miércoles, 22 de abril de 2015

Sobre turbas asesinas de: Rosario, y Charcas y Coronel Díaz, Por Claudio Javier Castelli



(Este artículo lo publiqué en el blog: escaladaperonista.blogspot.com, en Marzo de 2014)

Algún día le pregunté a mi padre ¿para qué servíamos los abogados? Mi padre me dio una respuesta muy sabia, que todavía me resuelve muchos intríngulis: “Cuando veo actuar a los demás me doy cuenta para que servimos los abogados”. Exacto, si no hubiera tantos conflictos individuales, vecinales, colectivos, exabruptos, rompimientos, incumplimientos, además de intereses por proteger, no habría tantos abogados. Y no conozco ninguno que se muera de hambre.
El tema de esta nota, tiene que ver con abogados y más propiamente con el derecho, sobre todo el derecho penal. Todo el sistema del derecho penal puede ser entendido como una formidable estructura para evitar la irracionalidad de la venganza privada.
Hay una larga historia desde la venganza tribal de sangre, donde el castigo al ofensor se extendía contra toda su familia. La Biblia trató de poner un límite legislando sobre el talión “ojo por ojo, diente por diente”, como popularmente se conoce. El cristianismo, ante las venganzas de las turbas, inventó el refugio del infractor en las iglesias, dando lugar a lo que después se conoce como derecho de asilo.
La constitución de 1853 prohibía la pena de muerte por causas políticas, precisamente por las únicas causas que fue utilizada, baste recordar los fusilamientos de la Revolución Libertadora, como los crímenes de la dictadura militar. Hoy, con la constitución del 94, que le da rango constitucional a los Pactos Internacionales, como el de San José de Costa Rica, sería imposible imponer la pena de Muerte, después de un proceso penal.
Estoy seguro que si se le preguntara a la sociedad, en una consulta popular –inadmisible constitucionalmente- sobre su aplicación o no, esta le contestaría en su mayoría que sí.
Estados, admirados por gran parte de la población acomodada del país, como los EE.UU, en muchos estados federales la tienen. Y la aplican de una manera escandalosa, donde desde el Fiscal, hasta los familiares de las víctimas, se regodean detrás de un ventanal, para ver al criminal, en el patíbulo, agonizante.
Curiosamente un país donde los cultos religiosos son extendidos, olvidan uno de los principales mandamientos, dados por Dios a los hombres: “NO MATARAS”(Exodo 20:13).
Frecuentemente quienes propician mano dura para la inseguridad, acusan a quienes piden racionalidad, de que creen que la inseguridad es una sensación, que no escuchan la voz del pueblo.
Los medios de comunicación concentrados, en su salsa, exageran con lujos de detalles los hechos violentos, es que saben que la consigna es “MIEDO Y CONSUMO, MIEDO Y CONSUMO”. Pero además, una persona de clase media asustada, es un fascista en potencia y en acto, proclive a los voraces por comer votos fáciles, que proponen mano dura, para los “negritos de la villa” y mano blanda para el delincuente económico. Mano dura contra quienes conspiran contra nuestro estilo de vida, decía una socióloga hoy en Pag12, faltaría agregarle “Occidental y Cristiano”, como decían los militares, que los subversivos venían a quebrantar. Los padres de los que lincharon y de los que trataron de linchar en Rosario y en Charcas y Coronel Díaz, seguramente decían: “Algo habrán hecho”, para justificar la desaparición de 30.000 ciudadanos entre el 76 y el 83.
Hay un punto en común entre el genocidio y las venganzas privadas recientes, el gusto por la sangre, la masacre, la muerte previa tortura –en Rosario les apagaron cigarrillos prendidos a la víctima-. Víctima que convengamos, había intentado robar una cartera, es decir había infringido el respeto a la propiedad privada.
Lamentablemente, tendríamos que afirmar, que la inseguridad, les guste o no la gente, vino para quedarse, pero hace mucho tiempo, porque Buenos Aires, y el Conurbano son casi 14 millones de habitantes, y eso es un problema común en todas las grandes ciudades, también como Rosario, de casi 1 millón. Con esto no quiero justificar nada, solo señalar un problema raigal, junto con la de grandes bolsones de excluidos, que en gran medida pusieron de moda las políticas neoliberales, desde Martínez de Hoz, pasando por Menem, y a las cuales se pretende regresar, para lanzar más excluidos y esperarlos con policías mano dura después.
La mano dura, es una pena de muerte impuesta indirectamente por la policía en supuestos enfrentamientos. El delito no podría evitarse aunque pongamos un policía en todas las esquinas de todas las ciudades del país.
¿Charcas y Coronel Díaz, a una cuadra del FALANSTERIO DE BARATIJAS, símbolo del consumo desmedido, como son los Shopping Center, es un lugar inseguro? ¿para intentar ajusticiar a un delincuente de poca monta? Tanto que le gusta a la clase media acomodada la división Sarmientina de “Civilización o Barbarie”, poniéndose del lado, por supuesto, como dudarlo, de la Civilización: irrumpe enloquecida para ajusticiar a un delincuente. Tiene un solo nombre BARBARIE, y delito penal, de intento de asesinato con alevosía, y el concurso premeditado de dos o más personas (Art. 80, inc.2 y 6 del Código Penal). Y en Rosario es el mismo tipo penal, pero consumado.
Discutamos todo lo queramos de la seguridad o inseguridad, pero hay un límite infranqueable, que el Estado Argentino, no puede quebrantar: que es la Ley Constitucional y Penal, y sobre todo los DERECHOS HUMANOS, que también vinieron para quedarse.
Cuando veo o leo sobre estas TURBAS ASESINAS, me doy cuenta no solo para lo que servimos los Abogados, sino también para qué sirve el derecho penal: para evitar la venganza privada y racionalizar la justicia punitiva.






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