jueves, 22 de febrero de 2018

LAS ESCRITURAS PATRIARCALES HABLAN DE LO FEMENINO, Por Leonardo Boff


En sus líneas básicas hay que reconocer que la tradición espiritual judeocristiana se expresa predominantemente en código patriarcal. El Dios del Primer Testamento (AT) es vivido como el Dios de los Padres, Abraham, Isaac y Jacob, y no como el Dios de Sara, de Rebeca y de Miriam. En el Segundo Testamento (NT), Dios es Padre de un Hijo único que se encarnó en la virgen María, sobre la cual el Espíritu Santo estableció una morada definitiva, cosa a la que la teología nunca dio especial atención, porque significa la asunción de María por el Espíritu Santo y de esta forma la coloca en el lado de lo Divino. Por eso se profesa que es Madre de Dios.

La Iglesia que se derivó de la herencia de Jesús está dirigida exclusivamente por varones que detentan todos los medios de producción simbólica. La mujer durante siglos ha sido considerada como persona no-jurídica y hasta el día de hoy es excluida sistemáticamente de todas las decisiones del poder religioso. Una mujer puede ser madre de un sacerdote, de un obispo y hasta de un Papa, pero nunca podrá acceder a funciones sacerdotales. El varón, en la figura de Jesús de Nazaret, fue divinizado, mientras la mujer se mantiene, según la teología común, como simple creatura, aunque en el caso de María haya sido Madre de Dios.

A pesar de toda esta concentración masculina y patriarcal, hay un texto del Génesis verdaderamente revolucionario, pues afirma la igualdad de los sexos y su origen divino. Se trata del relato sacerdotal (Priestercodex, escrito hacia el siglo VI-V a.C.). Ahí el autor afirma de forma contundente: “Dios creó la humanidad (Adam, en hebreo, que significa los hijos e hijas de la Tierra, derivado de adamah: tierra fértil) a su imagen y semejanza; varón y mujer los creó”(Gn 1,27).

Como se deduce, aquí se afirma la igualdad fundamental de los sexos. Ambos anclan su origen en Dios mismo. Este sólo puede ser conocido por la vía de la mujer y por la vía del varón. Cualquier reducción de este equilibrio, distorsiona nuestro acceso a Dios y desnaturaliza nuestro conocimiento del ser humano, varón y mujer.

En el Segundo Testamento (NT) encontramos en San Pablo la formulación de la igual dignidad de los sexos: “no hay hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo Jesús” (Gl 3,28). En otro lugar dice claramente: “en Cristo no hay mujer sin varón ni varón sin mujer; como es verdad que la mujer procede del varón, también es verdad que el varón procede de la mujer y todo viene de Dios” (1Cor 11,12).

Además de esto, la mujer no dejó de aparecer activamente en los textos fundacionales. No podía ser diferente, pues siendo lo femenino estructural, siempre emerge de una u otra forma. Así, en la historia de Israel, surgieron mujeres políticamente activas, como Miriam, Ester, Judit, Débora, o anti-heroínas como Dalila y Jezabel. Ana, Sara y Ruth serán siempre recordadas y honradas por el pueblo. Es inigualable el idilio, en un lenguaje altamente erótico, que rodea el amor entre el varón y la mujer en el libro del Cantar de los Cantares.

A partir del siglo tercero a.C. la teología judaica elaboró una reflexión sobre la graciosidad de la creación y la elección del pueblo en la figura femenina de la divina Sofía (Sabiduría; cf. todo el libro de la Sabiduría y los diez primeros capítulos del libro de los Proverbios). Lo expresó bien la conocida teóloga feminista E. S. Fiorenza: “la divina Sofía es el Dios de Israel con figura de diosa” (Los orígenes cristianos a partir de la mujer, San Paulo 1992, p. 167).

Pero lo que penetró en el imaginario colectivo de la humanidad de forma devastadora fue el relato antifeminista de la creación de Eva (Gn 2, 21-25) y de la caída original (Gn 3,1-19). Literariamente el texto es tardío (en torno al año 1000 o 900 a.C). Según este relato la mujer es formada de la costilla de Adán que, al verla, exclama: “He aquí los huesos de mis huesos, la carne de mi carne; se llamará varona (ishá) porque fue sacada del varón (ish); por eso el varón dejará a su padre y a su madre para unirse a su varona, y los dos serán una sola carne” (Gn 2,23-25). El sentido originario buscaba mostrar la unidad varón/mujer (ish-ishá) y fundamentar la monogamia. Sin embargo, esta comprensión, que en sí debería evitar la discriminación de la mujer, acabó por reforzarla. La anterioridad de Adán y la formación a partir de su costilla fue interpretada como superioridad masculina.

El relato de la caída aún es más contundentemente antifeminista: “Vio, pues, la mujer que el fruto de aquel árbol era bueno para comer... tomó del fruto y lo comió; se lo dio a su marido que también comió; inmediatamente se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos” (Gn 3,6-7). El relato quiere mostrar etiológicamente que el mal está del lado de la humanidad y no de Dios, pero articula esa idea de tal forma que revela el antifeminismo de la cultura vigente en aquel tiempo. En el fondo interpreta a la mujer como sexo débil, por eso ella cayó y sedujo al varón. De aquí la razón de su sumisión histórica, ahora teológicamente (ideológicamente) justificada: “estarás bajo el poder de tu marido y él te dominará” (Gn 3,16). Para la cultura patriarcal Eva será la gran seductora, la fuente del mal. En el próximo artículo veremos cómo esta narrativa machista deformó una anterior, feminista, para reforzar la supremacía del varón.

Jesús inaugura otro tipo de relación con la mujer, lo veremos también próximamente.

viernes, 16 de febrero de 2018

LO FEMENINO FUE PRIMERO, Por Leonardo Boff



El presente texto quiere ser una pequeña contribución al debate sobre lo femenino, tan distorsionado por la cultura patriarcal dominante. De salida ya afirmamos: lo femenino fue primero. Veamos cómo surgió en el proceso de la sexogénesis. Varias son las etapas.

La vida ya existe en la tierra hace 3.800 millones de años. El antepasado común de todos los vivientes fue probablemente una bacteria unicelular sin núcleo que se multiplicaba espantosamente por división interna. Esto duró cerca de mil millones de años.

Hace dos mil millones de años, surgió una célula con membrana y dos núcleos, dentro de los cuales se encontraban los cromosomas. En ella se identifica el origen del sexo. Cuando ocurría el intercambio de núcleos entre dos células binucleadas, se generaba un solo núcleo con los cromosomas en pares. Antes, las células se subdividían; ahora se da el intercambio entre dos diferentes con sus núcleos. La célula se reproduce sexualmente a partir del encuentro con otra célula. Se revela así la simbiosis –composición de diferentes elementos– que, junto con la selección natural, representa la fuerza más importante de la evolución. Este hecho tiene consecuencias filosóficas: la vida está hecha más de intercambios, de cooperación y simbiosis, que de la lucha competitiva por la supervivencia.

En los dos primeros mil millones de años, en los océanos de donde irrumpió la vida, no había órganos sexuales específicos. Existía una existencia femenina generalizada que, en el gran útero de los océanos, lagos y ríos, generaba vidas. En ese sentido podemos decir que el principio femenino es el primero y el originario.

Sólo cuando los seres vivos dejaron el mar, lentamente surgió el pene, algo masculino, que tocando la célula pasaba a ella parte de su ADN, donde están los genes.

Con la aparición de los vertebrados hace 370 millones de años con los reptiles, éstos crearon el huevo amniótico lleno de nutrientes y consolidaron la vida en tierra firme. Con la aparición de los mamíferos hace unos 125 millones de años ya surgió una sexualidad definida de macho y hembra. Entonces emerge el cuidado, el amor y la protección de la cría. Hace 70 millones de años apareció nuestro ancestral mamífero que vivía en la copa de los árboles, alimentándose de brotes y de flores. Con la desaparición de los dinosaurios hace 67 millones de años, pudieron ganar el suelo y desarrollarse llegando a los días de hoy.

Está también el sexo genético-celular humano que presenta el siguiente cuadro: la mujer se caracteriza por 22 pares de cromosomas somáticos más dos cromosomas X (XX). El hombre posee también 22 pares, pero con sólo un cromosoma X y otro Y (XY). De ahí se desprende que el sexo-base es femenino (XX) siendo que el masculino (XY) representa una derivación de él por un solo cromosoma (Y). Por lo tanto, no hay un sexo absoluto, sólo un dominante. En cada uno de nosotros, hombres y mujeres, existe "un segundo sexo".

Todavía en referencia al sexo genital-gonadal, es importante darse cuenta de que, en las primeras semanas, el embrión se presenta andrógino, o sea, posee ambas posibilidades sexuales, femenina y masculina. En términos de sexo genital-gonadal podemos decir: el camino feminino es primordial. A partir de la octava semana, si un cromosoma masculino Y penetra en el óvulo femenino, la definición sexual será masculina, mediante la hormona andrógina. Si no ocurre nada, prevalecerá la base común, femenina. A partir de lo femenino se da la diferenciación, lo que desautoriza el fantasioso "principio de Adán". La ruta de lo masculino es una modificación de la matriz femenina, por medio de la secreción de andrógeno por los testículos.

Por último, está el sexo hormonal. Todas las glándulas sexuales en el hombre y en la mujer son comandadas por la hipófisis, sexualmente neutra y por el hipotálamo que es sexuado. Estas glándulas secretan en el hombre y en la mujer las dos hormonas: el andrógino (masculino) y el estrógeno (femenino). Son responsables de las características secundarias de la sexualidad. La predominancia de una u otra hormona, producirá una configuración y un comportamiento con características femeninas o masculinas. Si en el hombre hay una impregnación mayor del estrógeno, tendrá algunos rasgos femeninos; el mismo se da con la mujer con referencia al andrógeno.

Es importante señalar que la sexualidad tiene una dimensión ontológica. El ser humano no «tiene» sexo. «Es» sexuado en todas sus dimensiones, corporales, mentales y espirituales. Hasta la emergencia de la sexualidad el mundo es de los mismos y de los idénticos. Con la sexualidad emerge la diferenciación por el intercambio entre diferentes. Son diferentes para poder interrelacionarse y establecer lazos de convivencia. Es lo que ocurre con la sexualidad humana: cada uno, además de la fuerza instintiva que siente en sí, siente también la necesidad de canalizar y sublimar tal fuerza. Quiere amar y ser amado, no por imposición sino por libertad. La sexualidad desemboca en el amor, la fuerza más poderosa "que mueve el cielo y las estrellas" (Dante) y también nuestros corazones. Es la suprema realización que el ser humano puede anhelar. Pero quedémonos con esto: lo femenino fue primero y es básico.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=872







miércoles, 7 de febrero de 2018

DE AQUÍ A 100 AÑOS, Por Frei Betto



      De aquí a cien años ya no seré. El puñado de cenizas que haya quedado de la cremación estará integrado al útero fértil de la tierra. De mi obra tal vez figuren, en un catálogo literario, solo uno o dos libros. En los archivos de un convento, un fraile curioso se enterará de que un día lo precedí en las sendas de Santo Domingo.


      La idea de la inmortalidad es un fardo ridículo de vanidad póstuma. ¿Importan los aplausos después de que los actores dejan el escenario? La notoriedad no me halaga. Como soy minero, me cuadra la discreción, poder pararme anónimo en una esquina.


      Me bastan las letras que me desnudan frente al lector y la fe de que me aguarda un fin infinito. Quiero el regazo de Dios. Nada más.


      Ahora soy uno entre más de 7 mil millones. ¿Cómo cabe tanta pretensión en tan diminuta pequeñez? ¿Por qué se hinche el corazón de ambiciones? ¿Para que la impaciencia insana, la carrera contra el reloj, la irrefrenable gula frente al mundo circundante?


      Cierro los ojos para ver mejor. La meditación me devuelve al Otro que no soy yo y que, sin embargo, es el fundamento de mi verdadera identidad. Eso renueva mi oxígeno espiritual. Remueve el cantero que llevo en lo más íntimo de mí, siempre a la espera de la inefable simiente divina. Porque el verdadero amor es siempre (e)t(i)erno.


      De aquí a 100 años habrá sido inútil toda mi prisa. Esa voracidad del alma será solo un definitivo silencio en el tiempo. Estaré enmudecido por el olvido. No recogeré flores de primavera, ni oiré el sonido de la flauta en mis mañanas de oración. Transmutado en el ciclo implacable de la naturaleza, seré lo que ya fui: multitud de bacterias, humus de un tallo que brota, alimento de un reptil.


      Tengo 13 700 millones de años. Sé que, como toda materia, comulgo con la perenne transustanciación de todas las cosas creadas. Existo, coexisto y subsisto en el Universo.


      Dentro de pocos años me tragará el ritmo de la entropía. Mis células se condensarán en moléculas integradas al baile alquímico de la evolución. De nuevo, seré uno con todo, como el océano, que es el resultado de la interacción de gotas de agua.


      Esa certeza me salva de ansiedades. Vuelvo a mí mismo, a lo recóndito del espíritu, atento a la delicadeza de la vida. Todo es liturgia, basta tener ojos para creer: el pan sobre la mesa, el agua vertida en el vaso, la ventana batida por el viento, la rueda de piedra del amolador de cuchillos, la luz de la vela que se consume junto al sagrario, el olor dulce del mango, el misterio del momento exacto cuando me secuestra el sueño, el grito alegre de un niño al cortar una flor en lo que reste de jardín de aquí a 100 años.


      Lo mejor de la existencia son las cuentas de su collar, los diminutos abalorios que forman bellos diseños, los pedazos de vidrio coloreado. La búsqueda de la utopía, la conversación inconsútil con los amigos, la lengua perfumada por el vino, los salmos recitados con la cadencia gregoriana, la siesta del domingo, el gesto de cariño, el cuidado solidario.


      De aquí a 100 años el mundo estará, como siempre, entregado a sí mismo, pero sin el concurso de mis ambiciones, pretensiones e inquietudes.


      Meditar sobre el futuro lejano me tranquiliza. Me impregna de algo muy importante: un profundo sentimiento de falta de importancia.

Frei Betto es autor, entre otros libros de A Obra do Artista – uma visão holística do Universo (José Olympio).

Traducción de Esther Perez

Copyright 2017 – Frei Betto -  
QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco,  memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 

Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.

viernes, 2 de febrero de 2018

ZIZEK, HEGEL, LACAN: COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS, Por Jorge Alemán

Obertura del Editor: 

Anoche después de regresar del Taller literario de los jueves –se pide perdón por el ocio creativo, pero es la forma de resistir y sobrevivir a los crápulas macristas que gobiernan- se leyó el artículo de Jorge Alemán, en el suplemento de psicología de Página12, sobre Zizek, Hegel, y Lacán, que se publica aquí. El artículo es extremadamente complejo y erudito. Denota un combate entre "almas puras" por la propia pureza de la interpretación, lacaniana de Zizek, lacaniana de Alemán. Es un poco mucho. En el medio está el "amor puro": Georg Wilhelm Friedrich Hegel, a quién panlogizan y totalizan como sistema cerrado. ¡Ay, Dios, lo que hay que escuchar! Dice el editor que algo de eso hay pero no le gusta que lo digan. Sólo lo puede evaluar con la propia almohada. Él también tiene su "amor puro": la metafísica hegeliana; pero el "amor puro" es traicionero, no nos devuelve el filósofo que pensamos sino al que apenas llegamos a interpretar. Lo mismo da para Alemán y Zizek, y hay que dejar en este terreno: el círculo, la línea, el fragmento, el balbuceo como lecturas posibles. Pareciera que Alemán no quiere esa forma finita de interpretar sino la pureza de interpretación y acude a un anti filósofo, Kierkegaard, para provocar un salto a lo alógico, a la fe, a lo que no tiene mediación, a lo no sistemático. Para el editor era posible hacerlo con Hegel, entonces la lectura de Zizek no aparece errada sino una interpretación posible. Amor puro es a Dios, a sí mismo, y a los hijos cuando no hay conflicto de intereses. Se dejan entrever conflictos de intereses entre los intérpretes, incluido el editor quién aprovecha esta obertura para sugerir una alegoría: se han derrumbado todos los mitos (¿se han derrumbado todos los mitos?) inclusive el conceptual hegeliano. Éste puso en el lugar de Dios la especulación dialéctica conceptual, pero al menos receptaba todo el legado greco-latino y medieval, era una historia viviente al decir de Jacques D’Hondt. Desde Kierkegaard, Nietzsche, y Heidegger, el "amor puro" es la vivencia estética. El problema que esa vivencia estética degeneró en “emoción primitiva colonizada” por influjo de los medios de comunicación dominantes. Tanto la historia viviente, la especulación del concepto, la vivencia estética eran y son blasones para resistir el neoliberalismo inclusive para construir otro mundo en su lugar. La “emoción primitiva colonizada” apenas si puede jugar con el capricho inmediato y nada puede decirnos de otro mundo más justo.

Ahora sí el excelente artículo de Jorge Alemán. 

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1. El amigo Zizek últimamente ha realizado excelentes puntuaciones sobre su Hegel absolutamente pasado por la criba lacaniana. Pero presenta un error de lectura con respecto a Lacan, afirma que Lacan confunde la figura hegeliana del “alma bella” con la de “la ley del corazón”. Precisamente en un antiguo texto mío, Lacan en el debate posmoderno, me ocupé de esa diferencia entre las figuras hegelianas siguiendo las estrictas observaciones de Lacan. El alma bella critica al mundo desentendiéndose de la implicación que ella misma tiene con aquello que denuncia. Su crítica finalmente sostiene al mundo que pretende denunciar. Lacan ilustra con esta figura la posición de la histeria y se podría añadir de algunos sectores de la izquierda. En cambio, en la Ley del corazón se trata de una certeza particular en la locura del rebelde, que le hace captar al mundo como prosaico y fallido y por tanto merecedor de su destrucción. La ley del corazón intenta que su certeza inmediata y particular se vuelva sin mediación alguna ley universal. De allí que Lacan la emplee para la figura del loco que al querer imponer su Ley recibe los “contragolpes del mundo”. Aquí se trataría de la certeza del “loco” y del rebelde distinto del revolucionario. Zizek le imputa a Lacan una confusión entre ambas figuras que el texto lacaniano no confirma.

Pero a raíz de esta diferencia con Zizek surje una cuestión que encuentro acertada en la lógica política lacaniana. Y es la siguiente paradoja: un proceso de emancipación y su momento liberador exigen siempre la presencia de un Amo. El Amo no es un opresor, no es Hitler, Franco o Stalin. La figura del Amo es la referencia que le permite al sujeto ir más allá con su propio deseo. El Amo no es el que sabe lo que el pueblo quiere, más bien es el que apuesta por lo que el mismo quiere y permite la emergencia de una libertad que siempre lo excede. Por ello, en los procesos transformadores donde surgió un Amo, el pueblo fue más lejos en sus prácticas emancipatorias que su propio líder.


2. Kierkegaard: un antecedente de la antifilosofía de Jacques Lacan. Ahora Zizek ha “lacanizado” a Hegel para salvarlo del panlogicismo totalizante y ha resuelto que es en Hegel donde toma forma el verdadero “materialismo dialéctico. Para Zizek el resto no dialectizable, el hueso hegeliano, se metamorfosea en el objeto a lacaniano. A su vez, Badiou ha “platonizado” a Lacan para volverlo un Sistema, donde la ontología matemática del “múltiple puro” se hace cargo de la verdad del sujeto en un proyecto filosófico de índole arquitectónico.

Por esta vertiente, nos parece sugerente recuperar la tradición “antifilosófica” que tiene en Kierkegaard un exponente mayor. Entendemos por Antifilosofía, en el sentido de Lacan, aquellos autores que atravesados por la filosofía la desbordan con sus certezas imposibles de ser capturadas por el concepto. Por ejemplo, en Kierkegaard la irreductibilidad del sujeto en su constitución singular, única y apasionada. Lo que constituyó su rebeldía frente al sistema hegeliano. Y entonces sí, pasar de allí a la construcción materialista de esa singularidad en Lacan. La “fidelidad” en Badiou o la “negatividad inmanente” en Zizek, no se entienden sin ese punto de partida: la locura grandísima y antifilosófica de Kierkegaard. 

* Psicoanalista.


martes, 23 de enero de 2018

EL FUTURO DE LA TIERRA NO CAE DEL CIELO, Por Leonardo Boff

Lo que voy a escribir aquí será de difícil aceptación por la mayoría de los lectores y lectoras. Aunque lo que diga esté fundamentado en las mejores cabezas científicas, que hace casi un siglo, vienen pensando el universo, la situación del planeta Tierra y su eventual colapso, o un salto cuántico a otro nivel de realización, no ha penetrado, sin embargo, en la conciencia colectiva ni en los grandes centros académicos. Continúa en vigor el viejo paradigma, surgido en el siglo XVI con Newton, Francis Bacon y Kepler, un paradigma atomístico, mecanicista y determinista, como si no hubiera existido un Einstein, un Hubble, un Planck, un Heisenberg, un Reeves, un Hawking, un Prigogine, un Wilson, un Swimme, un Lovelock, un Capra y tantos otros que nos elaboraron la nueva visión del Universo y de la Tierra.

Para empezar, cito las palabras del premio Nobel de biología (1974) Christian de Duve que escribió uno de los mejores libros sobre la historia de la vida: Polvo vital: la vida como imperativo cósmico (editorial Norma, 1999). «La evolución biológica marcha a ritmo acelerado hacia una grave inestabilidad. Nuestro tiempo recuerda una de aquellas importantes rupturas en la evolución, señaladas por grandes extinciones masivas» (p. 355). Esta vez no procede de algún meteoro rasante, como en eras pasadas, que casi eliminó toda la vida, sino del propio ser humano, que puede ser no sólo suicida y homicida, sino también ecocida, biocida e incluso geocida. Puede poner fin a la vida en nuestro planeta, quedando sólo los microorganismos del suelo, bacterias, hongos y virus, que se cuentan por cuatrilones de cuatrilones.

En razón de esta amenaza montada por la máquina de muerte fabricada por la irracionalidad de la modernidad, se introdujo el concepto «antropoceno», para denominar como una nueva era geológica la actual, en la que la gran amenaza de devastación se proviene del ser humano mismo (anthropos ). Ha intervenido y continúa interviniendo de forma tan profunda en los ritmos de la naturaleza y de la Tierra, que está afectando las bases mismas ecológicas que lo sostienen.

Según los biólogos Wilson y Ehrlich desaparecen entre 70 a 100 mil especies de seres vivos por año debido a la relación hostil que el ser humano mantiene con la naturaleza. La consecuencia es clara: la Tierra perdió su equilibrio y los acontecimientos extremos lo muestran irrefutablemente. Sólo ignorantes como Donald Trump niegan las evidencias empíricas.

En cambio, el conocido cosmólogo Brian Swimme, que en California coordina una decena de científicos que estudian la historia del Universo, se esfuerzan por presentar una salida salvadora. Digamos de paso que B. Swimme, cosmólogo, y el antropólogo de las culturas Thomas Berry, publicaron, con los datos más seguros de la ciencia, una historia del universo, desde el big-bang hasta la actualidad (The Universe Story, San Francisco, Harper 1992), conocido como el más brillante trabajo hasta hoy realizado. (La traducción al portugués se hizo, pero fue más fuerte la tontería de los editores brasileños, y hasta hoy no fue editado. Al español se desestimó su traducción, porque el libro dedica demasiadas páginas a la situación concreta de Estados Unidos). Los autores crearon el concepto «la era ecozoica», o «el ecoceno», una cuarta era biológica que sucedería al paleozoico, al mesozoico y a nuestro neozoico.

La era ecozoica parte de una visión del universo, como cosmogénesis. Su característica no es la permanencia, sino la evolución, la expansión y la auto-creación de «emergencias» cada vez más complejas, que permiten el surgimiento de nuevas galaxias, estrellas y formas de vida en la Tierra, hasta nuestra vida consciente y espiritual.

No temen la palabra «espiritual» porque entienden que el espíritu es parte del Universo mismo, siempre presente, pero que en una etapa avanzada de la evolución se ha vuelto en nosotros autoconsciente, percibiéndonos como parte del Todo.

Esta era ecozoica representa una restauración del planeta mediante una relación de cuidado, respeto y reverencia frente a ese don maravilloso de la Tierra viva. La economía no debe buscar la acumulación, sino lo suficiente para todos, de modo que la Tierra pueda rehacer sus nutrientes. El futuro de la Tierra no cae del cielo, sino de las decisiones que tomemos para estar en consonancia con los ritmos de la naturaleza y del Universo. Cito a Swimme:

El futuro se va a decidir entre quienes están comprometidos con el tecnozoico –un futuro de exploración creciente de la Tierra como recurso, todo para el beneficio de los humanos–, y quienes se comprometen con el ecozoico, un nuevo modo de relación para con la Tierra en que el bienestar de la Tierra y toda la comunidad de vida terrestre es el principal interés (p. 502).

Si no vence el ecozoico, probablemente conoceremos una catástrofe, esta vez producida por la propia Tierra, para librarse de una de sus criaturas, que ocupó todos los espacios de forma violenta y amenazadora de las demás especies, especies que, por tener el mismo origen y el mismo código genético, son sus hermanos y hermanas, no reconocidos sino maltratados y hasta asesinados.

Tenemos que merecer subsistir en ese planeta. Pero eso depende de una relación amistosa hacia la naturaleza y la vida, y una profunda transformación en las formas de vivir. Swimme añade: «No podremos vivir sin esa intuición (insight ) especial que las mujeres tienen en todas las fases de la existencia humana» (p. 501).

Ésta es la encrucijada de nuestro tiempo: o cambiar o desaparecer. Pero, ¿quién se lo cree? Nosotros seguiremos gritando.







sábado, 13 de enero de 2018

EL DISCURSO POLÍTICO DE CAMBIEMOS; ENTRE EUFEMISMOS Y GLOBOS (1), Por Susana Velleggia("), para Vagos y Derecho

"En el discurso de Cambiemos -dice, Velleggia- la metáfora alude a la utopía de un nuevo orden en el que la desresponsabilización social, moral y política por el destino colectivo sería una suerte de “tierra prometida” de la felicidad. Esta utopía es congruente con el mito del self made men  popularizado por el cine hollywoodense y aludido por el discurso meritocrático y “emprendedurista” -interesadamente naif- de los dirigentes neoliberales. Cada uno es dueño de su destino y si nos juntamos como individuos despolitizados, desideologizados y desconcientizados podremos festejar y ser felices al estilo de los ricos y famosos ilustrados por la revista “Hola” que suele hojearse en las peluquerías para señoras". 



Como es sabido el lenguaje no sólo es un instrumento de comunicación y expresión, sino también de control social.  Puesto que las palabras se manifiestan en discursos, ellas no son simples designaciones neutras de la realidad sino representaciones que la construyen.

El conjunto de discursos y modalidades de producción de sentido acerca de la realidad existentes en una sociedad, al que llamamos discursividad social, da cuenta de las relaciones de poder en un tiempo y espacio determinados, cuyo despliegue constituye un campo de batalla inmaterial hoy clave: el de la lucha por la imposición del sentido. En estas batallas por la hegemonía, en las que siempre está presente la ideología, se construyen las identidades e imaginarios colectivos. Concurren a ella los discursos de diversos lenguajes y medios de comunicación, entre los cuales tienen particular relevancia el discurso explícitamente político y los medios audiovisuales. Varios autores destacan desde hace años el maridaje entre ambos, remitiendo al añejo concepto de AIE (Aparatos Ideológicos del Estado), de Louis Althousser. Esta tesis fue problematizada por Pierre Bourdieu al señalar que este sería un estado “patológico” (o si se quiere excepcional) de la discursividad social y los medios de comunicación social. Pero, tal “estado patológico” –en palabras de Bourdieu- se ha naturalizado en la Argentina actual con el matrimonio perfecto, aunque nada romántico, entre medios de comunicación social hiper concentrados y discurso político neoliberal.

Patologías discursivas y violencia simbólica


Entre las características del discurso político de Cambiemos, cabe señalar dos fundamentales: el profuso empleo del eufemismo y la metáfora, para construir un repertorio de sub códigos identitarios de la fuerza política, que desplazan los significados originales de las palabras sustituyéndolos por otros, en general, opuestos a aquellos y la violencia simbólica dirigida a inculcar odio y desplazar las culpas de todos los problemas existentes hacia el “mundo K”, indisolublemente ligado al vocablo “corrupción”.  El slogan “se robaron todo” naturalizado como sentido común (sin explicar qué se robaron, quienes, dónde, cómo, cuándo, a quienes) cumple la función de un mito aglutinante.[1] Los mitos aglutinantes, entre ellos el del Enemigo Interno Identificado (EII), constituyen recursos semántico-políticos utilizados por algunas democracias débiles, aunque están vinculados a las funciones bélicas que históricamente vienen cumpliendo. Estas construcciones simbólicas basadas en el estereotipo y el prejuicio han servido, tanto a Hitler al adjudicar los males de Alemania a los judíos, a fin de justificar el inicio de la Segunda Guerra Mundial -cuyos motivos reales era bien otros- como a los Estados Unidos. En este caso los EII se renuevan periódicamente, para unir a la población en las guerras emprendidas por motivos muy distintos de los usualmente proclamados desde el poder -”salvar a la democracia” de los regímenes totalitarios, comunistas, amarillos, terroristas, tiranos con armas de destrucción masiva, etc.- que pueden actuar tanto fuera como dentro del país. Esta construcción simbólica ha dado sustento a la Doctrina de la Seguridad Nacional, bajo cuya invocación se perpetró la secuela de golpes de Estado que, en los 70s, derribó a los gobiernos democráticos progresistas de América Latina para instalar a las mas cruentas dictaduras de su historia.  

En ocasiones la violencia simbólica se torna denotada y de gran agresividad, pero aunque no se manifieste de manera explícita, “trabaja” a nivel connotado de manera continua, persistente y redundante. Estos son tres requisitos pedagógicos provenientes de las teorías conductistas de la educación. El propósito perseguido por estos métodos es performativo. Los individuos deben incorporar como elecciones propias ciertos valores, ideas y cosmovisiones que son prescripciones del enunciador del discurso para orientar las conductas individuales y sociales de manera funcional a sus objetivos e intereses. 
  
Según la Real Academia Española, eufemismo significa “Modo de expresar con decoro ideas cuya franca expresión sería malsonante”. El revestimiento semántico “decoroso” de ciertas ideas consiste en la naturalización de un contrabando ideológico que disloca las funciones del lenguaje mediante la sinécdoque para ocultar algo innombrable debido a sus efectos políticos negativos y revertir el sentido de manera favorable al emisor.

Algunos ejemplos. La devaluación practicada al asumir Cambiemos el gobierno en diciembre de 2015 -que llevó el precio del dólar de $ 10,70 a $ 15 y la consiguiente inflación de 40% en 2016-  fueron denominadas “sinceramiento” y el control de cambio del gobierno anterior se estigmatizó con el término”cepo cambiario”. El valor positivo sinceridad, no sólo sirvió a enmascarar una decisión política de efectos negativos para la mayor parte de la sociedad, además de resonancias históricas ominosas (“idea malsonante”), sino que al mismo tiempo invistió a los enunciadores del discurso de dicha cualidad, considerada por el sentido común un “bien escaso” en la política.  Abundan los ejemplos similares; “reparación histórica” se llamó al operativo para compensar a los jubilados y pensionados que habían iniciado juicios al Estado, a cambio de que desistieran de los mismos y que resultó en un fiasco, pero sirvió a enmascarar un “blanqueo de capitales” fugados ilegalmente del país, en el cual se incluyeron por decreto del PEN, a los familiares de connotados funcionarios, en primer lugar del Presidente de la Nación, pese a que la ley sancionada en el Congreso de la Nación lo prohibía de manera expresa. 

La “reforma previsional”, que reemplazó la fórmula de actualización semestral de las jubilaciones, pensiones y AUH, la cual había posibilitado que las mismas superaran la pérdida del poder adquisitivo experimentado durante años por sus beneficiarios triplicando el número de los mismos, fue presentada por el discurso oficial como mejor que la anterior porque los ajustes serían trimestrales de acuerdo al índice (oficial) de inflación. Pero en la realidad el nuevo índice representa la pérdida de un monto equivalente a un salario anual por parte de los jubilados y pensionados y a un monto de alrededor de $150 mensuales menos del salario familiar por hijo y de quienes reciben la AUH (niños y niñas de los sectores pobres que constituyen el 50% de la población infantil). Esto posibilitó al Gobierno Nacional apropiarse de $ 100.000 millones de los fondos de la ANSES para transferirlos al sector financiero y al Fondo de Reparación Histórica de la Provincia de Buenos Aires, con miras a las elecciones de 2019. 
  
La “reforma laboral”, proyecto de ley semantizado por el discurso del poder como iniciativa para “impulsar la creación de empleo en blanco, disminuir los costos laborales de las empresas y dar mayor competitividad a la economía”, consiste en el mayor intento de precarización del trabajo y eliminación de derechos laborales de la historia argentina, violatorio, además, de la Constitución Nacional y de varias convenciones internacionales.  La “reforma fiscal”, permitirá reducir impuestos a los grandes empresarios y abriría paso a un nuevo –e incierto- sistema de co-participación federal. Enmascarada con el eufemismo “pacto fiscal”, en realidad apunta a “bajar el gasto público” y disminuir impuestos internos (en las provincias) bajo el supuesto de “activar las economías regionales”, a cambio de que los gobernadores pactantes desistan de los juicios contra el Gobierno Nacional por el pago de deudas pendientes.

Esta tríada de decisiones políticas regresivas –prescritas por el FMI- son acopladas discursivamente con el eufemismo de “Reforma Permanente”, de resonancias revolucionarias marxistas y trotskistas, configurando un caso insólito de sinécdoque. “La Revolución Permanente” (1929), de León Trotsky, plantea la teoría que el intelectual y dirigente de la Revolución Bolchevique introdujo en el debate de la época para extender la revolución al mundo. 
   
La “herencia recibida” precipita lluvias 


Metáfora, por su parte, es definida por la Real Academia de la Lengua como “Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces en otro figurado, en virtud de una comparación tácita”. De manera semejante a la alegoría (“unas palabras se toman en sentido recto y otras en sentido figurado”) la metáfora y el eufemismo implican la sustitución de unas palabras por otras como dispositivo semántico de desplazamiento de sentido, a fin de investir de ciertos atributos imaginarios al objeto aludido.

“Lluvia de inversiones”, fue la metáfora empleada para legitimar medidas de ajuste y aumentos de tarifas de los servicios públicos y combustibles, planteadas como requisitos para atraer a los inversionistas extranjeros. Este tipo de “lluvia”, vinculada a la “teoría del derrame” de raigambre conservadora neoliberal –nunca comprobada empíricamente- es usada, tanto para instrumentar despidos masivos de trabajadores públicos (“modernización del Estado”) a los cuales se suman despidos masivos del sector privado industrial y de los servicios, a fin de generar el, denominado por Carlos Marx, “ejército laboral de reserva”. Se procura así provocar un índice de desocupación superior al promedio para reducir los salarios y precarizar las condiciones de trabajo, en función de incrementar las ganancias de las empresas. Estos supuestos se fundan en otro cuyo carácter contradictorio es evidente: estas medidas regresivas incrementarían las inversiones y… la contratación de personal. Todas estas medidas profundamente anti-populares y de expropiación de derechos son justificadas como “necesarias” con el eufemismo de la “herencia recibida”, hecho que desmienten las estadísticas de fuentes insospechadas. Los indicadores positivos vigentes hasta el 10 de diciembre se transformaron en negativos a partir de esta fecha y la inflación, que entonces era del 24%, llegó a trepar al 41% en 2017 (dos años después) también debido a dicha “herencia”.

El contrasentido lógico y los efectos negativos de estas proposiciones no resisten el menor análisis, motivo por el cual los programas periodísticos de actualidad de los medios de comunicación social, de los cuales el Gobierno ha “extirpado” las voces opositoras o directamente no acordes a las políticas oficiales, los eluden o tergiversan, replicando de manera permanente las consignas “se robaron todo”, “herencia recibida”, “corrupción K”. Como se sabe la replicación de consignas es una práctica usual de la propaganda política dirigida a producir sensación de unanimidad.

Al modo de la práctica inquisitorial de “extirpación de las idolatrías”, los medios de comunicación social han asumido una función propagandizadora de las políticas oficiales que, a la par, sataniza y descalifica a todas las que se opongan o sean diferentes, en particular a la “herencia recibida” (de los dos gobiernos anteriores designados “K”), fantasma al que se culpabiliza de todas las desgracias actuales. Esta es, precisamente, la función de AIE conceptualizada por Althousser, que –pese a las críticas de Bourdieu- parece funcionar, dado que el discurso del poder hegemónico ha logrado naturalizar en la sociedad políticas que perjudican los intereses de la mayor parte de ella, marketing carnavalesco mediante.

La “revolución de la alegría” contra el “populismo”


El eufemismo y la metáfora se consideran subcódigos de un código general que, con frecuencia, cumplen la función poética del lenguaje y producen asociaciones del objeto aludido con otros objetos para develar u ocultar su esencia. “Son derivaciones permisibles de las formas nucleares inscrustadas en la norma explícita” (Jakobson; 1984).  Por ejemplo: -“Pedro es un viejo zorro”, que da lugar a la réplica: -“No es cierto, Pedro no es un zorro sino un cerdo, el que es zorro es Juan”. (op.cit; 93). En todos los casos, esta función introduce una connotación valorativa (dimensión ideológica del lenguaje), positiva o negativa, enmascaradora del objeto real que, asimismo, suele operar la transmutación de léxicos de un campo a otro. Operación que, en las ciencias sociales, se considera inválida o a-científica.

Una transmutación léxica frecuente del discurso de las derechas conservadoras es el contrabando efectuado desde el campo de la biología al de las ciencias sociales, que abre paso a interpretaciones discriminatorias y xenófobas de ciertos fenómenos socio-históricos. “Aluvión zoológico” bautizó el Diputado Nacional Ernesto Sanmartino, de la UCR, a las masas de trabajadores beneficiarios de derechos sociales inéditos merced a las políticas redistributivas del Peronismo. La apropiación del espacio público en los actos multitudinarios en los que aquellos se comunicaban de manera directa con su líder funcionaba como símbolo del empoderamiento de quienes la oligarquía consideraba como vasallos sub humanos (pertenecientes a la zoología). “Grasas” y “cabecitas negras” eran otros eufemismos con los que se descalificaba a las masas trabajadoras, en general mestizas, llegadas del interior para incorporarse a la incipiente industrialización del país.  

En aquél sector social y sus intelectuales orgánicos -cuyo marco de referencia estaba dado por el genocidio “modernizador” de la eufemísticamente denominada “Campaña del Desierto”-  el cambio material y simbólico en las relaciones de poder social, provocaría tanto odio y miedo hacia el peronismo que, desde entonces, fue identificado como el EII al que, por tanto, había que destruir. A su vez, desde el otro lado de la línea divisoria, se significó a quienes sostenían tales posiciones políticas anti-populares con el eufemismo de “gorilas”, descalificando sus postulados con el adjetivo “gorilismo”, vigente hasta hoy en el habla popular.

Además de las conocidas -y ya perimidas- teorías instintivistas y freudianas sobre la sociedad de masas y su cultura que, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, se elucubraron desde las concepciones conservadoras -que tipifican a las “masas” como amenaza o conglomerados irracionales de individuos despojados de una subjetividad humanizadora y cegados por un líder carismático en el cual se proyectan-  la recurrencia al léxico biologicista recoge aportes del positivismo, con fuerte arraigo en los sectores intelectuales afines a la oligarquía y en la cultura de nuestro país, en general. Del positivismo argentino derivan tanto la instrucción pública laica y gratuita sarmientina como la criminalística lombrosiana. En ambos casos el hilo conductor es la antinomia “civilización”/”barbarie”, magistralmente representada por el “Facundo” de Sarmiento, uno de los más importantes ensayos políticos nacionales.

En este marco se inscribe la metáfora “cáncer del populismo”. Extraída del léxico médico, ella connota la idea de la sociedad como un cuerpo enfermo al que sería preciso “operar” para “extirparle” un tumor, a fin de que recupere la “salud”. Demás está explicar las connotaciones y consecuencias prácticas de violencia contenidas por esta, en apariencia inocente, metáfora. Los sectores conservadores, asimismo, niegan la existencia del conflicto, que es intrínseco a toda sociedad, de modo que todo lo que altere el statu quo es descalificado con estereotipos que implican violencia simbólica. Dado que, como señala la evidencia histórica, la oligarquía y la derecha conservadora no tienen el hábito de resolver los conflictos de manera dialogada sino mediante la violencia ejercida desde una posición de poder para subordinar al “populacho” o la “negrada”, las tensiones y demandas son percibidas por ellas como “desestabilizadoras”.

Pese a no haber sido definido con precisión por las ciencias sociales, el término “populismo” ocupa un lugar destacado en el discurso de las derechas conservadoras, que le adjudican un sentido ideológico asociado al EII. Debido a la imposibilidad de abordar este tema aquí[2], y simplificando, para el sentido común de los sectores arriba mencionados, populismo sería cualquier política de carácter redistributivo, que atienda a las demandas de los sectores populares, establezca una vinculación sin mediaciones del líder con éstos y se oponga a los postulados doctrinarios del conservadurismo y el neoliberalismo. La aplicación de políticas económicas de orientación neokeynesiana y de defensa de los intereses populares y nacionales es deslegitimada con este adjetivo. Se soslaya, sin embargo, que el primer líder “populista” del continente fue Franklin D. Roosvelt que, con las políticas del New Deal, aplicadas a partir de 1933, logró que los Estados Unidos superaran la Gran Depresión ocasionada por la crisis de 1929.
 
Sin pretender profundizar en el análisis de las distintas formas de deslegitimación que, desde el bloque de poder dominante, se aplican a Cristina Fernández de Kirchner y su gestión, es posible verificar la utilización exhaustiva y sistemática del arsenal de dispositivos semánticos descritos. Si, en un principio, se la descalificó por una cuestión de “estilo” (o estética) se avanzó desde las críticas a su vestimenta, maquillaje y peinado hasta su gestualidad, para finalizar en el eufemismo “crispación” como síntesis deslegitimante inapelable. Proveniente del léxico médico-psiquiátrico el término connota insanía mental. No es casual que, desde el marco ideológico del bloque de poder dominante y sus rituales elaborados por el marketing político esencialmente anti-intelectual y despolitizador, la densidad conceptual e ideológica del discurso de CFK y su modo de enunciación apasionado resulten tan perturbadores. Cabe acotar también que los prejuicios y estereotipos machistas y misógenos –a los que son proclives dichos sectores- no están ausentes de estas descalificaciones que, curiosamente, no fueron aplicadas al ex - presidente Néstor Kirchner, cuyo discurso supo ser pródigo en anatemas dirigidos a sus adversarios políticos. 
  
La almagama ideológica que concentra el eufemismo crispación excede a la figura estigmatizada, su estética, “modales” y/o errores, para apuntar al corazón de la política: el nivel conceptual-ideológico. El discurso político cuyo análisis se cancela con el vocablo “crispación” entraña una complejidad que desafía al pensamiento y convoca al debate racional referido a las características de los proyectos políticos en pugna. Debate que, desde la vertiente “populista”, conduce a la toma de conciencia de los derechos sociales del pueblo, su constitución en actor protagónico y el estímulo al ejercicio de esta condición. Y desde la perspectiva conservadora-neoliberal es, precisamente, en esto donde reside el peligro a erradicar y por, ende, la “crispación”.

Todo discurso productor de ciudadanía tiene un nivel pedagógico y cierta complejidad conceptual e intelectual promotora de la reflexión, el debate y la toma de conciencia que no es solo política sino también moral en tanto incita a un compromiso por el destino común de la sociedad y de la Nación. En esta línea se inscriben los discursos de los grandes líderes políticos. Imposible imaginarse a un Mao Tse -Tung, un Perón, un Fidel Castro, un De Gaulle, un Alfonsín, salvando las diferencias ideológicas y espacio-temporales entre ellos, convocando -metáfora mediante- a la “revolución de la alegría”, y desparramando globos y papelitos de colores…

La metáfora “revolución de la alegría”, alude a un estado de euforia festivo, eximido de toda responsabilidad social y política. La fiesta, como hecho extraordinario en las culturas de los distintos pueblos, significa un paréntesis; el espacio liberador de las obligaciones de la vida cotidiana, el momento en el que es permitido el desmoronamiento de las jerarquías sociales y en el que caen las barreras morales –represivas-  que imponen las pautas de conducta socialmente consagradas. El ejemplo clásico es el carnaval.

Entre la utopía de un mundo feliz y la “grieta”


En el discurso de Cambiemos la metáfora alude a la utopía de un nuevo orden en el que la desresponsabilización social, moral y política por el destino colectivo sería una suerte de “tierra prometida” de la felicidad. Esta utopía es congruente con el mito del self made men  popularizado por el cine hollywoodense y aludido por el discurso meritocrático y “emprendedurista” -interesadamente naif- de los dirigentes neoliberales. Cada uno es dueño de su destino y si nos juntamos como individuos despolitizados, desideologizados y desconcientizados podremos festejar y ser felices al estilo de los ricos y famosos ilustrados por la revista “Hola” que suele hojearse en las peluquerías para señoras. La propuesta Cambiemos es lograr un estado de anomia colectiva como requisito de disfrute y felicidad. El ideal es des-ciudadanizar, el fenómeno que algunos autores denominan “pos ciudadanía” como correlato de la “pos verdad”. El éxito consistiría en lograr cuerpos deportivos con mentes en blanco, cual tábulas rasas en las cuales inscribir las nuevas posverdades. Todo lo que exija esfuerzo intelectual, memoria, compromiso sería sinónimo de la tan odiosa “crispación”. Es interesante observar que en estas antinomias planteadas por el neoliberalismo conviven rasgos atávicos de un liberalismo primario con los postulados de la pos modernidad, mientras que el discurso político denso conceptual e ideológicamente del peronismo de la vertiente kirchnerista, correspondería a la modernidad. Estas asincronías dan cuenta de fenómenos socio históricos de fuerte arraigo cultural que no se corresponden con la división de la sociedad en clases, sino que, en gran medida, son transversales a ellas.[3]

La palabra “moderno” aparece como sinónimo de actual en el siglo XVI y es usada para periodizar la historia, a fin de distinguir las épocas antigua y medieval de la contemporánea. Con la acepción de actualización y mejoramiento, los términos “modernizar”, “moderno”, “modernista”, son utilizados en el siglo XVIII, acentuándose el sentido que los vincula a la idea de progreso a partir del siglo XIX (Williams; 1997).

    La distancia ideológica, política, social y cultural entre un liderazgo que, además de “robarse todo”, ejerce la “crispación” –el otro sintetizador de la identidad social negativa- y la “revolución de la alegría” –síntesis de la identidad positiva autoasignada al nosotros dominante- es, así, bautizada con el eufemismo originario del léxico geológico:  “grieta” -transpolado al campo social- de la cual, como es obvio, el otro en su carácter de EII, sería el culpable excluyente.

La dimensión pedagógica de la política –presente en el discurso de los grandes líderes- es intrínsecamente politizadora e historizadora y un pueblo politizado y con conciencia de sus derechos e historia constituye un obstáculo a la desestructructuración de las relaciones e instituciones sociales de la democracia que reclama la hegemonía del mercado sobre la sociedad y el Estado. Objetivos estos que debe lograr el proyecto conservador neoliberal para imponerse, manteniendo las formalidades de la democracia representativa, acompañada de un uso módico de la coerción material o física, ya sea a través de la extorsión, la cooptación y la corruptela. Y llegado el caso mediante los gases lacrimógenos, las balas –de goma y de plomo- la persecución y el encarcelamiento de los opositores y ciudadanos que se movilizan por distintas causas y la censura absoluta sobre los medios de comunicación social. El universo de los EII se amplía a medida que las decisiones políticas del poder corporativo afectan cada vez más los intereses de los sectores medios y populares. Las demandas de los perjudicados y marginados se multiplican con la expropiación de sus derechos, configurando una suerte de hidra de múltiples cabezas que han de ser “cortadas” antes de que crezcan. El disciplinamiento social cierra así el círculo de hierro entre la violencia simbólica ejercida desde el discurso político del poder y la violencia material o física practicada por las “fuerzas del orden” y la exhibición sobreactuada de su parafernalia bélica ejercida de manera impune contra los más débiles.

Estas metáforas,eufemismos , sinécdoques y transmutaciones -que en todos los casos enmascaran mentiras, inexactitudes y decisiones anti populares- distorsionan y vulneran el sentido de la “norma explícita” del lenguaje, por lo que su empleo sistémico en el campo político se considera una perversión o un estado patológico del mismo, que permea la discursividad social en su conjunto. Los efectos de esta patología no han sido suficientemente estudiados, pero ciertamente dañan la salud mental y la cultura de la sociedad, además de erosionar las instituciones democráticas, como señalan varios autores. Todos los dispositivos semánticos utilizados por el discurso de Cambiemos están unificados en una amalgama ideológica [4] que les otorga congruencia y una gran capacidad de penetración. La voluntad des-historizadora se expresa en cada uno de ellos. Se trata de “borrar” la memoria de la historia reciente y de los diversos aspectos de la mas remota que posibilitan estructurar identidades colectivas que conecten con un proyecto político capaz de oponer resistencia a la hegemonía del proyecto conservador neoliberal.

Ante estos fenómenos suele aludirse al “vaciamiento de sentido”, como uno de los habitus de las derechas, trazando un paralelismo con la expropiación de derechos y bienes materiales a las mayorías en beneficio de las elites, que aquellas practican. Pero el vacío de sentido es un imposible, no solo semántico sino también lógico. Se trataría más bien de la expropiación de sentido, que se manifiesta por un extrañamiento con respecto a los significados originales o socialmente consagrados de las palabras, a fin de sustituir unos sentidos por otros que apuntan a distorsionar la interpretación de la realidad socio histórica. Aquí se cumple la acepción clásica –y negativa- de la ideología de Carlos Marx, como visión distorsionada de la realidad, reformulada por diversos autores.

Estos dispositivos semánticos van más allá del hecho puntual de que se trate; su fin último es construir el imaginario funcional a la resignificación permanente de la realidad desde la perspectiva ideológica del poder dominante. Para completar la amalgama, el emisor suele apelar al sentido de autoridad (propia), ya sea de carácter moral, político, social, y/o de conocimiento, confrontándolo al sentido de inferioridad adjudicado al oponente y sus ideas y prácticas. Otra vez la evocación de la histórica dicotomí “civilización”/”barbarie”.

El bloque de poder dominante, no sólo trata de imponer un profundo cambio en las relaciones –“materiales”- de poder social y económico sino también una mutación cultural. La alteración del orden simbólico existente y su sustitución por otro pre fabricado por expertos en marketing, son operaciones intrínsecas a la barbarie del proyecto conservador neoliberal, cuya destructividad despiadada se erige en paradigma de virtud. 

La cosificación del oponente, como estrategia para afirmar la superioridad propia y el intento de borrar la memoria histórica de los pueblos, han demostrado ser instrumentos justificadores de las peores violencias ejercidas contra ciertos grupos designados como EII. Tanto han servido a las masacres de las potencias coloniales con el argumento eufemístico de “llevar las luces de la civilización” a los pueblos sumidos en la “barbarie”, pasando por los genocidios contra armenios, judíos, palestinos, y varios “otros”, hasta al terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar argentina.

Aunque hoy la principal guerra transcurre en el campo simbólico; la lucha por la imposición del sentido, hecho que entraña en sí mismo violencia simbólica, esto no descarta sino, por el contrario, convoca, avala y justifica la violencia física, según demuestra la evidencia histórica. 

Resucitar estos demonios de la historia apelando a la violencia simbólica llama a la sangre. Nunca es una operación inocente. 
(") Lic. en Sociología y Cineasta






[1] (...) “Al pasar de la historia a la naturaleza, el mito efectúa una economía; consigue abolir la complejidad de los actos humanos, les otorga la simplicidad de las esencias, suprime la dialéctica (...) organiza un mundo sin contradicciones, puesto que no tiene profundidad, un mundo desplegado en la evidencia, funda una claridad feliz; las cosas parecen significar por sí mismas”. Roland Barthes, “Mitologías”, Siglo XXI, 1979.

[2] Véase: Laclau, Ernesto; “La razón populista”, FCE, Buenos Aires, 2004.
[3] En términos sociales y políticos, la modernidad, antes que una ruptura es un proceso histórico continuo a partir del cual se opera la instalación, en el imaginario colectivo, de lo social como fundado en sí mismo. Esto supone la percepción de un mundo “desencantado” - no fundado en lo sagrado- cuyo arranque puede ubicarse en el siglo XV. La palabra “moderno” aparece como sinónimo de actual en el siglo XVI y es usada para periodizar la historia, a fin de distinguir las épocas antigua y medieval de la contemporánea. Con la acepción de actualización y mejoramiento, los términos “modernizar”, “moderno”, “modernista”, son utilizados en el siglo XVIII, acentuándose el sentido que los vincula a la idea de progreso a partir del siglo XIX.

[4] Reboul, Olivier; “Lenguaje e ideología”, FCE, México, 1986