
rellenos de hormiguitas trajeadas en sal

placitas de cera amaneradas
reúnen  mamás hamacando guirnaldas,
perrito de juguete a sangre
juntito al policía de agosto escribiendo en el aire
como alumno de matemáticas en el interior de consorcios

osamentas lienzos durmiendo en tartas de brea,
manuelita regresando de parís
y la vaquita que quiso ir a la escuela en su tambo de papel glasé

tardes culturales ofreciéndose como fiambres del “Carrefour”,
encandiladas por la propagandas del cielo
invitan al patíbulo de los flipper

jugar al video truco sin contraseña de supermercado,
apenas una sota muerta de frío porque es invierno en las cartas
y le robaron el delantal protector de la insensibilidad de las manos
habitante de las mesas color calas

amores en bolsitas de papel picado
distribuidos por proveedores matinales
psicofármacos del tránsito en el diván de los cordones,
ofrecen cariñitos en las tapitas de los gimnasios
donde los espejos reclaman a los comensales
los reflejos correspondientes
para hacer un video de los años faltantes
y terminar el siglo de una buena vez…

Claudio Javier Castelli, Abril de 1991.






martes, 26 de enero de 2021

A LOS POETAS POPULARES por Claudio Javier Castelli

 


Aquellos de verso mineral; 

regados por la correntada del río marrón;

en las laderas de las montañas describieron al “arribeño” (1)

“como un puma ladino que no han de encontrar”,

cantaron al “pueblo azul”, en La Rioja (2),

le hicieron zambas “a los amigos de la noche”, en Tucumán (3),

amaron al “bohemio guitarrero abrazado con la pobreza”, en Santiago (4),

se iluminaron con la niñez haciendo sapitos en la costa del norte de Entre Ríos (5),

hablaron de la dureza de "La Forestal", y de cómo se llevaba el "tanino"(6),

fueron “peón de boliche”, en Plumas verdes(7),

y la vieron “bajar por el río”(8).


Recordaron al “pueblero de Allá ité”, en Corrientes (9),

nos contaron cómo es el "Otoño en Mendoza" (10),

la infancia triste de Armando Tejada Gomez (11),

y "Agosto en Tucumán"(12).


Disolvieron la absurda matriz de todas las cosas

en “Buenos Aires morena”(13),

hicieron un homenaje de amistad con “El Rusito”(14),

quebrantaron la simpleza del tango

en el vuelo y la finura de Homero Manzi;

el encuentro entre la ciudad y el campo en "Flor de lino" (15);

y volvieron a ser nuevamente simples en el verso porteño de Eladia Blázquez; 

porque “quisiste y no te quisieron, porque te engañaron”(16).


Porque cuando llegó la inundación y sembró de noche, lluvia, y desazón el horizonte

le dijiste “Apurate José” (17);

“porque este azul provinciano es un verde también” (18).


Hermano del "cantor de cantinas"
con quien compartiste copas y desagravios;

en los lagos del sur evocaste al Mapuche, y su reclamo de quinientos años (19),

no faltaron tus palabras a la muerte de “Gertrudis Yale” (20);

"porque las leguas desaparecen ni bien el alma empieza a aletear" (21).


En servilletas de papel fusiladas de luna, en los bares,

acodado a la última mesa, del último rincón

escribiste los mejores versos en el “trago de la noche” (22).


Recopilaste la música y las palabras de los expulsados del mundo

en montañas llenas de frío seco y despiadado,

en el rasguear de las guitarras donde los duendes de los pueblos originarios y los gauchos

se nutren de la inmensidad de la llanura,

el sosiego de las cuchillas de Montiel,

el crepitar de los bosques, los llanos y los montes,

 y el abismo de las mismas costumbres.


Como aquel poeta urbano que “quería llorar por todos los poetas que nadie ha conocido” (23),

¿De qué huías? ¿Cuáles eran las razones para estar aterrados?

(como decían los estertores de un poema de Raúl Gustavo Aguirre (24));

te atraían los “atardeceres, los arrabales y la desdicha”(25),

como el Borges juvenil.


Son los mismos temas anidados en desventuras;

para volver a soñar persistente en los adioses,

perseguir los arco iris, que se desvanecían una y otra vez,

y volver a escribir bajo el candil de un cielo lejano;

porque el "albañil de cuclillas en el andamio"

tiene el mismo gesto que el “tropero” en los esteros (26).


Te admiran los zorzales y las iguanas,

los dueños de los bares y los “mozos”,

los grandes paisajes,

la intimidad de los pueblos,

los caudillos de nuestra historia,

los relámpagos de las tormentas,

el rocío de una mirada perdida,

la escarcha de los amaneceres,

la niebla de los caminos;

la "llegada de un jaguar a la tranquera" (27).

Te mima la noche.




No he podido seguirte

enredado en la vanidosa Buenos Aires;

hubiera querido tu destino de grano de mostaza,

dónde los árboles en la plenitud de los pájaros

acobardan todas las decisiones,

y absuelven la condena del tiempo.




¡Abre las puertas de la mañana

para que la luz del sol ilumine tus servilletas,  tus laderas, y tu ilusionada vida!.


Pero deja de huir…

ya estamos todos “nosotros”.


Enero de 2021

(1) Néstor Soria
(2) Ramón Navarro
(3) Lucho Díaz y Luis "Pato" Gentillini
(4) Marcelo Ferreyra y Carlos Carabajal
(5) Horacio "Chino" Martínez
(6) (7) (8) Horacio Guarany
(9) Pocho Roch
(10) Jorge Sosa
(11) "Primera infancia", de Armando Tejada Gómez
(12) Osvaldo M. Castillo
(13) Héctor Negro y Cármen Guzmán
(14) Héctor Gagliardi
(15) Hómero Expósito
(16) "Porqué canto así", de Celedonio Estebán Flores
(17) Teresa Parodi
(18) "Ay este azul", de Pancho Cabral
(19) Jorge Spíndola
(20) Manuel J. Castilla
(21) "A qué le llaman distancia", de Atahualpa Yupanki
(22) Lucho Díaz
(23) Héctor Yanover
(24) "El triunfo de las letras", de Raúl Gustavo Aguirre
(25) Jorge Luis Borges
(26) "El cielo del albañil", de Teresa Parodi y Antonio Tarrago Ross
(27) Francisco Madariaga







domingo, 17 de enero de 2021

UNA PLAYA por Pablo Cingolani(") para Vagos y Derecho

 


Tu que caminas, detente, admira a la playa solitaria que se abre en medio de las montañas, sabe reconocer sus marcas…

Mira, allí están, los pasos de los campesinos que la atraviesan yendo y viniendo de sus papales que cuelgan sin gravedad de los cerros, mira, mira bien: hay huellas que casi no se ven, son los pasos de sus pequeños hijos que van con ellos, jugando con sus perros, a empezar a aprender a dialogar con la tierra…

Mira, mira más allá, no tan lejos, suben y bajan las pisadas de los arrieros, las trazas de las herraduras, la fatiga ausente, la acechanza de la tormenta, el cantar interno, mira como se estira la travesía, como el agua vivifica, como el cielo es su único testigo…

Mira allí, huele, siente: aquí hubo fuego, tal vez se cruzaron dos andariegos y al calor de las llamas, celebraron el encuentro, agregando encanto al universo.

Allá a lo lejos, veras las sombras de los guerrilleros. Son los decididos de Mecapaca, de Tahuapalca, de Cohoni, son los alzados del Partido de la Patria y de la Independencia…

Mira sus lanzas, sus hondas, sus rostros. Ese es Julián Tito, labriego de Collana. Ese es Pedro Vargas, artesano, de Millucato. Han dejado sus dudas en sus casas, han decidido pelear, no van solos: una palabra de Simona, La Madre de la Montaña, bastará para guiarlos, encenderlos, sanarlos…

Míralos: saltan como vizcachas entre las rocas, buscan amparo río arriba, muerden y escapan, muerden y sueñan con la libertad, las playas, las quebradas, los cerros son su guarida y su guarda, emblema que fecunda, se han sublevado, ellos resisten, no pasarán.

Los chasquis, sí. Ellos pasaban presurosos: eran sangre de pueblo de comunión mineral, pueblo tenaz que se dejó enamorar por las montañas y por la Cruz del Sur y el arrullo hipnótico de las aguas que fluyen y el misterio escondido en las aguas que se aquietan. Iban y venían guiados por el aliento protector de Viracocha y, por eso, no tenían miedo al huayco…

En verdad te digo frente a estas elocuentes evidencias: el tiempo pasará o acaso cese o se detendrá, más tu caminante, detente y vuelve sobre tus pasos, volverás a la playa, a esa playa, y en cada grano de arena, cada guijarro, cada piedra, si sabes mirar, veras sus bellas banderas de harapos y dignidad, recobraras sus latidos y sus voces, encontrarás sus rastros… y si lo intentas y si te empeñas, ya sabrás que hacer con tanto tesoro apasionado entre tus manos.

Laderas de Aruntaya, 14 de enero de 2021

(")Historiador, poeta, periodista y explorador argentino (Buenos Aires, 1963). Reside en La Paz, Bolivia, desde 1987. Como historiador, realizó estudios sobre los derechos argentinos sobre las islas Malvinas y los problemas de tierras en la puna de Jujuy, la explotación cauchera en la Amazonía y la historia minera de Los Lípez potosinos. Trabajó como redactor y colaborador en una docena de medios gráficos de La Paz y sus artículos también se publican en medios de Argentina, Chile, Ecuador y España. En video dirigió, con Gastón Ugalde, Imagina Bolivia y la primera serie de documentales sobre áreas protegidas. Encabezó expediciones ecohistóricas desde 1980, explorando, entre otras, la región de Iruya-Baritú, Cumbres Calchaquíes y la puna jujeña en Argentina, el desierto de Atacama en Chile y casi todos los parques nacionales de Bolivia, en especial en Lípez, Chaco y Amazonía. Es el creador y director de la Expedición Madidi, que ha explorado distintos sectores del parque boliviano del mismo nombre, y ha sido declarada “de interés nacional” por el Congreso boliviano.

domingo, 10 de enero de 2021

BEATRIZ por Claudio Javier Castelli

 



                                           "Beatriz, guíame hacia el Paraíso, ya que Virgilio ya cumplió su misión" 

                                            Dante Alighieri



Vivimos juntos 

desde hace veintisiete años.

¿Cómo es que pudimos estar tanto tiempo?

A lo mejor porque una pareja

para ser pareja

tiene que caminar sobre el mar

confiados en las estrellas y el albur.

Cuando Cristo caminó sobre el mar

y lo invitó a Pedro a bajar de la barca,

Pedro bajó caminó unos pasos

temió y empezó a hundirse.

El amor no puede fundarse

en miedos compartidos

como el temor del burgués

a perder su fortuna.


Borges, en el primer poema

del primer libro de 1922

escribe en el Cementerio de la Recoleta

que "Vibrante en las espadas y la pasión

y dormida en la hiedra 

sólo la vida existe".

Eso creíamos todos los poetas jóvenes.

Ahora ya sabemos

menos por poeta y religioso,

que por experiencia,

que la muerte es una forma de existencia,

y lo que hay detrás

todas las civilizaciones y religiones

lo presumieron

como si la muerte fuera un cebo

donde el anzuelo del creyente

deba engancharse con facilidad.

"En la casa de mi Padre tengo muchas moradas".

Es confianza.

¿El aliento cósmico del universo

tendrá lugar también para ella?


María Elena Walsh dice por ahí:

"Siempre nos separaron los que dominan".

Es cierto. Nuestro querido país se involucró

con nuestro hogar, nuestros hijos, nuestra cama, nuestros perros.

También fue una oportunidad para resistir juntos.


Una pareja no es un "toma y daca",

un costo y beneficio,

un dar esperando algo a cambio:

es una infinita aventura 

de caminar sobre el mar.


Cuando me hablas

tu belleza sabe a patios,

a fuentes de agua, 

al susurro de un arroyo en el monte.


Fuimos jóvenes

y como todos los jóvenes

amábamos los cuerpos y los espacios. Negábamos el tiempo.

¿Por qué será que los hombres y las mujeres

cuando maduramos amamos tanto el tiempo

y le guiñamos a la eternidad?.


Nuestra fe política

y nuestro Dios compartido

saben de la lejanía de los mortales

con paradigmas y cálculos geométricos.

Todos y todas

somos miserables y primitivos

pero hay un recóndito lugar

de humanidad digna y razonable

donde abundan los frutos

que el espíritu riega cada noche

y nosotros también hemos regado juntos.


Beatriz,

no es este poema una deuda que debo saldar

por mucho que lo merezcas

en el amor verdadero no hay cuentas 

como el almacenero lleva en una libretita.

No hay mesa de saldos.


Cuando nos fuimos a vivir juntos

no pensamos en leyes,

ni en ritos, ni en sacramentos,

tampoco cuando tuvimos hijos.

Hoy aquella rebeldía se muestra ingenua

pero persistente.


Tu padre te dijo: -¡Es un bohemio!

¡Qué dulce y bienhechora bohemia

de mudanzas, trabajos, gobiernos,

ladridos, hijos, rencores, abrazos,

sopa cotidiana, viajes de verano,

y palabras y palabras y dichas

y palabras y palabras calladas!.


El amor es enigmático 

convive con terceros,

con espantos

y no se niega 

traiciones silenciosas

equitativamente distribuidas.

Ahora parecen ligeros

esos escollos de dolor y abandono

que nos hemos prodigado.


Y esta ciudad desierta y nocturna

nos acogió como una esperanza

en su vasto territorio de incertidumbres,

siempre a punto de expulsarnos

pero no le dimos el gusto.


Ambos participamos

de la fe en el estudio, el trabajo 

y la dignidad personal,

sabiendo que a cada estrépito

subyace la calma.


El amor en nosotros

ha sido un hábito misterioso

por más que lo intentábamos descifrar

muchas veces se escabullía

como el alumno de matemáticas

que no estudió la lección

pero nos acechaba siempre

como el ladrón en la noche.


A mí

que por mucho que lo haya buscado

me fue dado graciosamente el don

de hilvanar palabras

no he podido sino con ellas

decirte ¡Gracias!.

Pero ¡Gracias, sobre todo,

por este largo caminar juntos sobre el mar!.-


Enero de 2021.


sábado, 26 de diciembre de 2020

11 DE ABRIL DE 1870 y POSDATA DE 2020 por Claudio Javier Castelli para Vagos y Derecho

 



11 de abril de 1870

zumban las balas en la tarde última

Jorge Luis Borges




talas elevando voces de las aguadas,

gritos de teros atardeciendo pastos,

araucarias adormeciendo gemidos de paysandú,

apenas los últimos cañones,

apenas nada,

pavón sentido

como la deserción de basualdo,

un paraguayo reprocha silencios,

mirada deteniéndose en bandadas de palomas,

tibiezas de mates,

la tinta derramada después por escritores

dibujaba manchas en la tierra,

el cielo mantenía la cautela

de la compostura de su estampa,

desde lejos esperaba la partida,

su antigua venganza,

la vio entrar al palacio

con pistolas y caballos

-no se mata a un caudillo en su casa,

voz mezclándose en disparos

y sangre cuchillos,

gritos de viva lópez jordán,

viva lópez jordán.

Palacio San José, diciembre de 1987




Posdata de 2020

Había hecho traer de Brasil las araucarias; rodeaban el palacio en el medio del monte entrerriano, a unos 50 km de Concepción del Uruguay. Esos árboles soportaban el calor húmedo del verano, y el frío del invierno, con sus ramas llenas de nidos de horneros, zorzales y calandrias.

Esa mañana le pidió a Justina, que trajera el mate cocido de la cocina al patio porque el otoño se desparramaba desde el parral, hacia una luz sin nombre que está más allá de todas las cosas. Muchas cosas tenía para pensar. Su archienemigo, Domingo Faustino Sarmiento, gobernaba el país; país, que el cómo ninguno contribuyó a ordenar. Sabía que era muy rico, y sus negocios prosperaban cada día más. Muchas preocupaciones, sin embargo, le traían.

En esas triquiñuelas estaba, cuando llegó la hora de almorzar, e hizo carnear un cordero. Hoy quería comer carne mansa y resbalosa. Recordaba muy claramente los cañones brasileños destruyendo Paysandú, y cómo desde la costa miraban y esperaban de San José. Y, en San José, clamoroso silencio. Silencio que se volvería a repetir con la guerra del Paraguay, guerra que él no quería. Yo reuní las tropas entrerrianas en Basualdo, pero la soldadesca, ellos sí, que no querían pelear contra los hermanos paraguayos, era un viento que traían el Paraná y el Uruguay, un elam, un hálito común, un ethos.




“El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829

por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:” (a)

“Zumban las balas en la tarde última.

Hay viento y hay cenizas en el viento,

se dispersan el día y la batalla

deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.

Yo, que estudié las leyes y los cánones,

yo, Francisco Narciso de Laprida,

cuya voz declaró la independencia

de estas crueles provincias, derrotado,

de sangre y de sudor manchado el rostro,

sin esperanza ni temor, perdido,

huyo hacia el Sur por arrabales últimos.”




Era el 22 de Junio de 1889, Ricardo López Jordán, almorzó con su familia –su mujer y siete hijos-, contentos de estar todos juntos, después de su prisión, y largo exilio en Montevideo. El indulto de, Juarez Celman, lo había devuelto al país. Estaba haciendo los trámites para que le devolvieran el cargo de general, en el ejército. Él, Ricardo López Jordán, había sido el promotor de la última montonera federal, y, Sarmiento, había reprimido con mano de hierro, fusiles Rémington a repetición, y cañones Krupp. Siempre recordaba la batalla de Pavón, el ala derecha del ejército de Urquiza, que siguió combatiendo hasta el final, a pesar que éste se retirara mientras iba ganando la batalla. ¡Qué oscura grandeza pretendía Urquiza! ¡Entregarle el país a Buenos Aires y a Bartolomé Mitre! ¡Qué oscuro pacto masónico había detrás!

A mediados de septiembre de 1888, había visto pasar “el cadáver de su enemigo” rumbo a la recoleta, había visto pasar la cureña en un cortejo majestuoso, que se vistió oficialmente para despedir a Domingo Faustino Sarmiento. Y Sarmiento, lo habrá divisado entre la multitud, él que se llevaba a la tumba, el secreto de los verdaderos autores del crimen de Urquiza?




“Como aquel capitán del Purgatorio

que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,

fue cegado y tumbado por la muerte

donde un oscuro río pierde el nombre,

así habré de caer. Hoy es el término.

La noche lateral de los pantanos

me acecha y me demora. Oigo los cascos

de mi caliente muerte que me busca

con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre

de sentencias, de libros, de dictámenes

a cielo abierto yaceré entre ciénagas;

pero me endiosa el pecho inexplicable

un júbilo secreto. Al fin me encuentro

con mi destino sudamericano.”




Después de comer, se acostó a dormir la siesta, Don Justo, siempre dormitaba hasta eso de las 17hs. Ni bien se levantó hizo preparar unos mates. Muchas vidas se había cobrado, Don Justo, y guardaba muchas afrentas; pero mayores afrentas guardaban sus enemigos. Y ese Sarmiento, ir a visitarlo a su palacio, para sentirse presidente, recorriendo el río Uruguay, en un barco que se llamaba "Pavón". ¡Qué rencor los entrerrianos!

Los negocios y la riqueza ponen calmo a uno, lo sosiegan, aunque tenga muchos hijos. Había servido a su país, y a su provincia. Sin embargo, tenía muy claro que tenía muchos enemigos. Rosas, ya no; pero los Rosistas que quedaban, los federales en serio no atrapados por grandes negocios. Esos tenían motivos.

La tibieza del mate en la mano era como un refugio más de todos los que se había construido. Estaba bien guarnecido. Tenía muchos guardias que lo custodiaban.

El cielo mantenía la cautela de la compostura de su estampa. La tinta que los escritores iban a derramar después dibujaba manchas en la tierra.

Lo sobresaltó el ruido de una caballada pareja que se acercaba al Palacio. Mataron los guardias y entraron a los gritos y balazos, intentó ir a buscar un arma, pero lo atravesó una recia puñalada, y varios disparos: -No se mata a un caudillo en su casa. Apoyó su mano ensangrentada en la pared del Palacio y se derrumbó de bruces sobre el patio. 




“A esta ruinosa tarde me llevaba

el laberinto múltiple de pasos

que mis días tejieron desde un día

de la niñez. Al fin he descubierto

la recóndita clave de mis años,

la suerte de Francisco de Laprida,

la letra que faltaba, la perfecta

forma que supo Dios desde el principio.

En el espejo de esta noche alcanzo

mi insospechado rostro eterno. El círculo

se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.”




Después de comer, Ricardo López Jordán, caminó por calle Esmeralda hacia la casa de su amigo, Domingo Salvatierra, al pasar por nro. 562(") , furtivamente, Aurelio Casas, y por la espalda, le dispara dos tiros en la cabeza, y aquel cae pesadamente a la vereda. Aurelio Casas dijo que había vengado la muerte de su padre, Zenón Casas.




“Pisan mis pies la sombra de las lanzas

que me buscan. Las befas de mi muerte,

los jinetes, las crines, los caballos,

se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,

ya el duro hierro que me raja el pecho,

el íntimo cuchillo en la garganta.”




Gritos de: ¡Viva, López Jordán! ¡Viva, López Jordán!

1987-2020


(") Esmeralda al 562 era la casa de un hijo de Justo José de Urquiza, Diógenes Urquiza. Aurelio Casas estuvo 30 años en prisión, hasta que en 1919, Hipólito Yrigoyen, lo indultó. A la familia de Aurelio Casas, otro hijo de Urquiza, Justo le hizo una elevada donación de dinero. Nunca fueron llamados a declarar en el juicio sobre el asesinato de Ricardo López Jordán, cuando hay varios testigos que cuentan que, Aurelio, había sido contratado por los Urquiza.

(a) Poema conjetural, Jorge Luis Borges

sábado, 19 de diciembre de 2020

SÁBADO por Claudio Javier Castelli

 


Y un sábado cualquiera del dos mil once, entre los dos perros presurosos por salir, con su familia reposada y su hija mayor estudiando con él, se acordó de ella, fue una voz agónica repitiéndose en los vívidos caminos de la nostalgia, no queda de aquel viejo cuadro, más que la espuma de las olas orillándole los pies, alguien sabrá, acaso ella, que estas pequeñas palabras le pertenecen...

sábado, 12 de diciembre de 2020

MISTERIO por Claudio Javier Castelli para Vagos y Derecho

 


¡Qué misterio es una canción! Esos dos o tres minutos, un tema ¿Por qué cautiva tanto qué es lo que hay detrás?

Uno, a pesar de todas las dificultades y contrariedades de la vida, puede ser muy feliz en esos tres minutos. Hay algo del reino de Dios, una epifanía se manifiesta en una canción. 

¡Qué grandiosidad la música, qué hálito despierta! Nos saca del trajinar cotidiano y nos arroja a un reino sosegado y perfecto. 

Algo así como el “Topus Uranus”, algo, un retazo, un escorzo de la eternidad adviene ante nosotros. Eso quería decir, eso nada más.

2013-2020

sábado, 5 de diciembre de 2020

NEGACIÓN por Roberto Sutil(") para Vagos y Derecho

 


Por vos entendí el significado de jugar a la pelota. La alegría de los pobres. La representación de clase.

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

El juego, la gambeta, la magia, la comba, lo indescifrable, el orgullo, la pasión, lo nacional, el himno, lo auténtico, lo majestuoso, lo dionisiaco, el olimpo…

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

La contradicción como rebeldía, la mano tendida como filosofía de vida, ver de rodillas a los que nunca lo hacen…

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

La mochila, la espalda pesada, los buitres, los crucificadores. Mi pura intención de decirte gracias.

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

Bancar a los débiles, pararte en la vereda incomoda, soñar, siempre soñar con utopías y hacerlas posibles. Oír “mi papá llora por Diego”. 

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

Saltar, gritar “maradoooo”, pensarte en asados, sentirte de los nuestros, caminar tus senderos…

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

Negar, resignarme, llorar, hablar, preguntar, volver a llorar, resignificarte, quererte más, reafirmar tu grandeza, imaginar ese abrazo en falta…

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

¿Será verdad? No me estará engañando con su amague ese pelusa atorrante… Sos y serás el mejor ¿te lo dije?

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

La pelota, la cancha, la tribuna, el chori, el sudor, la camiseta, el diez, los botines, la disfonía en el bondi de regreso, el trapo con tu cara sacudiendo en la ventanilla.

¿Cómo que Dios ha muerto, quién lo dice?

El pueblo, los suburbios, las villas, los envases, el riachuelo, el agua contaminada, el hambre, los pibes descalzos, los cebollitas, los pisos de tierras, las chapas, los cartones, los mocos, los vencidos, los carros, el bombo, las marchas, el potrero, las calles de tierra, las derrotas constantes a los anónimos explotados por el capitalismo, a los que vos les diste quizás las únicas alegrías y triunfos. 

¿Cómo que Dios ha muerto?

¿Y ahora cómo seguimos sin Dios?

(")Abogado, autor de varios poemas inéditos, que en su origen se remontan hasta su infancia donde su participación en el grupo de teatro G.I.D.I. de la ciudad de Lincoln, de donde es oriundo, lo condujo a transitar por la escritura para poner en palabras el anónimo aroma de los sin voces. Junto a su búsqueda teatral en aquel grupo  como sus cursos en teatro Rambla de La Plata, ciudad en la que reside, lo literario fue movilizando cada uno de los actos del devenir histórico.