sábado, 28 de marzo de 2015

KANT, Punto y a aparte en la historia del pensamiento por Claudio Javier Castelli

(Este artículo lo publiqué hace unos años en el periódico Reflexión Bautista, lo reproduzco aquí).
De honda religiosidad pietista, heredada por su madre, y de enorme tenacidad y regularidad en el trabajo, heredada de su padre Kant es uno de los pensadores más importantes de la historia del pensamiento.

Acaso se piense que la vida de un hombre que no sale jamás de la ciudad en la que nació debe necesariamente transitar los carriles del aburrimiento: no, si uno tiene la cabeza de Kant, no necesita viajar, los viajes más fabulosos los realiza, sin duda, por medio de la inteligencia.
Kant le hace una gran concesión a Hume: todo conocimiento empieza en la experiencia. No buscará las condiciones de posibilidad del conocimiento en el objeto, sino en el sujeto, con lo cual realizará “un giro copernicano”.
Lo importante no es conocer el objeto, sino la facultad de conocer, de aquí que su obra principal sea la “Crítica de la razón pura”.
La Crítica de la razón pura se divide en tres partes a) Estética trascendental; b) Analítica trascendental; c) Dialéctica trascendental. La estética se da en el mundo sensible, la analítica en el entendimiento y la dialéctica en la razón.
La empiria es el punto de partida; la sensibilidad pone en la empiria el espacio y el tiempo que están en el sujeto.
El entendimiento le aplica al objeto ya encuadrado por las intuiciones del espacio y el tiempo, sus categorías de cantidad, cualidad y de relación.
No es necesario salir del sujeto, dado que el sujeto es fundamento del mundo de la experiencia posible; Kant llama mundo nouménico o de la cosa en sí, a aquello de lo que no sabemos nada. Lo no constituido por el sujeto es la cosa en sí, vale decir las realidades metafísicas: Dios, la libertad, la inmortalidad del alma. Es todo aquello que se encuentra fuera de la experiencia.
La vida y el carácter de Kant han sido objeto de numerosos estudios, se ha subrayado su religiosidad pietista, y sobre todo su integridad moral, también se ha subrayado su extraordinaria tenacidad en el trabajo, y la regularidad de sus costumbres. Algunos autores han manifestado que la auténtica Weltanschauung fue de índole ética religiosa, y que su actitud moral determina en gran parte su teoría del conocimiento y su metafísica.
El pensamiento de Kant es en gran medida un “punto y aparte” en la historia de la filosofía moderna; es también una mezcla de pensamiento metafísico, matemático y de la mecánica de Newton. La filosofía sigue siendo para Kant un sistema y no una rapsodia.
El problema fundamental de Kant es dirimir la existencia de los juicios sintéticos a priori, es decir de juicios capaces de decir algo sobre lo real con carácter universal y necesario.
Trascendental en Kant es el nombre de todo conocimiento que no se ocupa tanto de los objetos como del modo de conocerlos, y en que lo dado se constituye como objeto de conocimiento, y el conocimiento como proceso de síntesis.
Como dijimos no se puede probar por medio de la razón teórica especulativa ninguno de los principios de la metafísica: la existencia de Dios (como pretende la teología racional) la naturaleza del mundo en su conjunto (como pretende la cosmología racional) y la inmortalidad del alma (como pretende la Psicología racional).
Kant demuestra el carácter no probatorio del argumento ontológico, ser no es un predicado real sino la posición de una existencia.
En la ética de Kant se encuentra insistencia del carácter sagrado del deber, sometido al imperativo categórico, donde desaparece todo lo contingente, de esa forma parece someterse también la religión al imperativo moral.
Esto es, la religión, según Kant es el reconocimiento de todos nuestros deberes como preceptos divinos, se define como religión revelada cuando muestra los mandamientos divinos, para que se sepa cual es el deber; se define como religión natural, cuando enseña un deber para que, partiendo de aquí, se deduzca un precepto divino. La Iglesia es una sociedad moral que tiene por fin el cumplimiento y la representación más perfecta de los preceptos morales, la congregación de todos aquellos que unen sus esfuerzos para combatir el mal y propagar la moralidad.
En 1795 formula Kant su pensamiento político en su obra “La paz perpetua”. En ella hace saber la posibilidad de asociar a los Estados para proscribir las guerras. El progreso en la historia es el acercamiento a la perfección moral.
Kant es el fundador del cripticismo, el recodo más importante de la filosofía moderna. Es cierto que el empirismo inglés (en Locke particularmente) habíase planteado ya el tema del entendimiento humano, señalándose los alcances de éste para rechazar todo escepticismo, pero no se comprendió el lado positivo de la cuestión, a saber, las posibilidades creadoras de la razón humana, en ciencia y moralidad, en arte y religión, en suma dentro de la cultura entera.
Kant enseña que las perspectivas del conocimiento científico son inagotables como lo ha venido a demostrar la ciencia contemporánea.
El hombre no es sólo un ser pensante como creyó Descartes: es además voluntad y sentimiento.
Con Kant nos damos cuenta que el pensamiento no se limita a comprender los acontecimientos de su tiempo, sino que ejerce efectos inadvertidos por el propio pensador, algo así como un exceso de significados sólo ulteriormente reconocidos y aprovechados por otros.

Fuentes:
* Immanuel Kant, “Crítica de la Razón Pura”, Editorial Porrúa, Mexico 1991, Estudio Introductivo y Análisis de la obra por Francisco Larroyo.
* Immanuel Kant, “La religión dentro de los límites de la mera razón”, Alianza Editorial, Madrid 1995.
* José Ferrater Mora, “Diccionario de Grandes Filósofos”, Alianza Editorial, Madrid 1986.
* Félix Duque, “Historia de la Filosofía Moderna. La era de la Crítica”, Akal, Madrid 1998.

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